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Domingo , 15.07.2018 / 22:29 Hoy

Sonido & visión

Queens of the stone age: las reinas del desierto

Fernando Cuevas

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De pronto, el desierto californiano tiene nuevo reinado: los muchachos de Queens of the Stone Age (QOTSA) han demostrado que se puede seguir haciendo rock en estado puro sin caer en la mera repetición o el saqueo de fórmulas probadas. Con fuerte influencia del stoner rock setentero (aquél de energías guitarreras y cierto grado de pesadez), las monarcas de la edad de piedra han esculpido auténticos monolitos de grueso calibre, transitando por todo lo que va del siglo con lujo de poder y creatividad, sacando agua hasta de las piedras más impenetrables.

Derivada de la banda Kyuss, que alcanzó su esplendor a mediados de los noventa, QOTSA se empezó a tomar forma por la iniciativa del guitarrista y cantante Josh Homme, quien integró a Alfredo Hernandez (batería), Nick Oliveri (bajo) y Dave Catching (guitarra/teclados). Después de algunas grabaciones con otros músicos, empezaron a desplegar energía con Queens of the Stone

Age (1998), álbum debut en el que la propuesta quedaba bien orientada, dejando el suficiente margen de maniobra para moverse entre los riffs convencidos y la machacante rítmica, con expansivos solos de presumible y contagiante energía.

Homme seguía muy activo soltando discos a diestra y siniestra en diversos sellos y con variopintos colegas, aunque su trabajo con la banda parecía ser el centro de su atención. Con algunas adiciones como la del gran invitado frecuente Mark Lanegan, y ya sin Hernandez, bien suplido por

Nick Lucero y Gene Troutman, abrieron la nueva era postmilenaria con Rated R (2000), segundo álbum que los catapultó como la banda de rock prototípica en tiempos de confusión y dispersión estilística.

Como si atravesaran estratos de temporalidad rocosa a guitarrazo limpio, los comandados por Joshua Homme demostraban que las intensidades setenteras podían llegar al nuevo siglo con la fuerza intacta, sobre todo si le agregaba un indudable talento para la melodía, guiada por una constante inserción de coros y contundente base rítmica. Un disco en el que demuestran que pueden pasar de una fiereza primitiva a una sensibilidad casi acústica sin perder su centro: apto y necesario para todo público que no se trague la reduccionista idea de que el rock murió en lossesentas.

Con inserciones de programas radiales –alguna en español- y ciertos apuntes más cercanos al metal de vocales guturales, entre pasajes entrecortados de premisa más hardrockera, Songs for the Deaf (2002) mantuvo la energía y la precisión, con Dave Grohl como participante de lujo, como para demostrar que este reinado no era un asunto coyuntural, sino un poderoso proyecto a largo plazo con canciones que podían alcanzar todas las orejas, incluyendo las que parecían no funcionar del todo bien.

Con la alineación integrada por Homme, Joey Castillo, Alain Johannes, Van Leeuwan, el permanente Lanegan y sin la presencia del viejo cómplice Oliveri, grabaron el lustrosamente granítico de tonalidades oscuras Lullabies to Paralyze (2005), consistente obra de continuidad y apertura estilística seguida de Over the Years and Through the Woods (2005), paquete de CD y DVD (como varios de los discos del grupo) integrado por canciones de la gira e imágenes capturadas.

LA ERA DE (ROMPER) EL HIELO

Era Vulgaris (2007), en tanto, buscaría nuevos territorios con la bienvenida contribución de Julian Casablancas de The Strokes, quien cayó como anillo al dedo en el contexto musical del ahora trío, estirando las notas hacia esquemas de plasticidad guitarrera que se abre paso entre instrumentaciones tupidas de salvaje follaje. Vendría después una etapa para continuar con diversos proyectos paralelos que parecían ocupar demasiados años, más de los que quisieran los incondicionales seguidores de QOTSA.

La espera valió la pena y el silencio se rompió de manera brillante con ...Like Clockwork (2013), uno de los álbumes del año que incluyó a distinguidos invitados, como los habituales Grohl y Lanegan y gente tan diversa como Trent Reznor, Jake Shears y Elton John; el regreso de Nick Oliveri también pareció infundir al disco de un espíritu particular, con elusivas melodías y una integración instrumental que en efecto parece un fino y poderoso mecanismo de relojería.

Ahora estas reinas de la era de piedra andan girando por nuestro país, como para recordarnos que el rock no tiene la culpa sino, al contrario, se convierte en un espacio de expresión en pleno proceso de ebullición, como si permaneciéramos en un cambio permanente de era.

cinematices.wordpress.com

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