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Domingo , 23.09.2018 / 21:49 Hoy

Sonido & visión

Eurocopa 2016 (XVI): Cuartos (II)

Fernando Cuevas

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Los otros dos partidos de la fase de cuartos respondieron a un guion esperado, aunque no por ello ajeno a la emoción. Un encuentro de absoluto equilibrio y el otro con un claro ganador que respondió más a la historia y al nivel del plantel que a lo visto en este torneo. Las aguas vuelven a su cauce.

CLÁSICO EUROPEO

La máxima dictada por Gary Linekerde que al final siempre gana Alemania ha encontrado su excepción cuando se enfrenta a Italia. En torneos oficiales, los teutones no han vencido a los azzurri, constituyendo uno de esos extraños fenómenos del fútbol: casi siempre parten como favoritos pero al ver esos rostros con barba de tres días y esa intensa playera azul, parece sucederles una particular pérdida de memoria e identidad. Con una selección italiana renovada y los germanos en el nivel acostumbrado, el prematuro enfrentamiento entre ambos se antojaba una muy posible final adelantada, alimentada por un nutritivo pasado y unas expectativas por los cielos.

El rasgo definitorio del encuentro disputado en Marsella fue la paridad de fuerzas, incluyendo la resolución en penales que parecía infinita, combinando aciertos y fallas en igual medida. Como cabría esperar y acorde a su ADN, los alemanes buscaron tener la pelota desde el principio intentando, de paso, conjurar maldiciones ancestrales que les impiden ganarle a su némesis. Por su parte, los italianos se mostraban confiados, como pisando terreno conocido aunque estuviera siendo conquistado por el desempeño teutón.

En juego estratégico enfocado a nulificar, agotar y controlar, las oportunidades escasearon en la primera parte, si bien el proceso resultó disfrutable en cuanto a la capacidad demostrada para la coordinación y la intensa batalla por la conquista de un medio campo siempre en disputa, con todo y la entrada del veterano Schweinsteiger para sustituir al lesionado Khedira. Las opciones se empezaron a presentar hacia el final de la primera parte, vía cabezazo de Gomez, remate de Müller y salvada de Boateng, evitando la culminación de un latigazo italiano embotellado de origen.

Para la segunda parte, los alemanes salieron dispuestos a romper en definitiva la maldición y lanzaron una primera amenaza resuelta dancísticamente por Florenzi, aunque a los veinte minutos de tiempo corrido, Özil resolvió con sentido de anticipación tras pase de Hector a jugada que dio inicio con el propio Gomez (nótese los apellidos que harían temblar a los limitados neonazis). El hechizo parecía romperse y la Mannschaft tuvo para rematar al malherido pero nunca derrotado conjunto italiano. Gran error dejar con vida a tu peor enemigo: jugada en el área y Boateng se confunde de deporte y salta con los brazos en alto, como bloqueando un remate de volibol o de basquetbol, para regalarle a Bonucci un penal que agradeció ejecutándolo con seguridad absoluta.

El fantasma que parecía desterrado se volvía a aparecer para los alemanes; acaso sabiéndolo, Italia lanzó todavía un ataque como para acrecentar el miedo pero al fin llegaron los tiempos extras, cada vez más provocadores de desgaste en ambos cuadros que de resoluciones en el marcador. Alguna oportunidad pero nada que reportar. Dos grandes arqueros se encontraron como protagonistas en la tanda de penales: Buffon adivinó la dirección de todos los disparos, salvo los que no fueron a puerta y Neuer detuvo dos, mientras que a varios de los jugadores de ambos cuadros les pesó la presencia de enfrente, el cansancio o la responsabilidad. O todo junto. Al final, inesperadamente Hector resolvió para Alemania, el mismo que dio el pase para gol. Gran partido como afortunadamente nos tienen acostumbrados estos dos gigantes del fútbol mundial.

EL SUEÑO ETERNO

Como si de un efusivo soundtrack compuesto por sus compatriotas deOf Monsters and Men se tratara, los islandeses alcanzaron una instancia en el torneo continental que jamás imaginaron, al punto de enfrentar al anfitrión en los cuartos de final. Con minoritaria pero entusiasta afición (quizá el porcentaje de población total más alto en la historia del certamen), saltaron al imponente estadio parisino de Stade de France para intentar mantener un sueño que ya había resultado lo suficientemente maravilloso, más allá de lo que sucediera en el encuentro ante un equipo francés que se ha ido consolidando y asentando poco a poco en el torneo, jugando cada vez mejor y con la aparición de sus figuras justo en los momentos de mayor exigencia.

Pero los franceses se presentaron con una seriedad digna de la situación y atenta a evitar cualquier emergencia. Dos líneas de cuatro con Pogba más retrasado, completamente comprometido, y Griezmann gravitando en el medio campo con desgaste propio de quien se quiere consolidar en su selección como uno de los jugadores que permanezcan en la referencia histórica. En la primera parte, el volcánico juego islandés se apagó por la eficacia de sus rivales, quienes empezaron a dominar el partido y muy pronto se fueron arriba por conducto del grandote Giraud, resolviendo de pierna izquierda y en posición dudosa, de ésas que es mejor no marcar.

Como un gesto de autoridad y recuperación de confianza, Pogba se elevó por los aires para asestar un cabezazo implacable y dar paso a un particular ritual no de celebración, sino de purificación: antes de los veinte minutos, los locales parecían haber resuelto la amenaza vikinga. Poca reacción de los islandeses pero siempre intentando remar hacia delante con lances a puerto rival. Cuando se agotaba la primera parte, Payet colocó un tiro a la base del poste para el tercero y Griezmann, en jugada por completo vertical, anotó el cuarto para despedir un primer medio que definió el destino de ambos cuadros.

No obstante, como si escucharan el particular canto de Björk y la gélida belleza emocional deMúm, los islandeses salieron a la segunda parte buscando una despedida digna de su enorme torneo. Lo consiguieron:Sigthórson descontó al 56´ante la algarabía de su gente, que no cesó a pesar de la inmediata respuesta gala a través de Giroud, quien anotó el quinto gol y su segundo del partido, enviando el claro mensaje de que aquí no caben las sorpresas. Todavía, como una despedida honorífica y a la altura de su inolvidable desempeño,Bjarnason remató de cabeza para anotar el segundo de su equipo y cubrir tanto de decoro como de gloria su participación. Los emotivos y melancólicos sonidos de SigurRós pueden acompañarlos en el viaje de regreso con la cabeza en alto.

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