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Martes , 16.10.2018 / 17:11 Hoy

Sonido & visión

Rusia 2018: duelos francófono

Fernando Cuevas

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El esperado enfrentamiento entre Francia y Bélgica, responsables de darle la despedida a los dos últimos equipos americanos sobrevivientes, terminó resultando parejo y más cerrado en las porterías de lo que se podría suponer, considerando el potencial ofensivo desparramado por la cancha y el talento en los hombre del medio campo ofensivo. Además, los sólidos porteros de ambos equipos confirmaron su jerarquía y evitaron al menos un par de anotaciones cada uno. La destacada organización de las defensivas, la constante aplicación de los jugadores de recuperación y el apoyo que recibieron incluso de los delanteros en fuerte labor de sacrificio, se convirtieron en factores que influyeron para que las redes se movieran solo una vez.

Predominó la táctica sobre la espectacularidad y el cálculo estratégico por encima de la lucidora capacidad de improvisación. En estas instancias, si no se anota pronto, la tensión se va incrementando y el temor a recibir un gol se va imponiendo como un invisible manejador de ánimos que limita la posibilidad del riesgo. En el enfrentamiento entre Ásterix y Tin-Tin, el equilibrio se imponía a los intentos por generar alguna diferencia dentro del campo de aventuras, ahora desarrolladas en San Petersburgo, lejos de los habituales escenarios para ambos personajes representativos de los hoy contendientes.

Primero empezaron los franceses a querer enviar un prematuro mensaje sobre la puerta de Cuortois, vía un acelerón de Mbappé a quien Witsel y Démbéle tenían que perseguir, pero pronto los belgas tomaron la pelota y empezaron a manejarla con cierta dificultad para el asalto del área rival: los galos, como ha sido su costumbre, no parecían demasiado preocupados por no tener la pelota en los pies. La capacidad para el contragolpe de los dos equipos provocaba cierto temor de adelantar demasiado las filas y mientras así se mantuviera el marcador, difícilmente se modificarían los esquemas: un gol rompería la lógica y las estructuras tendrían que ajustarse a las nuevas condiciones impuestas. Pero en la primera parte, las puertas permanecieron cerradas.

Hazard era el que más intentaba la inserción a terreno enemigo utilizando el regate, complementado por las incursiones de Chadli en la otra banda; en tanto, Lukaku sufría con la marca implacable de Varane, jugador clave del partido, y De Bruyne se las veía con Kanté y Matuidi, multiplicándose por todas partes. Fellaini y Pogba tenían su batalla particular, Giroud peleaba al frente y Griezmann aparecía por todas partes, mientras que los belgas mantenían esa línea de tres en el fondo a reserva de cualquier respuesta vertiginosa. Fueron 25 minutos de insistencia belga que produjo un par de aproximaciones, bien resueltas por Lloris, y alguna más en la que Umtiti no pudo despejar.

Los franceses se acordaron de pronto que también tienen talento y empezaron a inclinar la cancha hasta que generaron llegada, sobre todo una de Pavard que resolvió Courtouis. Hacia el final de la primera parte, eran lo belgas quienes esperaban escuchar el silbatazo para poderse reagrupar en el vestidor y retomar la manija del partido, ahora propiedad de los franceses. La segunda mitad, de hecho, empezó con los Diablos Rojos otra vez dictando los cauces del juego aunque sin inquietar demasiado el arco galo. Pero después de una buena jugada defensiva de Kompany tapando una media vuelta de Giroud, Umtiti sorprendió a todo mundo y se adelantó para rematar un tiro de esquina a primer palo y romper el cero apenas a seis minutos del inicio del complemento.

Era el momento para que Bélgica mostrara la adultez para el manejo de la crisis o para que Francia confirmara la pasta de campeón que se le había visto en sus juegos previos. El ingreso de Mertens le dio a los de rojo una alternativa más de ataque por medio de venenosos centros que caían como dardos quemantes dentro del área: ninguno trascendió la amenaza. Los minutos se fueron disipando y conforme avanzaba el reloj se percibía una mayor capacidad de los franceses para controlar el partido que de los belgas para revertir la situación, sobre todo cuando se iban al frente y generaban la sensación de poder anotar el segundo.

La escuadra belga se despide como una gran animadora del torneo: nos regaló momentos exquisitos y dignificó el fútbol con su desempeño y comportamiento en la cancha. Mostró saber jugar con la posesión de la pelota e incluso sin ella, como en el caso de su partido frente a los brasileños. Esta generación vuelve a confirmar que se está trabajando bien desde las fuerzas inferiores y que la multiculturalidad le ha inyectado una valiosa diversidad al equipo. Toca mantener en lo posible el estilo de juego que ha promovido el técnico Roberto Martínez y ver cómo llegan estos brillantes jugadores al 2022, ya como todos unos treintones en su mayoría.

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