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Sábado , 26.05.2018 / 17:36 Hoy

Discos 2017 (tercera)

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Seguimos con el recorrido por las grabaciones del año que recién terminó.

Grupos esenciales del siglo xxi The National firmó Sleep Well Beast, cargado de penumbras y polirritmias contenidas en donde es inevitable sentirse parte de las canciones, ya sea como protagonista o secundario: la nostalgia inherente que se resiste a convertirse en depresión.

Mi favorito personal del año. Ya en plena madurez, Hallelujah Anyhow es el séptimo disco de Hiss Golden Messenger, producto de la asociación entre M. C. Taylor y el ingeniero Scott Hirsch, en el que se integran sonidos provenientes del pop, del country y del folk con indudable acento dylaniano.

Tomando prestadas historias de realidades cotidianas marcadas por la pérdida y el amor que se escapa, Little Fictions fue el gran aporte de Elbow, con su característica capacidad narrativa y elegancia compositiva; Crack-Up significó la vuelta a la escena de Fleet Foxes, consolidando el tiempo transcurrido en este tercer álbum de elaboradas texturas folk que se resisten a mostrar las grietas, y Painted Ruins la de Grizzly Bear, explorando las transformaciones de la vida adulta a través de un intrincado pop orquestal que mira al country como aliado cercano.

The Clientele regresó tras ocho años con Music for the Age of Miracles, conservando la justa delicadeza para acompañar los sucesos maravillosos que, a pesar de todo, siguen apareciendo.

Jamie Stewart, líder del grupo formado en San José Xiu Xiu, continuó con sus frágiles intensidades en Forget, salpicado de un pop alterado y reivindicador de minorías para mantenerse en la memoria. James Mercer y la reciente alineación de The Shins, presentaron el cálido Heartworms, mientras que Arbouretum se explayó con Song of the Rose, entre un rock duro y un folk sutil.

Explorando las facetas de la incapacidad para tender puentes comunicativos, desde Filadelfia The War on Drugs entregó A Deeper Understanding, cuarto disco en el que enfatizan con su folkrock la condición de extrañeza frente a los contextos en los que nos desenvolvemos.

Queens of The Stone Age grabó el sólido como metal Villains, contando con el aporte de Mark Ronson y aireando su arenosa propuesta que tanta energía nos ha dado a lo largo de la edad actual. Los ingleses de The Horrors siguen puliendo su rock con acentos góticos tal como se muestra en el fluido V y Real Estate mostró madurez y concentración en In Mind, folkrock sazonado con discreta psicodelia.

Desde Canadá, el colectivo de Toronto Broken Social Scene grabó su quinto disco, el boyante Hug of Thunder, salpicado de copiosas influencias múltiples; de Ontario, Timber Timbre propuso el concienzudo Sincerelly, Future Pollution, en tanto sus compatriotas de Arcade Fire, por debajo de su altísimo nivel acostumbrado pero aún entregando algunas canciones memorables, propuso Everything Now, apuntando sus dardos a la sociedad de consumo. También de Montreal, Wolf Parade grabó ya con aullidos afilados Cry Cry Cry, su cuarto disco que denota una envidiable consistencia para moverse en los terrenos del postpunk, el pop y el aliento indie, con elocuentes instrumentaciones y emotivas melodías.

James Murphy regresó con su proyecto LCD Soundsystem para obsequiarnos su celebradísimo American Dream (disco del año para las revistas UNCUT y MOJO), electrónica pasada por las aguas del rock en donde se advierten los pasajes ocultos del cada vez más inasible sueño americano.

Four Tet, el proyecto de Kieran Hebden constituido como uno de los actos esenciales de la electrónica del siglo XXI, entregó el cadencioso y sofisticado New Energy, revitalizándose desde el downtempo como estrategia para cargar baterías.

Transitando el milenio

Magnetic Fields realizó otra de sus monumentales obras y nos entregó 50 Song Memoir, un recuento vital de medio siglo narrado a través de las acostumbradas finas melodías. Por su parte, Beck iluminó el pop con Colors, mucho más optimista que su antecesor pero conservando el entramado para mandar mensajes en clave disruptiva. Tras más de una década de silencio, Grandaddy regresa con Last Place, mostrando la habitual capacidad de alquimia para combinar rock de baja fidelidad y altcountry como si pertenecieran a la misma familia. El humeante Gargoyle marca la continuidad creativa del ex Screaming Trees, firmando en plan colectivo Mark Lanegan Band.

Mogwai entregó Every Country's Sun, insertando ciertos rayos heliocéntricos a su apretado postrock y los Foo Fighters produjeron Concrete and Gold, encontrando una buena pócima para integrar el pop con lances guitarreros de indudable poderío.

Slowdive volvió de manera inesperada con el melódico e intenso disco ídem Slowdive, ya no mirándose tanto los zapatos sino buscando otros horizontes donde posar su mirada, tal como lo hiciera Jesus and Mary Chain con el todavía rebelde Damage and Joy, combinación punzante y festiva. The Afghan Whigs grabó el muy bien afiladito In Spades, segundo álbum desde su bienvenido regreso.

John Darnielle y su vehículo The Mountain Goats, alumbró en zonas más allá de nuestras percepciones vía el conceptual y luminosamente oscuro Goths, repasando el movimiento del título durante los 80's y 90's.

Saint Etienne nos lleva de paseo por los suburbios londinenses en Home Counties, con la delicadeza que el caso amerita y Six Organs of Admittance con Ben Chasny y su guitarra al frente, realizó el cadencioso y discretamente experimental Burning the Threshold, acercándonos al umbral de la propia aceptación, acaso la más complicada.

Piano Magic anunció su retiro con Closure, duodécimo álbum interviniendo en el pop art con sentida interacción.

Hot Thoughts corrobora que Spoon gusta por el rock refinado dirigido a orejas abiertas a la emoción, buscando las experiencias sensuales sin perderse en los pensamientos simplones.

Tras ocho años de silencio, Do Make Say Think presentó Stubborn Persistent Illusions, en emotiva faceta postrock que nos atrapa para distinguir imaginarios deseables y posibles, en tanto Moby volvió a sus orígenes punketones con More Fast Songs About the Apocalypse.

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