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Sábado , 26.05.2018 / 07:46 Hoy

Sonido & visión

Copa Libertadores 2016: semifinales

Fernando Cuevas

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Renombrados equipos de Argentina y Brasil enfrentaron a un conjunto modesto de Ecuador y a uno de los cuadros más fuertes de Colombia, respectivamente. Pero como está la situación en el cono sur en relación con el desempeño de las selecciones, todo podía suceder y, en efecto, sucedió.

CUATRO DE BORJA

El Atlético Nacional de Medellín es el equipo más ganador de Colombia y en lo que va del siglo ha logrado mantener su estatus. Ya fue campeón de la Copa Libertadores en 1989 y en términos generales se ha sabido desempeñar a nivel internacional con buenas y continuas participaciones en los certámenes. Por su parte, el São Paulo es de los conjuntos con más historia y de mayor prosapia de Brasil y ya cuenta con tres títulos dela Libertadores y uno del Mundial de clubes de la FIFA.

Ambos se enfrentaron en una semifinal que se antojaba equilibrada dado lo mostrado a lo largo del torneo, aunque terminó resultando un claro reflejo de la situación que vive el fútbol en ambos países a nivel selección: mientras que los brasileños viven una de sus crisis más agudas con una alarmante sequía de estrellas y compenetración, los colombianos cuentan con una brillante generación a la que solo le falta dar el pequeño salto para poder alcanzar triunfos importantes.

En el partido de ida celebrado en el estadio de Morumbi, quien puso las condiciones fue la visita. Durante los primeros minutos, fueron los paulistas quienes se lanzaron a buscar sin miramientos la puerta contraria, generando un intenso dominio sin resultados concretos; poco a poco, el equipo medellinense asumió el papel de protagonista sin importar tiempo y espacio e inclinó la balanza a su favor en posesión, aunque sin producir demasiado al frente; más bien fue una estrategia de freno de mano a la carrocería contraria.

Más obligado a buscar la ventaja, el São Paulo adelantó líneas en la segunda parte pero sin encontrar la claridad necesaria para inquietar el arco y, al contrario, permitió que el Atlético Nacional empezara a encontrar alternativas convertidas en avisos de lo que vendría después: Borja tuvo tres opciones y la cuarta fue la vencida gracias a geométrica jugada de conjunto, ya aprovechando que el rival jugaba con diez tras la roja para Maicon. El segundo vendría seis minutos después, ya cerca del final, cortesía de Borja una vez más, aprovechando pase de taquito de Moreno.

El partido de vuelta se puso interesante al inicio gracias a la pronta anotación del equipo paulista por conducto de la cabeza del argentino Calleri, recogiendo merecido fruto por su disposición para acortar distancias y olvidarse de lo sucedido en su casa. Pero el recuerdo volvió y se hizo presente: una vez más, los ahora locales empezaron a reaccionar y lograron el empate gracias a un buen pase filtrado que Borja, para variar, convirtió en gol.

El juego se encarriló en una dinámica de llegada y fluidez, primero de la visita y después por parte de los locales, específicamente de Moreno, quien tuvo cuatro alternativas para anotar el segundo tanto, dos alrededor de la media hora de juego y otro par una vez iniciada la segunda parte. El cuadro colombiano empezó a jugar con la ventaja y la escuadra brasileña intentaba pero no podía.

Faltando quince minutos, un penal terminó por sellar el destino manifiesto, planteado desde el primer enfrentamiento: Borja cobró sin presión para apuntarse su cuarto en la serie y un par de jugadores del São Paulo se fueron del campo por sus agresivas reclamaciones, interrumpiendo durante siete minutos una reanudación que solo fue un trámite para decretar al primer finalista del torneo.

LA SORPRESA COMO ALIADA DE LA EXPECTACIÓN

Asentado en la ciudad de Sangolquí de la provincia de Pichincha, muy cerca de Quito, Independiente del Valle apenas jugó su primer partido en la primera división ecuatoriana en el 2010. Su trayectoria en la Libertadores ha rayado la épica: venció al Club Guaraní gracias ala falla de un penal de último minuto; eliminó al RiverPlate en Buenos Aires con su arquero como héroe; derrotó a los Pumas en serie de penales en Ciudad Universitaria y ahora vuelve a sorprender al mundo ganándole al equipo más importante de América, tanto en casa como en la histórica Bombonera.Boca Juniors es el equipo con más títulos oficiales internacionales y tiene 6 campeonatos de la Libertadores, apenas uno atrás del Independiente.

En el primer enfrentamiento, el equipo argentino debía enfrentar a un equipo con alta dosis de motivación y a la altura de 2850 metros sobre el nivel del mar. Entrando como imbatibles a lo largo de toda la copa, los jugadores del Boca Juniors empezaron a demostrar el peso de la playera que portaban y antes del minuto quince ya ganaban con gol de Pérez como resultado de una buena combinación, no obstante los anfitriones daban muestras de peligrosidad y escasa sumisión ante las jerarquías históricas. El resto de la primera parte transcurrió con el dominio del cuadro ecuatoriano que reaccionó con entereza ante la estocada inicial.

El premio llegó hasta pasados los quince minutos de la segunda mitad, cuando Cabezas colocó el esférico en el ángulo tras resbalón del defensor. La poca reacción de la visita que parecía conforme con el empate, más allá de una clara que tuvo Tévez, contrastaba con el ímpetu del local en busca de la diferencia, al fin conseguida aprovechando un fallo en la salida bien capitalizada por Angulo. Solo así se sacudió la modorra el gigante del fútbol argentino y generó lo suficiente para empatar pero sin certidumbre en el último toque.

Para el segundo partido, el escenario físico y anímico de la remontada estaba listo: escandalosas tribunas a reventar en la Bombonera, Maradona como aficionado estelar y toda la parafernalia tradicional en un estadio que habla solo. El silbatazo inicial lanzó al Boca a cumplir el guion muy pronto, poniéndose en ventaja al minuto 4 con gol de Pavón, el mejor hombre de los xeneizes hasta el último suspiro. Lo que parecía ser una fiesta de pase a la final, poco a poco se fue convirtiendo en una pesadilla: tuvieron para marcar el segundo pero lo dejaron ir, dándole un respiro a un rival que, lejos de autoinmolarse en el campo, empezó a jugar a la altura de las circunstancias.

Independiente del Valle consiguió el empate al 25’ en un tiro de esquina culminado con angulado disparo de Caicedo, ante cierta incredulidad de un público al que todavía no lo desanimaba la lluvia o el anuncio de la debacle. Oportunidades que se quedaron como tales y de regreso para el segundo medio, lo impensable: saque de meta, cabezazo en tres cuartos de cancha, cabezazo cerca del área y Cabezas convierte con disparo cruzado cuando apenas la gente se acomodaba en la tribuna o en la alambrada. Un gol claramente anotado gracias a las cabezas.

Dos minutos después, un error del arquero provoca el gol de Angulo para poner el tercero y obligar al rival a meter cuatro más con 40 minutos por delante. La mesa estaba puesta con demasiada exigencia para la épica, aunque un penal a favor al 23’ abría una pequeña rendija hacia la final: el cobro fue deficiente y la moneda dejó de estar en el aire. Cambios desesperados y empeño de algunos jugadores pero nada más. Muestra de dignidad y decoro por parte de Pavón para anotar en tiempo de compensación para que la derrota no fuera tan marcada. La sorpresa como aliada del espectáculo en un deporte que nos sigue deparando resultados llenos de incertidumbre aquí, allá y en todas partes.

cinematices.wordpress.com

Twitter: @cuecaz

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