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Martes , 23.10.2018 / 18:42 Hoy

Los discos del 2017 (IV): inicios prometedores y carreras prolongadas

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Siguen sonando los discos que le dieron sonido al año que se fue.

Empezando el trayecto

El londinense Sampha se presentó con Process, sentido recorrido por emociones fuertes compartidas con la intensidad vocal que ameritaba el caso y constituyéndose como uno de los debuts del año, al nivel de Aromanticism cortesía del angelino Moses Sumney, anclado en un sentido folk con influjos de las músicas negras. Uyai de Ibibio Sound Machine Desde Saskatchewan, el veinteañero Colter Wall entrega su carta de presentación enclavada en un country que disfruta de la tradición: grabado en Nashville, por supuesto, el homónimo Colter Wall suena como si llevara años en esto de la cantada.

EX EYE es un cuarteto integrado por el saxofonista Colin Stetson, el baterista Greg Fox (Liturgy), el tecladista Shahzad Ismaily (Ceramic Dog) y el guitarrista Toby Summerfield (Larval) que en su homónimo EXE EYE se interna con atrevimiento por los oscuros territorios del postmetal. Sacred Paws, integrado por miembros de Golden Grrrls y Shoping, se presentó con el contagiante afropopero Strike a Macth. El rapero del sur de Londres Loyle Carner enfatizó sentidas despedidas y coreográficas composiciones con Yesterday’s Gone y por ahí mismo se dejó escuchar Gang Signs & Prayer, presentación de Stormzy siguiendo la tradición grime, tal como J Hus y su Common Sense, buscando versatilidad rítmica y rapera a través del menos común de los sentidos.

Nothing Feels Natural marca por el fin el primer larga duración de Priests post-punketos originarios de Washington, en tanto desde Pensilvania, Sheer Mag le entró al hardrock en Neet To Feel Your Love, encontrando la creatividad en las bases del rock directo y a la cabeza para todas las edades con la refrescante y robusta vocal de Tina Halladay. El quinteto Pumarosa adereza su propuesta de indierock con acentos eléctricos en The Witch, encontrando un prometedor embrujo con sentida vocal femenina. Idles, cuarteto de punk formado en Bristol, entregó el rabioso e intervenido Brutalism, pegando fuerte entre una mirada crítica y desparpajada.

The Moonlandingz, híbrido de Fat White Family y Eccentronic Research Council, propuso un provocador electrorock de aires retro propulsados en Interplanetary Class Classics, mientras que Creeper, sexteto inglés, realizó una promesa comprometedora en Eternity, In Your Arms, declaración en clave punk con tintes entre siniestros y teatrales, prestados del gótico y el glam que parecen desdibujarse con la efusividad que provoca el atrevimiento. Sin perder tiempo y entendiendo la juventud como el momento justo para construir experiencias memorables, el cuarteto inglés Sundara Karma entregó el vibrante Young is Only Ever Fun in Retrospect, en tanto el grupo noreugo Sløtface hizo clara invitación en Try Not to Freak Out, pop barnizado con trazos tecno y punk.

Por siempre viejos

Después de casi cuatro décadas, el legendario Chuck Berry grabó el revitalizador Chuck, como si se tratara de una despedida dado su fallecimiento poco después: ahí queda la trayectoria de uno de los patriarcas de la música popular. Close Ties colocó de nuevo a Rodney Crowell en la escena como 50 al británico Michael Chapman, celebrando medio siglo de darle vida a su nutritiva guitarra con esa voz de rasposa y pasmosa experiencia para integrar country, rock y folk, ahora bien cobijado por reconocidos colegas en plan de apoyo. El maestro Randy Newman ironiza, comparte preocupaciones y desliza su deslumbrante capacidad compositiva en Dark Matter, oportuna obra en tiempo políticos dominados por la estulticia, mientras que en el amplio Triplicate, el nobel de literatura y principal músico de la cultura popular Bob Dylan, sigue metido en su más reciente obsesión, siempre transitando de acuerdo con su santa voluntad ajeno a designios sociopolíticos. Robert Plant, tras su productivo recorrido por los territorios del country, incorpora elementos del folkrock británico en Carry Fire, alumbrando la cueva musical y encendiendo la hoguera una vez más.

Por su parte, Ray Davies revisó, entendió y asumió lógicas de las tierras del otro lado del Atlántico con el brillante Americana, denotando la gran capacidad compositiva del ex Kinks; el ex Soft Boy Robyn Hitchcock entregó con la calidad acostumbrada el ídem Robyn Hitchcock, su vigésimo segundo álbum en solitario plagado de un pop con un dejo de psicodelia y, mientras tanto, el legendario Roger Waters dejó de romper eternamente el muro y grabó, en plan pontificador y retórico como ha venido haciéndolo desde hace rato, el resucitador y muy disfrutable más allá de la nostalgia pinkfloydera Is This the Life We Really Want?, demostrando que el talento permanece a pesar de la repetición excesiva.

Después de todos estos años

A Kind Revolution representó la inagotable continuidad compositiva del gran ex Jam y Style Council Paul Weller, todavía buscando los cambios de fondo en modo creativo. Despachándose por partida doble, The Waterboys nos invitó a salir de las zonas de melancolía con Out of All This Blue, integrando sonidos americanos a su folkrock británico de alcances universales. Peter Perrett, ex líder de The Only Ones, volvió inesperadamente con How the West Was One, de letras afiladamente irónicas y melodías de pronta identificación. Tras 14 años de no sacar material nuevo, Styx entregó el revitalizante The Mission, cual periplo por los confines del pop-progresivo que tantos recuerdos traen.

Los Mael Brothers, bien conocidos como Sparks, grabaron en la línea acostumbrada de tecnorock el álbum Hippopotamus, como emergiendo de algún río con un sorprendente aire de actualidad, tal como Orchestral Manoeuvres in the Dark, otros sobrevivientes del synthpop ahora produciendo The Punishment of Luxury, con el habitual enfoque hedonista, y el oficioso dueto de electropop Erasure, hizo su cadenciosa advertencia en el sensible World Be Gone, justo cuando Gary Numan sincronizó con Savage: Songs From a Boken World, electrificando su pop con giros arabescos hasta convertirlo en el soundtrack de un mundo que se desliza hacia ninguna parte.

Depeche Mode regresó con plena convicción revolucionaria expresada en Spirit, con el sello de la casa y sonando contemporáneo a la par. Tratado en general de manera maniquea por la prensa especializada, U2 mantuvo presencia con Songs of Experience, complemento de su anterior revisión de la inocencia que si bien no está a la altura de sus clásicos, muestra al famoso cuarteto irlandés todavía con inspiración y expresividad. Tras su regreso en el 2011 después de veinte años de silencio, The Feelies entregan el completamente disfrutable In Between, buscando la justa medianía entre su apuesta primigenia de indiepop catártico y los tiempos que corren.

Con cuarenta años circulando, John Mellencamp produjo con plena convicción y vitalidad Sad Clowns & Hillbillies, poniendo el corazón roquero en bandeja country. Los veteranos de Wire presentaron Silver/Lead, confirmando su habilidad para combinar la esencia punk con alcances de mayor complejidad armónica, por si hiciera falta. Blondie continuó dando muestras de vida creativa con Pollinator, pop de aliento punk con matices de new wave. A través de cinco largas piezas y bien cobijado por una banda de cómplices añejos, el Sonic Youth Thurston Moore explora a través de sus lances guitarreros ciertas aristas vitales que van de la carne al espíritu y sus complicadas vinculaciones en Rock N Roll Consciousness.

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