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Lunes , 24.09.2018 / 13:36 Hoy

Sonido & visión

Compañeros inesperados

Fernando Cuevas

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Un par de películas que abrevan del buddy film en el sentido tradicional del género con improbables asociaciones, choque de personalidades y química poco a poco construida, navegando entre la acción y la comedia y apostando por las habilidades actorales de sus intérpretes. Mientras que una logra trascender los márgenes propios del género al viejo estilo de las cintas setenteras y ochenteras, la otra depende demasiado de la interacción entre sus protagonistas.

DOS TIPOS DE CUIDADO

En Los Ángeles la fiesta todavía continuaba en los setenta, justo antes de la gran cruda ochentera que trajo al SIDA y un neoconservadurismo totalizador, por mencionar algunas calamidades. Pero un poco antes, todavía quedaban ciertos resabios de la ideología hippie, entre otras cosmogonías sectarias, que trasnochaba con protestas al filo de la banqueta, entre sustancias voladoras y amor libre, donde lo de menos era el motivo de la movilización o la lógica de las demandas.

Como se leía y veía en Vicio propio, novela de Pynchon llevada al cine por P. T. Anderson, eran tiempos de complots cósmicos, grupúsculos deschavetados esperando lo imposible y pequeños conflictos personales, los de siempre, que pueden resonar más allá del ámbito familiar, susceptibles de ser indagados al margen de la ley por detectives privados de dudosa procedencia pero muy a tono con el espíritu de la época.

Escrita y dirigida por Shane Black, más cerca de Entre besos y tiros (2005) que de Iron Man 3 (2013), “Dos tipos peligrosos” (The Nice Guys, EU, 2016) arranca con elusivo prólogo que nos pone a tono –el niño robando la revista porno del cuarto de sus papás justo cuando un coche cae a su casa con la modelo retratada en ella– en cuanto a que la realidad se puede parecer mucho a su representación, aunque se trate de las fantasiosas publicaciones para adultos. Cómo estarán las cosas que incluso hacer una película XXX puede considerarse como un acto de protesta.

De ahí nos vamos al desarrollo de la trama, en la que un investigador (RyanGosling, mostrando dotes no vistos para la comedia física) y padre soltero con hija perspicaz (Angourie Rice) es contratado para averiguar acerca del posible suicidio de una estrella del cine porno; en su camino se cruza un golpeador a sueldo que de paso castiga abusadores (Russell Crowe, dejando los papeles lacrimógenos) y juntos a fuerza tendrán que colaborar para ahora también encontrar a una joven extraviada (Margaret Qualley, la chica de The Leftlovers), que resulta ser la hija de la jefa de la policía (Kim Basinger en el lado opuesto de Los Ángeles al desnudo).

En medio de las indagatorias, aparecen grupos y personajes con agendas propias, algún asesino a sueldo (Matt Bomer), una anciana que no ve fantasmas, un adolescente medio vivales y varios enredos que nutren un guion capaz de trascender el mero asunto de la pareja dispareja, logrando desarrollar a sus personajes, encontrar momentos de franco humor negro y crear una atmósfera que remite a una época de una maliciosa inocencia, si cabe el oxímoron. Y en el centro del filme, un par de actores dispuestos a salirse de sus territorios conocidos para crear momentos de bienvenida hilaridad.

Con edición que ayuda a detener y acelerar la trama justo cuando se requiere, evitando caer en una sucesión de piruetas y peleas sin fondo, el filme mantiene su enfoque básico de comedia aderezado con algunas balaceras y persecuciones, pero siempre privilegiando los diálogos sobre los puños. La recreación de la época con sus colores y humores se fortalece con un cuidado trabajo de vestuario y utilería, más como trasfondo y sirviendo a la historia que buscando llamar la atención más de lo necesario.

En cierto sentido, Black actualiza su modelo general de Arma mortal (Donner, 1987), partiendo de un vínculo laboral y afectivo que parte del enfrentamiento para evolucionar hacia el aprovechamiento de las diferencias, orientado a resolver los turbios casos que se presentan e ir salpicando de humor los procesos de indagación, al ritmo de Kool & The Gang, Earth, Wind & Fire, Bee Gees, Herb Alpert & The Tijuana Brass, The Band y America, entre otros sonidos inconfundiblemente setenteros.

UN ESPÍA Y MEDIO

En una escuela nos encontramos con el estudiante popular que todo lo gana y con el que es sujeto de acoso por parte de sus compañeros. El primero es festejado en la ceremonia de fin de cursos y el segundo es lanzado desnudo a la duela, luciendo su exceso de peso. Años después se reencuentran: uno se ha convertido en un contador casado con la novia preparatoriana, escasamente satisfecho con sus logros (como si ello fuera un fracaso) y el otro ha desarrollado un físico impresionante y se dedica, básicamente, a salvar al mundo.

Dirigida en trazo grueso por Rawson Marshall Thurber (¿Quién *&$%! son los Miller?, 2013), “Un espía y medio” (Central Intelligence, EU, 2016) carece de una historia interesante y se refugia, por una parte, en la interacción de sus dos protagonistas, Kevin Hart en el ajo de su histeria y Dwayne Johnson, explotando su simpatía natural aquí siempre ubicuo, y por la otra, en algunas secuencias de acción que combinan con buen timing la adrenalina con el humor. La presencia de Amy Ryan y Jason Bateman refresca una cinta que juega a lo seguro con resoluciones fáciles, aunque cumpliendo exactamente lo que promete.

UNA BUENA NOTICIA

Después de seis años, la Muestra de Cine en León, ahora en su sexagésima edición, se vuelve a proyectar en una sala cinematográfica, como debe ser. Ahora faltaría que estuviera en más horarios, pero vamos paso por paso. Felicidades a los gestores tanto de Cinemex como del Instituto Cultural de León para que tal cosa ocurriera.

cinematices.wordpress.com

Twitter: @cuecaz

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