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Sábado , 20.10.2018 / 17:39 Hoy

Los discos del 2017 (V)

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Seguimos atentos a los álbumes que giraron durante el año anterior.

Grupos mixtos

Christine McVie y Lindsey Buchingham, fuera de los contornos nominales de Fleetwood Mac aunque con su evidente impronta y varios de los miembros participando junto con el famoso productor, compositor y tecladista Mitchell Froom, grabaron el homónimo y refrescante Lindsey Buchingham Christine McVie. En su séptimo disco titulado Silver Eye, el dueto Goldfrapp juega con los contrastes de la electrónica y el pop, así como con los tonos íntimos y la orquestación a medianoche, poniendo el ojo en la bala. Con esa saludable mezcla de punk-pop y lances roqueros ya bien asumidos, Paramore grabó After Laughter, ahora con un enfoque lúdico como quien sabe reírse de sí mismo.

I See You despertó temprano en el año y The xx mostró su gran sensibilidad para la interacción vocal y la composición detenida, como lo hicieron Courtney Barnett & Kurt Ville en Lotta Sea Lice, compartiendo canciones en feliz comunión a medio camino entre sus lances roqueros y la iconografía de cantautores sentados en bancos con sendas guitarras entrecruzadas. Alvvays continuó con su contrastante pop de logradas estructuras en Antisocialites, su segundo álbum que los mantiene como promesa en trance de realidad, a pesar de su engañoso ostracismo.

Desde Brooklyn, el cuarteto folkrock comandado por Adrianne Lenker y conocido como Big Thief, entregó el redondo Capacity, confirmatorio opus dos inundado por la fragilidad como condición humana, apenas sosteniéndose con esas generosas guitarras; en tanto Wolf Alice, comandados por las vocalizaciones privilegiadas de Ellie Rowsell, abrió panorama con el indiepop de cuidado retoque que habita en Visions of Life. Oh Sees sigue en plan prolífico e intenso con Orc, décimo noveno disco en poco tiempo combinando con gracia el rock vitaminado y cierta sicodelia de garage, sin perder filo a pesar de la continuidad de sus grabaciones.

Cantautores y solitarios

Con profunda tristeza por la muerte de su esposa, Mount Eerie grabó el pausado y por completo conmovedor A Crow Looked at Me, acaso el disco más conmovedor del año. Mac DeMarco siguió en plan reflexivo con This Old Dog, tercer disco que lo confirma como un propositivo cantautor y el oriundo de Kansas aunque influido por Nueva York Kevin Morby, produjo el cauto y ligeramente distorsionado City Music, su cuarto álbum salpicado de nostalgia urbana atravesando cierta efusividad. Justin Townes Earle sigue la tradición familiar y musical en Kids in the Street, country vitaminado con notas de R&B e irresistible rockabilly.

Craig Finn y su poética afilada se hicieron presentes en We All Want the Same Things, entre sentidas recitaciones insertadas en la acostumbrada instrumentación tan austera como emotiva, en tanto el miembro de SteelDrivers Chris Stapleton, tomando la estafeta del country con todas las de la ley, se confirmó como heredero legítimo en From a Room: Volume 1 y Volume 2, contundente doblete en toda la tradición que se respira desde Nashville hacia resto de los Estados Unidos, también retomada en Rocket, obra del prolífico (Sandy) Alex G que se entierra pronto en las raíces para tomar buen impulso.

Pangs del alemán Alasdair Roberts lo confirma como uno de los folkloristas esenciales del nuevo milenio y el instrumentalmente nutritivo Life Will See You Now, cuarto disco del sueco Jens Lekman, recorriendo pasajes cotidianos en los que los asuntos de la fe y las creencias se aparecen en tonos lúdicos. The Nashville Sound es la brillante contribución de Jason Isbell And The 400 Unit a la gran cultura musical emergida de esa cuna citadina y Ryan Adams vuelve al camino propio en Prisoner, incorporando su propia ruptura matrimonial pero levantando la cabeza para escapar del encierro. What in the Natural World representó la segunda entrega del tradicionalista Jake Xerxes Fussell, continuando su recorrido por los caminos del sur entre el folk y el blues de raíces hondas.

No Shape encuentra a Perfume Genius en plan más bombástico sin perder la reconocible delicadeza Y Father John Misty propuso formas de ver la vida en Pure Comedy, entre un pop de alcance orquestal y ciertos aditamentos folkies. En el austero pero poderoso Beast Epic, el proyecto de Sam Beam conocido como Iron & Wine, recurre al bordado a mano, se despoja de artilugios y pone su guitarra acústica al frente. En plan trovador con buena compañía, Conor Oberst consiguió imprimir sentimiento y robustez a la par en el redondo Salutations, impecablemente armonizado y el ex American Music Club Mark Eitzel se muestra en buena forma literaria y compositiva en el resolutivo Hey Mr Ferryman, buscando respuestas y esperando no encontrarlas.

Rimando, zapateando y aplaudiendo

Con DAMN., Kendrick Lamar no baja la guardia tras sus grandes discos anteriores y se confirma, con sus afiladas letras sobre las relacione sociales, como la figura actual más importante del Hip-Hop, ámbito en el que Vince Staples ha cobrado también enorme relevancia, como se deja escuchar en el hiperbólico Big Fish Theory, disco esencial del género durante los años recientes ahora sumando la estética del footwork. Dizzee Rascal volvió a sus orígenes grime con sólidas rimas en Raskit, después de andar en los reflectores de los duetos.

Hip Hop desde Atlanta, muy a tono con la lograda serie televisiva. Gucci Mane entregó Mr. Davis, encontrando el beat justo para crear atmósferas llenas de libertad; el trío Migos, en tanto, generó cadencias justas y producción excelsa en CULTURE, su segundo álbum en el que recorren una realidad pasada por armas y drogas, aunque donde todavía se puede esbozar una sonrisa maliciosa. De esta misma ciudad, 2 Chainz produjo Pretty Girls Like Trap Music, encontrando sus mejores momentos en una rítmica parsimonia para dejar el mensaje claro y el ecléctico Beautiful Thugger Girls fue la contribución de Young Thug, rapeando peripecias juveniles con una buena lista de invitados.

La asociación conocida como Run the Jewels, integrada por los ya muy bien integrados El-P y Killer Mike, dejó su tercer capítulo impreso en el macizo Run the Jewels 3, al nivel de sus predecesores, y apareció también el álbum 4:44 del afamado Jay-Z, sonando reflexivo y vinculado con la obra realizada por Beyoncé el año pasado. En su lucidora cuarta entrega, Flower Boy (también llamada Scum Fuck Flower Boy), el angelino Tyler, The Creator se pone melódico y con rítmica cálida nos pasea por un mundo colorido de abejas imposibles que buscan su flor.

El rocoso Godfather del influyente productor Wiley, integró elementos propios de la electrónica con propuestas imposibles de rechazar. En el confesional Drunk, el bajista Stephen Bruner acá nombrado Thundercat, combina la efervescencia del funk con la sensibilidad del soul para soltar dos o tres verdades, como cuando uno se vuelve libro abierto y del grupo The Internet, Syd se lanzó al planeta de las solistas con el cercano Fin, realizado a partir de un R&B actualizado, en contraste con el delicioso tono retro de Curtis Harding que nos pone mirando al sol con Face Your Fear, segundo disco de sorprendente madurez.

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