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Miércoles , 14.11.2018 / 03:52 Hoy

Sonido & visión

Rusia 2018, día 14: sorpresas y costumbres

Fernando Cuevas

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Contrastes en la jornada correspondiente a los grupos E y F; mientras que en el primero el trámite marchó según lo esperado, sin mayores sobresaltos y con los favoritos avanzando a la siguiente fase, en el segundo se manifestó la diosa fortuna con designios impredecibles, contrariando al destino y a la lógica habitual

Grupo e: los pies en la tierra

Brasil ha flotado en sus partidos. Domina, gana y no termina por convencer más por la forma que por el fondo, pero en un torneo tan difícil para las potencias pareciera que los sudamericanos apuestan por la solidez, antes que arriesgar con la chispa. Así saltaron a su tercer encuentro frente a unos serbios que todavía aspiraban a colarse en la siguiente ronda por lo que apostaron a tratar de controlar la pelota y poner en el campo fuerza destructora. El primer medio se fue escapando sin demasiadas oportunidades en las porterías y mucho forcejeo en el resto del campo, provocando la lesión de Marcelo. Fue hasta que se comunicó Coutinho con gran servicio al movimiento de Paulinho para que anotara el primero en la recta final del tiempo inicial.

Los primeros veinte minutos de la segunda mitad fueron para los serbios, adelantando líneas y provocando auténtico peligro en el arco carioca, apenas solventado por algún contragolpe que no terminó de cuajar. Cuando se veía que los europeos podrían igualar los cartones, hasta que Neymar le entregó un tiro de esquina con dedicatoria a Thiago Silva para que cabeceara sin misericordia y sentenciara el partido a poco más de 20 minutos para el final. No bajaron los brazos ni detuvieron las piernas los serbios pero no consiguieron revertir el resultado que pudo haberse incrementado a favor de los pentacampeones del mundo, levantando la mano para buscar la sexta.

Después de dos partidos adversos, los costarricenses intentaban cerrar de mejor forma su participación, que ha incluido críticas severas a su desempeño, llegando hasta el absurdo pero peligroso terreno de las amenazas; los helvéticos iban a amarrar su pase a la siguiente ronda para lo que un empate les bastaba y de paso, dejar atrás la polémica por el festejo de sus jugadores de origen armenio. Tras un trámite que favoreció a los centroamericanos con buenas llegadas, los suizos se fueron arriba en el marcador pasada la media hora de partido, a través de una eficaz jugada en el área que incluyó un balón dejado atrás con la cabeza para que llegara el remate fulminante de Džemaili imposible para Navas.

En el complemento, Kendall emparejó el score con sólido remate de cabeza aprovechando un buen centro desde la esquina. Con 35 minutos por jugarse, Costa Rica siguió apostando a dejar el resto en un mundial en el que quizá mereció más suerte; hacia el final, un gol de Drmic producto de una gran descolgada ponía a los suizos al frente, acaso sin merecerlo demasiado. Pero la justicia volvió y los ticos tuvieron el valor de buscar el empate, al fin conseguido en tiro penal que acabó introduciendo el portero Sommer en su propia meta, tras un rebote en el travesaño. Un empate logrado por los habitantes donde hay pura vida que si bien en resultados parece intrascendente, puede servir para mirar hacia el futuro y seguir en esta sana costumbre de participar en el Mundial.

Grupo f: el mundo al revés

Desde el inicio del partido, los suecos se mostraron mejor que los mexicanos, cargando una tempranísima tarjeta amarilla y acusando nerviosismo en el cuadro bajo e inoperancia de media cancha para adelante. Los suecos se convertían en vendaval con todo y sus fingimientos de faltas: la fuerza y la maña que fueron arrinconando a los verdes, apenas reaccionando hacia el final de la primera parte, en la que empezaron a recordar la plasticidad desplegada en sus dos juegos anteriores. El marcador se mantuvo en cero a lo largo de los primeros 45 minutos pero el saldo anímico terminó favoreciendo a los nórdicos, que venían dispuestos al desembarco para apoderarse del liderato del grupo.

Además de las dificultades en el funcionamiento colectivo, las individualidades mexicanas tampoco parecían estar al nivel que se les vio en los anteriores encuentros, mientras que los suecos combinaban orden defensivo con llegada a la puerta contraria, ya empezando a abrirse. Y los goles fueron cayendo en racimos a través de jugadas rotas: Augustinsson (50’) convirtió tras una rebanada; Andreas Granqvist (62’) concretó un penal dudoso (aunque se habían presentado un par de jugadas en el área mexicana que pudieron haberse señalado) y Edson Álvarez (74’), representando el desafortunado partido mexicano, anotó en propia puerta. Tres dardos que adormecieron el partido a pesar de los intentos por descontar, en tanto la tribuna esperaba un milagro pero en el otro partido del grupo. Concedido.

Y el otro encuentro enfrentó a coreanos y alemanes: los asiáticos para arañar una lejana posibilidad para clasificar o al menos despedirse con entereza de la Copa y los europeos para alcanzar su clasificación con un triunfo, acaso intentando despejar las dudas sobre su limitado desempeño en los dos partidos anteriores, perdiendo uno y ganando otro sobre la hora, más por el reconocido carácter que por buen nivel de juego. Los surcoreanos volvieron a presentarse con disposición al sacrifico y dispuestos a pelear con enjundia los minutos que les restaban en el certamen, mientras que los alemanes se apoderaron de la pelota pero sin trascender más allá e incluso permitiendo jugadas de peligro en su área.

La segunda parte, con el nerviosismo en fase incremental insertándose incluso en la frialdad germana, se desarrolló en tónica similar y los cambios empezaron a aparecer como ver si por ahí había respuestas para los campeones. Pero solo prevalecieron las dudas y el tiempo se escurrió sin piedad. Pasados los noventa minutos fueron los coreanos, tras una resistencia de alcance heroico, quienes anotaron por medio de Kim Young-Gwon, validado por el VAR y Son Heung-Min ante un arco desguarecido, como el sentimiento que ahora priva en los alemanes al verse eliminados en fase de grupos como no sucedía desde 1938. Una vez más el campeón vigente termina no solo sin poder refrendar, sino exhibiendo un nivel de juego muy lejano al exhibido durante los años recientes.

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