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Lunes , 24.09.2018 / 21:30 Hoy

Sonido & visión

Decisiones vitales: publicar y nunca rendirse

Fernando Cuevas

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Un par de películas de carácter histórico, puntualmente ambientadas tanto visual como ideológicamente, recrean sendos hechos en los que individuos se aventuran a optar por un camino que en inicio parecía arriesgado y con escasas posibilidades de alcanzar los propósitos planteados. Se trata del caso del Washington Post en los setenta, cuando la reciente e imprevista dueña opta por publicar documentos altamente comprometedores para el gobierno con la consecuente andanada contra el periódico, y de la valiente decisión de Churchill de no rendirse ante el inminente dominio nazi.

De paso, funcionan como díptico de Todos los hombres del presidente (Pakula, 1976) y de Dunkerque (Nolan, 2017), respectivamente, también retomando hechos reales acontecidos después o durante los sucesos referidos e íntimamente relacionados. A pesar de ubicarse en el siglo pasado, se constituyen como un par de películas de absoluta actualidad, considerando los peligrosos vientos fascistas que soplan por la política mundial y los ataques a la prensa libre que se orquestan desde los gobiernos o grupos de poder en naciones incluso de tradición democrática. No obstante que la historia en ambos casos es conocida, se consigue mantener la tensión y emoción dada la efectiva presentación de los diversos procesos inherentes a la toma de decisiones.

La prensa como contrapeso

Dirigida de manera magistral por el legendario Steven Spielberg con un énfasis bien puesto en las premisas sociales que plantea y siguiendo la línea de pensamiento político de Lincoln (2102) y Puente de espías (2015), The Post: Los oscuros secretos del Pentágono (EU, 2017) sigue el caso de las filtraciones de ciertas evidencias sobre la realidad de la guerra de Vietnam que contradecían lo dicho por el gobierno, primero aparecidas en el New York Times a principios de los setenta, al que por la cacareada seguridad nacional se le prohibió seguirlas publicando, y después en el Washington Post, en ese entonces de alcance más limitado y con lógicas todavía de empresa familiar.

Los temas morales acerca de la importancia del periodismo de investigación frente a los abusos del poder, la presencia de la mujer abriéndose paso en un ambiente masculino tanto en contextos familiares como empresariales, se exponen sin cortapisas y en forma directa, no solo a través de un esclarecedor guion de Liz Hanna y Josh Singer, sino también a partir de la brillante puesta en escena, una edición que marca la diversidad de ritmos narrativos y una iluminación que contrasta el tono esperanzador con la batalla por dar: ahí están las secuencias de las llamadas telefónicas, las conversaciones al filo de la imprenta y la integración de imágenes entre las venturosas tomas de conciencia y la impresión del diario del día siguiente.

Meryl Streep, como la dubitativa viuda ahora al frente de una misión que nunca imaginó tener, y Tom Hanks, como el editor en jefe de rudas maneras buscando llegar al fondo del asunto, lideran un sólido reparto que asume roles y funciones con plena convicción, siempre capturados por una cámara acuciosa que igual se detiene para regalarnos indicativos encuadres orientados a involucrarnos en las conversaciones, o bien que entrega deslumbrantes desplazamientos para recorrer los espacios de las casas invadidas, redacciones frenéticas, calles amenazantes y oficinas bajo el temor de todo el tiempo estar siendo vigilados.

Y en las sombras, Nixon, ese paladín de la prensa libre y la democracia como el actual ocupante de la Casa Blanca, confabulando para detener la avalancha que se le venía encima, espiando enemigos y tratando de poner bozales por todas partes. Una película de dolorosa actualidad, en tiempos de fake news, asedio contra los mismos periódicos y conflagraciones que siguen punzando por salir a la luz pública: ojalá que así suceda y podamos estar hablando, en un futuro cercano, de una especie de secuela realista de este pertinente y relevante filme. Inevitable voltear a ver estas relaciones sospechosas entre prensa y poder público en nuestro país, con el agravante de la autocensura por la presión del crimen organizado.

Un poco antes del amanecer

Dirigida con emotividad contenida por Joe Wright, quien había explorado de refilón la época en la notable Expiación, deseo y pecado (2007), Las horas más oscuras (EU-RU, 2017) combina ambientes claustrofóbicos con aires esperanzadores para desplegar el famoso episodio histórico en el que Winston Churchill llega en 1940 de rebote a ser primer ministro, por la renuncia forzada de Chamberlain y la negativa de algún otro político para encargarse del cargo, y toma de la decisión, entre intrigas palaciegas que incluyen al rey Jorge VI y estrategias políticas cargadas de astucia, valor y cierta soberbia, de no rendirse ante el imparable avance nazi que parecía no tener fin.

Curioso que parte del destino de la Guerra estuviera en manos de un señor que desayunaba whisky con un puro eterno en la boca, se reía de todos (incluyendo él mismo), cargaba con el error de Galípoli y tenía en la ironía acaso su mayor distintivo. Molesto por ser interrumpido cuando está interrumpiendo, Gary Oldman se beneficia de un acertado maquillaje del nipón Kasuhiro Tsuji, que potencia su interpretación: el resto es su gran capacidad actoral de amplio rango para hacer creíble a cualquier personaje que se le ponga enfrente; además, se apoya de Kristin Scott Thomas en el papel de la esposa comprensiva y exigente, así como de la entusiasta e inocente Lily James en el rol de su asistente, para fortalecer sus interacciones en el escenario.

La figura del ex primer ministro inglés ha recibido una gran atención mediática recientemente tanto en películas, libros como obras de teatro, coincidiendo con el Brexit en tanto representar una apuesta que en principio parece contradictoria a las intenciones de apertura y colaboración internacional. Mal criticada ha sido la inclusión de la secuencia del metro por innecesaria y condescendiente: en lo personal me pareció un buen apunte de ficción que acaso redondea el estado de ánimo de aquellos días y si bien tiene un tono quizá demasiado didáctico, le brinda al relato un soporte emocional para quienes no entendemos del todo una situación como la que se vivió en aquellos momentos.

cinematices.wordpress.com
Twitter: @cuecaz

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