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Sábado , 23.06.2018 / 23:01 Hoy

Los discos del 2017 (II): feminismos diversos

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Segunda entrega todavía escuchando los discos realizados por mujeres, con toda la fiereza, brillantez y sensibilidad del caso.

Invasiones a utopía

Porque el futuro es para siempre, Björk nos anuncia, con el invaluable soporte del colega Arca, la posibilidad de imaginar un mundo informatizado pero profundamente real en Utopia, lugar donde las cuerdas, los alientos, las aves nacientes y formas extrañamente bellas y coloridas te envuelven en melodías inciertas. En su décima quinta obra y tras 25 años en el camino, Tori Amos refuerza su inspiración compositiva a partir de esa dualidad expresada en el título mismo: Native Invader es político e íntimo, efusivo y reflexivo, enérgico y frágil.

La ex Yazoo Alison Moyet regresó tras cuatro años de silencio con Other, conservando el synthpop ochentero pero actualizándolo a los tiempos que corren, todavía con el reconocible poder en la vocal que retumbaba en nuestras orejas juveniles. Y la ex 'Til Tuesday Aime Mann confirma su estatus de cantautora llena de recursos estilísticos y agudo sentido melódico con Mental Illness, buscando dejar de ser el paciente cero y encontrar cierta cordura, de preferencia en pequeñas dosis para no perder el encanto.

Exploradoras

A 35 años de su debut, la californiana de cuatro octavos de rango Diamanda Galás, sigue alterándonos con sus vocalizaciones en All the Way, integrado por versiones de reconocidas piezas del jazz, folk y pop que aquí adquieren dimensiones inquietantes; además, produjo el mortuorio At Saint Thomas the Apostle Harlem, incluyendo poemas de Pavese y Freiligrath, junto a reformulaciones inesperadas.

La china asentada en Berlín Pan Diajin, grabó el arriesgadísimo Lack, entre un tecno intenso y lamentos angustiosos, también escuchados en Contact, tercer álbum de Pharmakon (Margaret Chardle), la radical artista neoyorkina interesada en la naturaleza de la carne, ahora insertando drones amenazantes frente gritos que buscan liberación somática.

En Halo, la argentina Juana Molina propone un conjunto de lúdicos hechizos y conjuros con sabor latinoamericano insertado en un actualizado folk universal, si ello es posible, del que es difícil salir indemne. Hand In Hand es el sexto disco de la parisina Félicia Atkinson, propensa al desarrollo de arte visual, en el que encuentra inspiración para sus letras en los escritores Philip K. Dick y J. G. Ballard, recitadas sobre una electrónica cauta y minimal. La mitad carnal de The Knife, la sueca Karin Dreijer, vuelve con su proyecto solista Fever Ray tras ocho años y nos trae el ligeramente más luminoso Plunge, con ese peculiar e inteligente uso de los recursos electrónicos para crear atmósferas engañosamente plácidas.

Laurel Halo regresa a la interacción entre vocalizaciones entrecortadas y beats interruptores en Dust, enlazando participaciones de algún sax tenor, el vibráfono y hasta el chelo cortesía de Julia Holter, bien envueltos por un aliento percusivo. Kaitlyn Aurelia Smith se vuelve mujer orquesta y despliega una electrónica sideral del ciclo de vida con toques orquestales y mundos posibles en The Kid, como para reconocer esa infancia que permanece hasta la vejez, en tanto Karen Gwyer gusta de provocarnos desconcierto con sus bytes de Rembo: no sabemos si salir a la pista o regresarnos disimuladamente a la escucha personal.

Debuts

La galesa Kelly Lee Owens despliega una delicadeza espectral en lógica downtempo con tintes de dream pop en el ídem Kelly Lee Owens, debut de completo enfoque personal. Bedouine es el proyecto de Azniv Korkejian, nacida en Siria, crecida en Arabia Saudita y asentada en Los

Ángeles, donde preparó su homónimo Bedouine, cargado de sincretismo cultural anclado en un folk que derriba fronteras entre oriente y occidente; se presentó también The Big Moon, cuarteto londinense que nos lleva al rock de finales del siglo XX a través de un encendido viaje en Love in the 4th Dimension. en clave de sentido folkrock, la angelina Phoebe Bridges nos obsequió Strangers in the Alps, mostrando diversas referencias para ir encontrando su sitio en la aglomerada escena musical del género.

Tres felices y prometedores tríos: formado en Londres, de Girl Ray fue una de las revelaciones del año con Earl Gray, imbricando con soltura espíritu indie, folk y un dejo de sicodelia apenas perceptible; por su parte, MUNA aprovecha con habilidad los vericuetos efusivos y afectivos del pop que se reconoce pronto en About U, para acompañar el desenfado y L. A. Witch, derrochando feminidad expresada sin demasiados filtros, se presentó en sociedad rockeando sin complejos y recordando por momentos el dark noventero con el homónimo L. A. Witch. La oriunda de Alabama Allison Crutchfield, gemela de la bien conocida Katie (a. k. a. Waxahatchee), se presenta de manera solista con Tourist in This Town, indiepop que mira a un difícil pasado por encima del hombro.

Un trío de discos en el terreno de las música negras: SZA incursionó con seguridad en los terrenos del soul postmilenario a través de CTRL, esperada primera entrega después de algunos atractivos escarceos, en tanto Kelela en efecto nos llevó a otro sitio del R&B contemporáneo con Take Me Apart, obra confeccionada con el detalle que exige su sensual orientación. Para complementar el triángulo, Kehlani definió su propuesta desde el título mismo de su disco: SweetSexySavage. La camerunesa llegada a Nueva York Laetita Tamko, apenas a mitades de la veintena de años, firmó con el nombre de Vagabon el emotivo y revulsivo Infinite Worlds, dándole la vuelta al mundo en 8 canciones y Karima Walter apuesta por la sutileza folk casi vaporosa de guitarras efímeras en Hands In Our Names.

Opus 2

En The Order of Time, su consolidada segunda obra, Valerie June acentúa los acentos bluseros a su entramado folk de letrística sureña, instalándose en la memoria gracias a canciones con las raíces bien puestas. A la libanesa Yasmine Hamdam la vimos en Solo los amantes sobreviven de Jarmusch, y ahora entrega Al Jamilat, buceando en la belleza más allá de las fronteras, como las gemelas francocubanas conocidas como Ibeyi, entregando Ash con el claro mensaje del poder femenino, incorporando invitados de peso jazzero como Kamashi Washington. La rapera de Carolina del Norte conocida como Rapsody produjo Laila's Wisdom con una nutrida cantidad de invitados notables que transitan por las rimas y sonidos de ecléctica manufactura.

De Nueva Zelanda: Lorde, que bien podría habitar la Tierra Media de Tolkien, entregó el brillante Melodrama, una joya pop que recorre sentimientos femeninos de juventudes a punto de transformarse en una extraviada adultez: la vida es un drama que se puede componer. De aquellas mismas y lejanas tierras, Aldous Harding nos invita con voz intrincada a movernos entre un ambiente dark pero de libro abierto en Party, título cargado de ironía, y Nadia Reid nos regaló el reflexivo Preservation, discurriendo entre un folkpop con indicativas letras sobre el mantenimiento y la búsqueda.

Julien Baker, navegando entre el indie pop y la canción de autora, grabó Turn Out the Lights, sin necesidad de intermediarios, mientras que Julie Byrne continuó aventurándose por la melancolía en Not Even Happiness, enclavado en un folk-pop de calladas posturas. Por su parte, Angaleena Presley abre las compuertas del country para darle entrada a modernidades que lo nutren en Wrangled, eso sí, buscando la continuidad del género con mente abierta sin perder esencia, como lo hace Margo Price, tomando la estafeta country con espíritu actualizador y dándose tiempo para la perspectiva de crítica social en All American Made.

Jerrilyn Patton, conocida como Jlin, nos vuelve a colocar en esa posición selvática donde es imposible dejar quietos los pies con Black Origami, uno de los grandes álbumes del año aderezado por ese elefante que en cualquier momento va a cobrar vida para soltar su barritada convocante a integrarnos a la tribu. Melina Duterte, conocida como Jay Som, entregó el integrativo Everybody Works, que recorre con soltura el dream pop, mientras que Japanese Breakfast, empresa de Michelle Zauner, amplió el radar con un consistente y vivificador indie de sensibilidades al filo de la mañana con Soft Sounds From Another Planet.


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