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Sábado , 22.09.2018 / 12:36 Hoy

Sonido & visión

Rusia 2018, día 19: el avance de los favoritos

Fernando Cuevas

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Conforme avanza el torneo se reduce el margen para las sorpresas. En el décimo noveno día mundialista, los dos equipos más fuertes terminaron sacando sendas victorias ante México y Japón, un par de conjuntos que dejaron el resto en la cancha pero no les alcanzó para dar una campanada, si bien los asiáticos estuvieron más cerca de conseguirla. Mientras que Brasil solo tuvo problemas los primeros 25 minutos, Bélgica se vio comprometido a lo largo del partido, requiriendo de todo su poder ofensivo para darle la voltereta al marcador.

Se hace lo que se puede

La frontera entre el realismo y la mediocridad es delgada. La selección de México jugó lo mejor que pudo, sin escatimar esfuerzos y dejando de manifiesto un compromiso con su participación, como sucedió con la ciudadanía un día antes en el terreno de la democracia electoral de nuestro país. Pero Brasil, volviendo al fútbol, es claramente superior, en nombres y estructura de juego. Ahora se confirma que la derrota contra Suecia selló el destino de los verdes: ante la gran oportunidad de quedar primeros en su grupo y así enfrentar evitar a la verdeamarela, el desempeño en el último encuentro de la fase de grupos se quedó muy por debajo de lo mostrado en los anteriores dos partidos. Ahí se firmó la imposibilidad de alcanzar el quinto partido, porque a esta selección carioca no se le iba a ganar prácticamente bajo ningún escenario y la probabilidad de lograrlo era muy reducida.

Osorio planteó el partido con base en esta lógica y mandó a los jugadores a presionar muy arriba y la estrategia funcionó de entrada, pero no cayó el gol que pusiera cierta presión. A partir del minuto 26, el partido fue para los brasileños y la sensación de peligro fue incremental para la meta del asediado Ochoa, otra vez salvando de la goleada a su equipo: la respuesta al frente fue disminuyendo de parte de los nuestros y el medio campo se empezó a extraviar en su intento por alcanzar la pelota, ya con dueño permanente, en tanto a los delanteros ya nos les llegaba el balón y tenían que bajar en su búsqueda, reduciendo la posibilidad del contraataque. Con todo, el primer medio se diluyó con las redes intactas pero con un ambiente flotando en el agobiante calor de que solo era cuestión de tiempo para que los pentacampeones rompieran el cero.

En los inicios de la segunda parte, Willian, convertido en el mejor jugador del partido, desbordó y envió preciso centro raso para que Neymar empujara la pelota al fondo de la portería: el astro brasileño, en efecto víctima de faltas constantes pero generando gran antipatía a su alrededor por su búsqueda constante de un premio Tony al final atentando contra el juego limpio, por momentos parece desentonar con el estilo ancestral de los brasileños, alegre pero no marrullero, bullicioso en lugar de engañabobos. A pesar de algunos ajustes en el once, los norteamericanos no mostraba la fuerza suficiente como para edificar una reacción que inquietara al arco carioca y se veía más cercano el segundo en contra que el empate. Así fue: hacia el final, Firminho sentenció el encuentro. México ni para atrás ni para adelante: 24 años en el mismo nivel. ¿Consistencia o estancamiento? Eso sí, la autocrítica es indispensable.

Se hace lo que se debe

En vibrante partido, sobre todo en la segunda parte, japoneses y belgas se trenzaron en una batalla de ida y vuelta que terminó siendo mucho más equilibrada de lo que podría suponerse, circunstancia que el espectáculo y la tribuna agradecieron. El juego empezó como se esperaba con Bélgica tratando de controlar tiempos y movimientos y Japón poniendo el esfuerzo por delante para neutralizar los posibles ataques, propósito que consiguió la mayor del tiempo sobre todo por la presión ejercida desde la salida misma de los Diablos Rojos. Las oportunidades para los europeos no eran del todo nítidas no obstante la insistencia, en tanto los asiáticos lanzaban de vez en cuando algún aviso como para mantener cierta preocupación en el fondo.

La segunda parte explotó desde el inicio y sus efectos duraron hasta el tiempo de compensación: primero fueron los nipones a través de disparo cruzado de Haraguchi quienes se fueron al frente, desafiando todo presagio. Y aún más: cuatro minutos después, el talentoso Inui tomó la pelota fuera del área y lanzó contundente disparo que venció a la interminable estirada de Courtois para anotar el segundo y llevar el partido a un escenario imposible de predecir. Si los belgas salieron con cierto exceso de confianza, la lección estaba dada: era momento de sacar el talento a tope e intentar salvar la hecatombe y evitar una de las grandes sorpresas de las justas mundialistas en fase de octavos de final.

Empezó entonces a funcionar la maquinaria belga, lejos de sumirse en la desesperación que el caso supondría. Justo antes del minuto 70 apareció Vertonghen con cabezazo en forma de globo para coronar la presión ejercida y reducir la ventaja, dejando la mesa puesta para la recuperación de los europeos, destilando temple para enfrentar este tipo de desafíos, además del reconocido talento que no siempre alcanza en estas instancias. Se advertía que el rumbo del cotejo seguiría modificándose y el ingresado Fellaini rubricó con todo y su espigada estampa clownesca el empate para su equipo. Y para finiquitar la cada vez más anunciada voltereta, los belgas dieron una lección de contragolpe, que se puede volver material didáctico en todas las escuelas de fútbol del mundo, Chadli concretó el tercer tanto cuando el minutero estaba por agotarse. Partidazo.

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