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Martes , 11.12.2018 / 12:36 Hoy

Sonido & visión

Rusia 2018, día once: un equilibrio entre la distancia

Fernando Cuevas

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La jornada dominical nos entregó un partido parejo sumamente disfrutable y un par de encuentros con claro vencedor, sobre todo uno de ellos, en los que la diferencia vista en el terreno de juego no se esperaba de tal magnitud, considerando el desempeño de los equipos derrotados en las fases eliminatorias y en torneos recientes donde su participación había resultado notable.

La armada inglesa invade el canal

Cuando menos atención había generado el equipo de la Rosa, resulta que se muestra poderosa, si bien falta verla frente a rivales más complicados. Por su parte y con todo a que sus dos contendientes son fuertes, los panameños han descendido notablemente su nivel de fútbol en relación con lo que mostraron durante las eliminatorias de CONCACAF y en los certámenes recientes de la Copa Oro: ¿pánico escénico? ¿falta de roce internacional? ¿desgaste del entrenador? ¿tipo de juego de belgas e ingleses? Al final, los panameños pueden aprovechar esta fuerte experiencia, cual cruel novatada, para generar una tendencia que los siga llevando a la copa del mundo y cada vez puedan ser más competitivos, como lo hicieron los ticos. En Nizhny Novgorod, los británicos no perdieron tiempo y como buenos profesionales, no tuvieron piedad: usaron sus recursos del juego aéreo e intenso forcejeo en el área para que Stones en dos ocasiones y Kane en tres, vía penales y un rebote extraño en presumible fuera de juego, insertaran la pelota cinco veces entre los dos con Lingard regalando el mejor gol del partido hacia finales de la primera parte. Seis en total producto de una intensa presión complementada con una notoria incapacidad de los centroamericanos para contrarrestar una ofensiva contundente pero en cierto sentido predecible: claro, si sale bien, para qué lo cambias. Baloy le puso la cuota de alegría a la goleada con el primer tanto de los panameños en su historia dentro de las copas del mundo, festejado, eso sí, con el regocijo que el caso ameritaba.

La paridad desde los márgenes

Asiáticos y africanos han elevado su nivel de juego aunque todavía no lo suficiente como para igualar a europeos y sudamericanos. Pero el partido que nos obsequiaron Japón y Senegal ha sido uno de los mejores del torneo, no solo por la paridad observada, sino porque se presentaron momentos gratos de lucidez, ajustes estratégicos de buena intuición y disposición para dejar el resto en el campo: a ratos se extrañaba un mayor talento en la definición, cierto, pero algunas jugadas resultaron asombrosas, como aquella de los nipones que terminó en el travesaño. Reflejando un cierto dominio, abrió el marcador Mané pasados los diez minutos, vía un mal rechace del arquero oriental, aunque después fueron los japoneses quienes merecieron la igualada con buen gol de Inui, dejando abierto el segundo medio. Si bien el empate no resultaba un mal resultado para ninguno de los dos, ambos cuadros salieron en el complemento a seguir buscando la meta rival, sobre todo los japoneses que lograron empujar al frente y mostrar soltura en la zona de peligro. Justo cuando mejor jugaban los del sol naciente, llegó el segundo tanto de los africanos pasado el ’70 vía Wagué, culminando un servicio al área que parecía escaparse. Pero los once samuráis siguieron peleando, sabiendo que habían sido llamados para defender la causa, y encontraron su objetivo pronto vía el recién ingresado y ex tuzo Honda, a servicio del brillante Inui, el mejor jugador del partido. A falta todavía de algunos minutos, se presentía que podría caer algún otro gol pero al final privó la justicia y cada escuadra se lleva un punto en uno de esos juegos que quedarán en la memoria buena de la justa deportiva.

Reponerse a tiempo

Inesperadamente, colombianos y polacos cayeron en su primer partido y ahora enfrentaban una disyuntiva: apostar al empate sabiendo que los otros dos equipos del sector todavía eran alcanzables, o lanzar el resto buscando el triunfo para depender de sí mismos en la última jornada del grupo. Los primeros minutos fueron dominados por los europeos, mostrando fortaleza y verticalidad aunque no demasiada precisión. Poco a poco, los sudamericanos quitaron el drama de Chopin y fueron señalando ritmo con la consabida cadencia de sus jugadores -James, Quintero y Cuadrado- y se apoderaron de la iniciativa, al punto que consiguieron abrir el marcador de una forma impensada: remate por lo alto con la cabeza del gigantón Mina, anticipando la salida del arquero polaco. No supo reaccionar bien la selección polaca, una de las decepciones del Mundial, y lejos de generar sensación de igualar, dejaban más dudas en su funcionamiento. La segunda parte terminó sepultando cualquier aspiración de los centroeuropeos, en particular cuando Falcao concretó un gran servicio de Quintero, recordando estilo e historia. Ya contra las cuerdas, Polonia se lanzaba sin demasiada convicción al frente y Cuadrado, a pase de James, sentenció el partido con el tercero en la frente que ponía a los colombianos como dueños de su destino, en tanto que los polacos tendrán que regresar pronto y casa y tratar de conservar este momento para continuar en los primeros planos europeos.

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