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Sábado , 15.12.2018 / 15:41 Hoy

Sonido & visión

Festival mega-prog

Fernando Cuevas

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La celebración de este festival es una buena noticia para quienes crecimos con las orejas puestas en el rock progresivo que, a pesar de géneros y especies, sigue siendo un referente entre nostálgico y reivindicador: se resiste a morir y ha sabido disfrazarse o mutar en formas diversas con el contacto de otro tipo de propuestas. Aquí el recorrido por dos bandas clásicas.

Buscando enfoque

Primero fueron un trío, integrado por Thijs van Leer, tecladista, flautista, vocalista desfachatado y lo que se ofreciera; el bajista de contundencia a prueba de progresiones Martin Dresden y el baterista Hans Cleuver, igual soportando solos que buenas compañías. Corría 1969 en Ámsterdam. Antes de salir a la luz, se les unió el inquieto guitarrista Jan Akkerman. Se instalaron en la creciente ola que impulsaban grupos formados previamente (Jethro Tull, The Moody Blues, Procol Harum, Pink Floyd, Soft Machine y The Nice, entre otros) y reforzada por colegas surgidos más o menos al mismo tiempo como King Crimson, Yes, Emerson, Lake & Palmer (ELP), Gentle Giant y Caravan, entre otros, cada uno con sus respectivos matices salpicados de música clásica, jazz, blues o sicodelia espacial.

Debutaron con In and Out of Focus (1970) en tono pastoral regado por un folk que por momentos se encontraba con apuntes jazzeros, evidenciado sobre todo en House of King, con clara influencia de Jethro Tull y en Anonymus. Con el baterista Pierre Van der Linden y el bajista Cyril Havermanns entrando al quite, grabaron el versátil Moving Waves (1971), con la representativa Hocus Pocus como estandarte, transitando entre una guitarra roquera, locuaces vocalizaciones en conversación hilarante con un desquiciado acordeón y una base rítmica cobrando vida propia; además proponen cortes episódicos con largos pasajes, en conjunción con piezas de duración habitual envueltas en una sensible armonía.

Con Bert Ruiter haciéndose cargo del bajo, la consolidación se vislumbraría en Focus III (1972), confeccionado a partir de una mayor sutileza como se despliega en Sylvia, una de sus canciones más emotiva orientación, en la brumosa y transformativa composición y en las canciones expansivas que abren espacios para las acrobacias estilísticas propias del género. Después del directo Focus at the Rainbow (1973), apareció Hamburger Concert (1974), grabado en estudio a pesar del nombre y en el que ya la guitarra de Akkerman era toda una marca reconocida. Con cierta infección funky, produjeron Mother Focus (1975), al que le siguió Ship of Memories (1976), integrado por canciones que no habían sido grabadas; tras la salida del virtuoso guitarrista Akkerman y con la presencia de Philip Catherine, entregaron Focus con Proby (1978), a manera de intento por reacomodarse como grupo pero que marcó el final de una etapa.

Tras alguna reunión para un programa televisivo y una presentación, Van Leer volvió a integrar Focus con nuevo personal para grabar el revitalizador Focus 8 (2002), al que le siguió después de algunos discos en vivo de hoy y de ayer, el extensivo Focus 9 / New Skin (2006) ahora con el viejo cómplice Van der Linden regresando a los baquetazos para regalarnos casi una hora y cuarto de nuevas composiciones, como si el tiempo se detuviera en las largas y laberínticas estructuras musicales. El asunto no pararía ahí: produjeron el también consistente Focus X (2012); Focus 8.5 / Beyond the Horizon (2016), con la participación de músicos brasileños mientras andaban de gira en Sudamérica en el 2005, y The Focus Family Album (2017), recuperando piezas no incluidas antes en las que se confirma el enfoque de las atmósferas progresivas.

Dejando huella

La progresión también llegó a Italia y acaso sus tres principales representantes fueron Premiata Forneria Marconi, Banco del Mutuo Soccorso y Le Orme, grupo formado en Venecia en 1966 que tras algunos sencillos debutó con el largo Ad gloriam (1969), de orientación pop-sicodélica todavía buscando el sello propio, realizado por el vocalista y multiinstrumentista Aldo Tagliapietra, el guitarrista y cantante Nino Smeraldi, el bajista Claudio Galieti (que dejaría la banda), el baterista Michi dei Rossi (quien ha seguido todo el trayecto) y el tecladista Toni Pagliuca. En similar tesitura produjeron L’aurora delle Orme (1970) y con Collage (1971) dieron el salto definitivo a los ambientes del rock progresivo, sobre todo a partir de esos arreglos cercanos al clasicismo con los consecuentes cambios de ritmo.

Llegó entonces la época más reconocida del grupo retomando con destreza e italianizando con soltura a grupos como ELP y Genesis: discos como el intrincado Uomo di pezza (1972); Felona e Sorona (1973), todo un clásico del género; In Concerto (1974), grabado en Roma, y Contrappunti (1974), ya con pleno dominio de las formas del género, cimentaron la reputación de la banda dentro del universo de los progres (los de antes). Entre cambios de alineación y con un enfoque más pop, grabaron Smogmagica (1975), continuando sus exploraciones sonoras con mayor solidez en Verità nascoste (1976) y Storia o leggenda (1977), no obstante los feligreses podrían mostrar cierto desconcierto por la incorporación de elementos roqueros y sicodélicos.

Continuaron en un tono acústico vía Florian (1979), en tanto Piccola rapsodia dell’ape (1980), jugaba con los reconocidos colores progresivos y la propuesta estética de su predecesor y Venerdì (1982) señalaba el final de una etapa. Como trío integrado por Tagliapietra, Pagliuca y Dei Rossi volvieron a las andadas para firmar el homónimo Orme (1990), como para reconfirmar identidad; regresaron con Michele Bon en lugar de Pagliuca para mostrar convicción y creatividad vía Il fiume (1996), Elementi (2001) y L’infinito (2004), trío de obras en las que acaso se desenvolvían sin la necesidad de mostrar nada. La via della seta (2011), ya Tagliapietra pero otra vez con el apoyo de Gian Piero Reverberi, otro nombre de referencia de la música italiana, se centró de nuevo en las lógicas arquitectónicas del progresivo y su huella indeleble.

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