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Viernes , 21.09.2018 / 17:46 Hoy

Sonido & visión

Copa América (III): prevalece la paridad

Fernando Cuevas

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En el cierre de la primera jornada continuamos con la tendencia de ver partidos sumamente parejos, jugados con más intensidad que brillantez, por momentos confundida con violencia la primera y dependiendo de lances individuales la segunda. Uno entiende lo duras que son las eliminatorias mundialistas en esta región del mundo, tanto para las selecciones como para el arbitraje.

Batalla campal en el Caribe Continental

El partido entre las dos selecciones sudamericanas vecinas parecía una extensión de aquel conflicto diplomático del 2010, por la acusación del gobierno colombiano acerca de la presencia de las FARC en territorio de Venezuela. Si bien el asunto logró zanjarse, las diferencias ideológicas entre ambas naciones persisten de manera notoria: en los estilos de juego mostrados en el estadio de Rancagua, parecen replicarse los contrastes, que van de la rispidez al toque semilento, de la fuerza física al énfasis en la técnica.

En efecto, el equipo de Venezuela salió con el cuchillo entre los dientes y a la mano, apostando por la falta continua, tristemente, como recurso táctico; pero los colombianos, en lugar de intentar imponer su estilo, acabaron cayendo en el garlito y el primer medio tuvo más cortes que cualquier programa televisivo. Quizá se tardó la primera tarjeta en aparecer, pero lo cierto es que los jugadores no ayudaban: reclamaban todo, pateaban, fingían, manoteaban… apenas algunos atisbos de fútbol en los que, paradójicamente, se advirtió más peligro en la meta colombiana.

La segunda parte inició con un dejo de cambio pero pronto todo volvió al marasmo hasta que, como en el partido eliminatorio del 2013 entre ambas escuadras, otra vez Rendón anotó el tanto clave: ahora fue un cabezazo implacable que dejó sin opción al salvador Ospina, sentenciando la primera victoria de la Vinotinto frente a los cafetaleros en Copa América, quienes tuvieron varias opciones para empatar, a pesar de haberse tardado en leer las características del partido: no lograron levantarse de la inesperada fiereza del rival, por más que el cúmulo de estelares insistieron hasta el final. Parece que los venezolanos vienen como hace cuatro años, cuando alcanzaron la cuarta posición del certamen.

Quizá algunos de los jugadores venezolanos se puedan ver reflejados en Hermano (Venezuela, 2010) cinta dirigida con espíritu documentalista por Marcel Rasquin, quien sigue a un joven adoptado en su búsqueda por convertirse en estrella futbolera, mientras convive con su madre y su hermano mayor en un barrio pobre de Caracas. Mirada certera a las dificultades sociales que enfrentan en la cotidianidad los jóvenes de escasos recursos, tanto desde el estilo visual como en la construcción de personajes: una vez más la cancha se vuelve un rectángulo de esperanza verde.

Victoria sufrida

En contraste, el otro partido de la jornada arrancó con una buena dosis de alegría: muy pronto los peruanos aprovecharon un error para ponerse arriba, aunque pronto una fulgurante combinación entre los brasileños del Barcelona emparejó el asunto. La algarabía continuó durante buena parte del primer tiempo, con un Neymar en plan grande y despejando dudas acerca de que estamos frente a un jugador diferente.

Pero quien sorprendió gratamente fue el equipo peruano, con jugadores no tan conocidos mediáticamente pero de toque depurado e inteligencia espacial muy desarrollada: jugaron con el necesario desparpajo el segundo medio y el empate parecía ser el resultado que mejor reflejaría el despliegue en el campo. Además del talento individual, se nota la mano del técnico argentino Gareca, planteando un esquema que prefiere mirar hacia adelante, aunque la playera de enfrente más bien llame a la prudencia.

Pero con un jugador de talento superior, la balanza puede inclinarse en cualquier momento, aunque sabemos que por lo general ganan los equipos: Neymar nos engaña a todos y le pone un pase para gol impensable a Costa, quien resuelve y señala de inmediato al artífice de la jugada ganadora. Dunga respiró un poco y los brasileños están llamados a superar el trauma del pasado Mundial, mejorar el juego de conjunto y madurar rápido, especialmente los jóvenes por los que apostó el recio entrenador.

Para descifrar los siguientes partidos, los peruanos pueden recurrir a las habilidades de su compatriota Félix Chacaltana, quien se ve envuelto en una serie de crímenes al tiempo que intenta resolver su vida amorosa entre el control materno y los deseos de casarse con la mujer amada. El escenario es Lima, justo cuando se desarrolla la Operación Cóndor y se disputa el campeonato mundial de Argentina ’78: de hecho los capítulos se nombran de acuerdo con los partidos disputados por los peruanos, además de la final.

Escrita por Santiago Roncagliolo, La pena máxima (Alfaguara, 2014) es una novela que navega entre el thriller detectivesco y la crítica social, a través de una prosa fluida y cercana, con atención al trazo de su protagonista. El tiro de castigo desde los once pasos tiene un gran potencial metafórico, sobre todo en tiempos de totalitarismos y abusos de autoridad.

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