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Domingo , 21.10.2018 / 15:01 Hoy

Sonido & visión

Eurocopa 2016 (XIV): los terceros octavos

Fernando Cuevas

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Con dos partidos de resultados sorpresivos, en particular uno de ellos, concluyó la ronda para definir a los ocho equipos que continúan en la búsqueda del título europeo de naciones.

LA FINAL DEL 2012 RELOADED

El partido más atractivo de la ronda de octavos en el papel enfrentaba a españoles e italianos, dos selecciones con larga historia escrita en conjunto, incluyendo la final de la Eurocopa anterior, en la que los ibéricos se impusieron a unos diezmados azzurri. Ahora los dos llegaban después de una derrota en su último compromiso de grupos que orilló a España a perder el liderato de su pelotón, si bien Italia jugó con la mayor parte de los suplentes. Ya con los titulares encabezados por Buffon, fungiendo como una especie de técnico a ras de pasto, los herederos del catenaccio dejaron aquel estilo guardado en el pasado, soltaron amarras y se lanzaron al frente de la portería de una furia roja que tardaba en comprender dónde y cómo había que encenderse.

El planteamiento de Conte se cumplía al pie de la letra y los italianos daban una de las mejores exhibiciones de juego en conjunto que se había visto en el certamen, sobre todo considerando que enfrente estaba el campeón vigente. Generaron opciones y maniataron las intentonas españolas hasta que en un rebote otorgado por De Gea en un tiro libre, convertido después en jugador clave para mantener el partido en zona de alcance próximo, Chiellini llegara a tiempo para empujar la pelota y darle una merecida ventaja a los suyos. Pasaba la media hora y el trámite parecía salirle barato a los de blanco, con una combustión tenue como la de su playera que parecía apagarse con la intensa lluvia que acompañó buena parte del primera mitad.

En el complemento los españoles asumieron una actitud un poco más protagónica, como recordando que el trono no es asunto de juegos y que no se puede ceder así como así. Sin lograr demasiada profundidad, consiguieron tejer un poco más y mostrar el estilo característico, aunque sus rivales estuvieron más cerca de anotar el segundo que ellos de igualar el cartón. Como decía mi hermano, fiel seguidor de la selección italiana, estaban en el mejor escenario posible para ellos, con un gol de ventaja y manteniendo la preocupación en la defensa de enfrente.

El cierre de partido abrió la posibilidad del empate, tras el lento despertar español acelerado por cambios oportunos y un mayor compromiso para buscar la pelota, y del definitivo segundo tanto para los azzurri, al que nunca renunciaron: ocurrió lo segundo por conducto de Pellé, quien selló una gran participación a lo largo del partido. Con nombres brasileños, estos italianos están para cualquier cosa; los españoles se despiden con la dignidad esperada.

LA REBELIÓN VIKINGA O CÓMO GANAR LA BATALLA ISLEÑA

No solo decidieron salirse de la Unión Europea sino ahora también del torneo continental: una actitud por momentos displicente, como si el marcador les favoreciera o de plano ya no tuvieran mucho interés por permanecer en territorio galo. Un mal que arrastra desde hace tiempo la selección inglesa y que coincide con la gran cantidad de extranjeros que juegan en su liga, una de las mejores del mundo, dicho sea de paso.Del otro lado, la revelación del certamen y la confirmación de que en ciertos casos el corazón puede más que la tradición, sobre todo cuando se combina con una adecuada estrategia neutralizante. Los islandeses han roto en definitiva el hielo y navegan viento en popa por las procelosas aguas de los cuartos de final.

Apenas a los cuatro minutos, Rooney puso adelante a los suyos por la vía del penal y el partido se antojaba como un agradable paseo para los ingleses, quienes al menos habían mostrado un poco de mayor interés en la fase previa que el que nos habían regalado en torneos anteriores. Pero muy pronto, sin complejo alguno y como desconociendo la historia del rival, Sigurdsson emparejó el partido gracias a una jugada que inició con un saque de banda al área. La revuelta apenas iniciaba y si para todo mundo parecía un logro suficiente alcanzar el empate, no para estos hombres dispuestos a quedarse en la memoria del torneo: una vez resueltas algunas llegadas del equipo de la rosa, se lanzaron al abordaje y tras una buena combinación, Sigthorsson disparó y el balón no pudo ser detenido por Hart.

En efecto, antes del minuto veinte ya se habían puesto en desventaja y le habían dado la vuelta, como si de una historia de superación personal se tratara, nada más que ésta era real, genuinamente emotiva y conseguida con trabajo en equipo y no mero voluntarismo sensiblero. Flemáticos los llamados pross, trataron de tomarse primero con calma la remontada y después, ante los escasos resultados, intentaron reconvertirse en los emblemáticos tres leones. Pero enfrente jugaban contra la inspiración y una recién edificada confianza que parecía imbatible de un equipo que ha encontrado en la modestia y la simpatía la conexión con los ciudadanos del mundo. Un fracaso más de quienes regularon este deporte y que parecen, peligrosamente, empezarse a acostumbrar.

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