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Domingo , 27.05.2018 / 05:32 Hoy

Sonido & visión

Discos del 2013 (V)

Fernando Cuevas

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Iniciadores y continuadores en esta quinta entrega por los discos que transitaron por nuestras orejas; como en el caso de las anteriores partes, en el orden del gusto de quien esto escribe.

…Viejos los cerros

1. The Next Day de David Bowie: fue su año, no nada más por este regreso después de un largo silencio, sino por la trascendencia que se advierte de su obra en varios de los discos acá comentados; recordando los berlinescos setentas, se pregunta dónde estamos y se asoma a un futuro inmediato, el del día siguiente. Mi favorito.

2. New de Paul McCartney: uno de los compositores clave en la historia de la música regresa con el talento melódico bien afilado, ahora soportado por instrumentaciones vigorosas que en conjunto redondean un de sus mejores discos en su etapa post-Beatle-Wings. En efecto, la innovación parece no tener final.

3. Man&Myth de Roy Harper: con todo y elusivos cuernos reflejando que el diablo sabe más por viejo, el reciente álbum de este veterano folkrocker de Manchester es un dechado de talento compositivo con un equilibrio notable entre la sensibilidad y la intensidad, acaso descubriendo la cara mítica del ser humano.

4. My Favorite Picture of You de Guy Clark: este setentón derrocha sabiduría a través de las canciones de este hermoso, profundo e intense álbum confeccionado con el sello country de la casa; la reciente muerte de su esposa queda homenajeada con esa foto y esta obra maestra.

5. Electric de Richard Thompson: el ex de Fairport Convention confirma su buena racha con esta obra cuyo título define su orientación, aunque no la delimita; siguen las canciones de tonalidad variopintas que van del rock al folk y de ahí al country, con la consabida confección lírica.

6. The Diving Board de Elton John: con el baluarte letrístico del viejo cómplice Bernie Taupin y asiéndose al piano como el refugio habitual, el hombre que se despidió del camino amarillo sigue obsequiándonos cortes memorables, sin hacer fama y echarse a dormir, sino al contrario.

7. Tooth & Nail de Billy Bragg: el londinense de amplia conciencia social y políticamente expresivo, regresa después de cinco años para entregar esta obra que si bien retoma el folk tradicional, busca plantear las preocupaciones actuales del autor acerca del convulso mundo actual.

8. Love from London de Robyn Hitchcock: el consistente cantautor británico sigue entregando piezas de jugoso contenido psicodélico y aquí, en tono lúdico, nos manda un mensaje desde la capital inglesa para desplegar su buena vibra; sus cualidades musicales, mejorando con el tiempo.

9. 13 de Black Sabbath: los viejos metaleros, promotores esenciales del género, no podían dejar pasar la oportunidad de grabar un disco con número esotérico en el que ponen una vez más sus oscuras habilidades para acometer las canciones con la enjundia de quienes apenas empiezan.

10. Wrote a Song For Everyone de John Fogerty: un conjunto de clásicos de CCR reinterpretados por su creador en compañía de otros cantantes que acometen las versiones con la confianza brindada, dando como resultado un viaje al pasado que no tiene desperdicio.

11. American Ride de Willie Nile: el oriundo de Bufalo nos invita a un recorrido por las texturas estadounidenses, erigiéndose como un conductor de lujo que parece sabérselas de todas, todas, entre toques de country, rock y pop.

12. The Last Ship de Sting: después de estar involucrado en discos de música antigua y hacer una gira con The Police, el ex profesor de historia regresa a la composición propia para navegar en esta nueva embarcación de pop jazzeado que, esperemos, no sea el último.

13. Ready to Die de Iggy and the Stooges: el viejo Pop no se cansa y menos cuando a su lado tiene a los míticos Stooges, acá rockeando como si fuera la primera vez, aunque declarando que están listos para lo inevitable.

14. Old Yellow Moon de Emmylou Harris & Rodney Crowell: la histórica cantante country ahora comparte créditos con quien fuera el guitarrista y cantante de soporte en su banda, por lo que los duetos se escuchan naturales y armonizados, dada la compenetración entre ambos.

15. Now What?! De Deep Purple: y ahora ¿qué procede?… seguir entrándole a los riffs y a las atmósferas de espesura rocanrolera, tal como lo hacen en esta nueva entrega con alineación de antaño y mucha energía por desplegar; de la duda no queda más que la admiración.

16. Time de Rod Stewart: después de andar de crooner versionando aquí y allá y cantando piezas navideñas, el londinense vuelve a las canciones propias con su habitual candidez para la melodía y su indiscutible presencia para transitar por el tiempo sin despeinarse.

Los herederos

1. Dream River de Bill Callahan: ocho canciones que transcurren de manera pausada como las estaciones del año, con la vocal limpia y grave que se cobija de instrumentaciones tanto discretas como revolventes, aunque siempre dentro de los márgenes de un río de proporciones oníricas. Una joya.

2. Pale Green Ghosts de John Grant: el compositor de Michigan entrega su segunda obra solista con aditamentos electrónicos, persiguiendo la melodía confesional y dejando libres los fantasmas que pudieran habitar en algún lugar recóndito de sus recuerdos.

3. The Graceless Age de John Murry: el brío de la vocal y las finas composiciones envueltas en una estética de country alternativo cercano al folk, hacen de esta segunda entrega del de Tupelo, una obra en estado de gracia, aunque las edades atenten contra su conservación.

4. Impossible Truth de William Tyler: el guitarrista de Nasvhille ha tocado con Lambchop y Bonnie Prince Billy, por poner dos ejemplos notables; su segunda obra en solitario, a través de sus ocho cortes, remite a tiempos pasados y geografías próximas con ese rockfolk de creciente intensidad.

5. Big Wheel and Others de Cass McCombs: con ecos country, rítmica sesentera y hasta destellos bluseros y jazzeros, la voz cálida y la guitarra en diversas facetas según la ambientación deseada, se conjuntan para crear canciones que transpiran cadencia cautivadora.

6. Big Inner de Matthew E. White: con base en la idea del collage genérico, el de Virginia se muestra con una languidez expresada en la vocal, cobijada por una austera instrumentación que de pronto abre espacios para coros distantes aromatizados por algún espíritu del sur.

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