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Martes , 19.06.2018 / 15:30 Hoy

Sonido & visión

Copa América 2016 (VI): explotan las redes

Fernando Cuevas

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En la continuación de la segunda ronda de partidos se observó qué tan disparejos o equilibrados pueden ser los conjuntos participantes. La constante, eso sí, fue la intención de buscar la portería rival, tanto desde el equilibrio como de la disparidad de fuerzas: una goleada rara vez implica buen espectáculo, mientras que el toma y daca, si bien no asegura calidad futbolística, al menos genera la tensión y emoción propias de la incertidumbre.

UN BUEN PASO: HERIDA RECORDADA, TODAVÍA NO SANADA

La goleada que recibió Brasil en su casa frente al cuadro alemán en la semifinal del Mundial del 2014, generó una de esas heridas que pueden cicatrizar pero nunca desaparecer: hay que aprender a vivir con ellas e impedir que afecten más de lo que deberían en la construcción del futuro. El mejor bálsamo es la renovación y la búsqueda de triunfos que reconfiguren el trayecto triunfador de la selección más ganadora de la historia.

Y si bien se viven horas oscuras para la verdeamarela, la paciencia y el regreso a las bases parecieran ser algunos elementos importantes para volverse a situar en los primeros planos. Eso sí, en épocas de escasez de talentos, resulta difícil entender porqué algunos jugadores que uno considera claves quedan fuera de las convocatorias, además de las lesiones que han afectado, sobre todo, a su máxima estrella. En contraparte, se abre la alternativa a otros futbolistas, como el caso de Philippe Coutinho, jugador del Liverpool que empieza a aprovechar la oportunidad.

Justo este medio de ataque, ubicado más adelantado cuando juega en la selección, anotó los dos primeros goles en los minutos 14 y 29, ante un panorama de completo desequilibrio entre ambos equipos. Uno más de Augusto con la cabeza colocó el marcador en un nivel inalcanzable, sobre todo por lo visto en el funcionamiento de los antillanos que apostaban por amontonar jugadores o de plano intentar la kilométrica individual.

Con algunos cambios y el rumbo del partido definido, Brasil salió al segundo tiempo con actitud relajada, como se vio en los primeros quince minutos, interrumpidos por el cuarto gol firmado por Gabriel Barbosa que había entrado de cambio. El arquero haitiano evitaba que la catástrofe fuera mayor, si cabe, y el partido perdía todo viso de interés. Lucas Lima, otro hombre de recambio, cabeceó para poner el quinto que recibió una respuesta en forma de honra con el tanto de Mercelin, rompiendo así el cero y festejando más por el valor simbólico que por el práctico.

Pero a Brasil le bastaba con recuperar balones en el medio campo. Ya sobre el final, Augusto repitió la dosis y Coutinho, en tiempo de compensación, colocó el séptimo y tercero personal. Hace tiempo que no veía tanta disparidad entre dos equipos dentro de un torneo de este nivel. Y en principio no parecía ser para tanto pero el pánico escénico, me queda claro, sí existe. Haití salió derrotado, olvidándose muy pronto de la batalla que dio frente a Perú: parece que la playera amarilla los deslumbró antes de tiempo. Un 7 a 1 que fuerza el recuerdo de la herida de hace dos años pero que puede servir como parte del proceso de sanación.

GUION CONOCIDO Y DISFRUTABLE

La premisa argumental se ha visto muchas veces. Un equipo sorprende cuando el partido es joven yéndose arriba dos goles a cero, marcador engañoso como reza la sabiduría futbolera. Frente a la oportunidad de anotar el tercero se falla y, en consecuencia, el rival empieza a crecer. La aparente comodidad de la ventaja se convierte en un espejismo y la presión da frutos para acortar distancias. Con el dos a uno, la motivación cambia de lado y el escenario se despliega con mayor probabilidad para el empate que para el aumento de la diferencia. El tanto de la igualada llega, inexorablemente y la paridad termina por firmarse.

Perú mostró móvil creatividad al frente casi sin que los ecuatorianos empezaran a jugar. Antes del minuto 15 ya nos habían regalado un par de lustrosas anotaciones cortesía de Cueva (ahora ex jugador del Toluca) y de Flores. El uno-dos que podría descontar a cualquiera quizá hubiera sido definitivo si el equipo inca consigue marcar la tercera anotación en un cabezazo que tan de rutina, se falló. A partir de ahí, sin asegurar una relación causal, los ecuatorianos empezaron a crecer y a inquietar el arco de enfrente.

Un gol cerró el primer medio y el otro abrió el segundo. Enner Valencia consiguió poner a su selección en el partido con una gran anotación que significó no solo la disminución de la ventaja, sino la demostración de que, en efectoy en este caso concreto, el dos a cero era un marcador engañoso. El descanso pareció no interrumpir la convicción de asumir la etimología de su nombre (aequãtõris = igualador) y Bolaño empató los cartones a los tres minutos de iniciado el complemento. Saliéndose un poco del guion, ambos cuadros buscaron el del triunfo, sobre todo los ecuatorianos, pero el equilibrio perduró hasta el silbatazo final.

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Twitter: @cuecaz

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