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Lunes , 20.08.2018 / 16:34 Hoy

Sonido & visión

La final esperada…

Fernando Cuevas

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Excepto por quienes somos aficionados de los Diablos Rojos y que nos hubiera gustado tener la final en nuestro estadio remodelado, cual regalo por el centenario; también por quienes le van a los Xolos, por supuesto, y los declarados enemigos íntimos de los finalistas, en cuya defensa habría que decir que las Chivas es uno de los dos o tres equipos que están produciendo jugadores mexicanos (a pesar de su insufrible directiva), mientras que los Tigres llevan desplegando el mejor fútbol de nuestro país durante los dos o tres últimos años, aunque sin contribuir mayor cosa en la generación de futbolistas locales.

Los partidos de vuelta de las semifinales resultaron contrastantes en cuanto a su intensidad dramática: mientras que uno se definió media hora antes de terminar o incluso desde antes, el otro mantuvo la posibilidad para cualquiera de los dos cuadros hasta el silbatazo final, si bien no se percibió el agobio esperado por parte del conjunto que necesitaba el gol. Los marcadores fueron idénticos en los dos partidos de cada serie y el trámite no fue del todo distinto, como si se tratara de un juego de espejos.

Sin resultar particularmente bien jugados con algunos destellos individuales y momentos tácticos funcionales, los duelos terminaron inclinándose hacia los favoritos, quienes, finalmente, alcanzaron mayores merecimientos para llegar al encuentro definitivo. Mostraron una mayor disposición hacia el triunfo. Verdad de Perogrullo: los equipos que buscaron más el triunfo fueron los que lo obtuvieron. No siempre sucede así, como bien sabemos. Las Chivas lograron por fin llegar a una final con todo y su cúmulo de lesiones; lástima que enfrentan a un rival que luce superior y que supo empezar a jugar bien en el momento justo, después de un decepcionante inicio de torneo.

AVANZAR EMPATANDO

El conjunto tapatío buscó al inicio controlar la pelota, apostar por su dinámica y lanzarse a buscar la puerta del cancerbero Talavera. La media cancha de los mexiquenses se veía dislocada y si bien generaron una que otra llegada, no parecían contar con la mejor estrategia posible. Tras un disparo al travesaño, los de casa se fueron al frente en pelota parada cobrada por Calderón: tiro centro de esos que parecen no llevar nada y cargan con la confusión para incrustarse por el primer palo del arco. La visita se veía forzada a anotar ahora dos goles si quería seguir celebrando su centenario. El primer tiempo se diluyó sin mayores contratiempos, salvo un cambio forzado que provocó el llanto del veterano Salcedo.

Al inicio de la segunda parte, con algunos ajustes en su once y una postura un poco más incisiva, el Diablo logró emparejar el marcador vía Uribe tras aprovechar fallo defensivo: la mesa estaba servida para que los visitantes se lanzaran con todo a buscar el segundo, sobre todo considerando que no importaba mucho que les anotaran otro tanto. Si bien se arriesgó un poco más, quedó la sensación de que no fue suficiente, en particular durante los diez o quince minutos finales. El Guadalajara supo cuidar el empate, no obstante algún cambio desperdiciado, y mantener cierta inquietud al frente bajo el comando del ex tuzo Pizarro, aunque padeciendo su característica ineficacia en el último toque.

Entre la algarabía chiva vale la pena enfatizar la despedida de Sinha, uno de esos futbolistas que elevan a este deporte a la categoría de arte y que jugó sus últimos minutos enfundado de diablo, equipo en el que pasó sus mejores años. No solo es histórico del Toluca, sino del fútbol mexicano, constituyéndose como un profesional que llegó a nuestro país a entregar su cadencioso talento, no nada más a sobrellevar los partidos mientras surgía alguna mejor opción. Nacido brasileño y naturalizado mexicano, Antônio Naelson Matias fue un maestro en la construcción y tejido fino del juego: ahí quedan sus múltiples estampas y pinceladas sobre el lienzo verde del Nemesio Díez.

AVANZAR GANANDO

Los Xolos se soltaron de la correa que les impuso la estrategia en el primer partido de la serie y se lanzaron con todo al frente: cerca estuvieron de lograr anotar y poner el partido en la lógica del alarido. Pero pronto los Tigres empezaron a ponerle hielo al asunto, exhibiendo su conocida faceta de apagafuegos, orquestada por un Pizarro que parecía clonarse. La continuidad de llegada del conjunto local iba disminuyendo, si bien mantenían la posibilidad latente y la posesión de la pelota. Fueron mejores en la primera mitad pero no consiguieron convertir la superioridad cualitativa en evidencia cuantitativa.

El inicio del segundo tiempo trajo prácticamente la definición de la serie con la expulsión del capitán tijuanense. El sombrío panorama terminó de oscurecerse con la anotación de los Tigres al minuto 64. Taconazo de Gignac, rebote favorecedor para la causa de Aquino que conduce en postura de vértigo y resuelve con disparo al ángulo, dándoles así rumbo definitivo a una eliminatoria que acaso ya lo tenía. No obstante, los Xolos siguieron peleando con el orgullo intacto hasta que al final Damm anotó el segundo tanto para sellar un enfrentamiento que, visto en retrospectiva, siempre favoreció a los neoleoneses.

cinematices.wordpress.com
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