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Miércoles , 18.07.2018 / 17:34 Hoy

Sonido & visión

Eurocopa 2016 (XVIII): Final Latina de Segunda Generación

Fernando Cuevas

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El anfitrión empezó y terminó el campeonato, como se supone que debiera ser para los franceses, quienes han logrado superar dificultades que hicieron crisis en el 2010; en retrospectiva y si bien parecen necesarios ajustes en la forma de juego y en el planteamiento, han regresado a los primeros planos, como lo estuvieron en tiempos de Platini y después de Zidane. A pesar de estar en la llave más complicada, merecieron llegar a la final en particular por el sufrido triunfo frente a los alemanes. Por su parte, los portugueses fueron avanzando con base en la paridad de fuerzas, si bien en la semifinal ya lograron ganar en los noventa minutos.

Y al principio fue el miedo a la derrota. Francia se lanzó incluso antes de que Portugal sacara la pelota del centro del campo. Había ansiedad y nervio, presión por resolver rápido el cotejo y entregarle a toda su gente un título. Dominaron buena parte de la primera mitad pero no con la continuidad de llegada que el caso ameritaba. Griezmann colocó un remate de cabeza al vuelo que el portero RuiPatrício alcanzó a desviar de una manera tal que empezó a establecerse como jugador clave del equipo, cuidando el arco entre la solvencia y la sobriedad.

Pasados los veinte minutos, Cristiano ya no pudo continuar a pesar de intentarlo un par de veces tras el choque con Payet. Lágrimas de quien a pesar de vivir en una especie de operación triunfo constante, siente la camiseta de su selección y sabe que quizá ésta era la última oportunidad para ganar un certamen de esta magnitud vistiéndola. Pérdida para los portugueses en primera instancia, pero también para los propios franceses y, por ende, para la final del fútbol, que en efecto no terminó por cubrir las expectativas generadas, sobre todo por el funcionamiento del cuadro galo y las respuestas desde el banquillo.

El ingreso de Quaresma no modificó en mayor medida el funcionamiento del equipo, sólido y multitudinario en la media cancha, y los minutos siguieron escurriéndose sin que el local mostrara certidumbre y ambición suficientes para modificar el curso de los acontecimientos. Ante el desconcierto, Sissoko intentó varias embestidas que terminaron en avisos y los laterales buscaban ampliar la cancha, mientras que Pogba se mantenía demasiado atrasado, quizá más por el planteamiento táctico que por convicción propia, y Payet apenas conseguía dibujar algunos trazos en un partido que le pesaba cada vez más.

CUANDO EL PARTIDO SIGUE SIN RESOLVERSE

En la segunda parte se advirtió un discreto avance en las líneas de Portugal que al menos ya logró generar una de peligro cortesía de Nani, uno de los mejores del encuentro, con un espectacular contrarremate de João Marioque logró detener Lloris. Del otro lado del campo, los centrales Pepe y Fonte se asentaban cada vez más en el territorio, a pesar de la movilidad que le dio al ataque francés el ingreso de Coman, cambio respondido con la incursión de Moutinho, un jugador fino que sabe controlar la pelota.

Gignac y Éder fueron los otros jugadores que enviaron ambos entrenadores para buscar alguna modificación o responder a cierta propuesta del rival. En los dos casos, hubo respuesta a la confianza. Fue el delantero de los Tigres quien tuvo una gran opción que se quedó angustiosamente en el poste, tras una buen giro y recorte en el área: el destino se define por centímetros y la exclamación en la tribuna quedará como un eco de lo que pudo haber sido y al final, no llegó a ser: un campeonato de Europa, ni más ni menos.

En los tiempos extra, territorio natural durante la copa para los portugueses, se presentaron más opciones a favor de los lusitanos como no había sucedido antes, hasta que un trastabillante Éder oportunamente lanzado al campo por el entrenador Santos, metió un tiro fuera del área que terminó en las redes, cuando el reloj había recorrido casi 110 minutos de agobiante juego. Habían sido superados en el tiempo regular pero en el alargue se mostraron más enteros y enfocados que sus rivales: no hay que llegar primero, sino hay que saber llegar.

El cuadro francés luchó hasta el final pero el día de hoy faltó la lucidez necesaria para resolver frente al arco y generar un mayor volumen de juego ofensivo, de tal forma que no se dependiera demasiado de las pocas ocasiones de gol que se tuvieron. Portugal salía como la víctima propiciatoria, sobre todo después de la lesión de su jugador insignia, pero decidió no ponerse el saco y plantarse en la cancha para conversar de tú con sus rivales ante casi 76,000 espectadores que abarrotaron el Stade de France, hermoso escenario en las afueras de París.

Mientras que Cristiano y Pepe ganaron con su equipo y selección los dos torneos más importantes de Europa, Griezmann perdió ambas finales, a pesar de ser un jugador esencial tanto para los Colchoneros como para su país. Pero en el fútbol las oportunidades, por fortuna, son múltiples y las posibilidades del resarcimiento, amplias. Justo así le sucedió al equipo portugués después de perder la final en su casa en el 2004 frente a los griegos, ganadores por un gol derivado de un tiro de esquina cuando todo mundo esperaba la consagración de los locales. Ya le llegará a Francia.

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