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Jueves , 19.07.2018 / 05:03 Hoy

Sonido & visión

Champions 2018: cuartos, la vuelta

Fernando Cuevas

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Todo parecía sentenciado por los resultados obtenidos en los partidos de ida. Los dos visitantes ganaron y los locales se llevaron el triunfo con ventaja de tres goles. La vuelta sonaba a trámite. Pero entonces surgen algunos de los ingredientes esenciales de este deporte: la posibilidad de sorpresa, el espacio para la incertidumbre, la alternativa de cambiar el curso de los acontecimientos orientados por la predestinación. El drama. La épica. En general se disfruta más la alternancia que la repetición, si bien se requieren equipos consistentes que generen pasiones de todo tipo cada vez que pisan un campo de juego.

Roma, ciudad abierta

En el torneo local están en un lejano cuarto lugar, a 21 puntos del líder. Su esperanza se concentraba en el certamen continental, al que quizá habían llegado más lejos de lo presupuestado: la goleada en el Camp Nou parecía enterrar cualquier oportunidad celebratoria. Al rival, líder absoluto en su país (todavía), les sobraban oportunidades para el festejo: virtualmente campeones en su liga, final en la copa del rey y con una cómoda ventaja en esta serie para aterrizar en campo enemigo cuando el imperio estaba desahuciado, ya invadido por toda clase de bárbaros. Pero todavía quedaban 90 minutos por jugarse en Roma, esa ciudad abierta a la reconstrucción permanente y al milagro celestial.

La Roma se presentó con la convicción intacta de buscar la remontada sin importar demasiado las consecuencias, como volver a perder y morir en el intento. El Barcelona salió con la idea, contra natura, de administrar el resultado. El imperio estaba caído, pero no acabado. Como mandado hacer y producto de una disposición avasallante, el local se encontró pronto con el primero vía Dzeko, con la consecuente motivación para el local y, del otro lado, una extraña parsimonia, como si no pasara nada. El veterano De Rossi se encargó de anotar el segundo vía penal, faltando poco más de media hora de juego y la visita se mantenía aterida, incomunicada, irreconocible, como esperando un fatal destino dictado en el más allá, que en efecto llegó por medio de un gran cabezazo de Manolas: otro festín para la ciudad eterna.

Duelo al norte de inglaterra

En el torneo local hay 17 puntos de distancia entre estos dos equipos. Como contraste, en la Champions había tres goles de diferencia después del sorpresivo resultado en el partido de ida, en el que el Liverpool aprovechó sus momentos anímicos y tácticos. Ahora, el Manchester City, seguro campeón de la Premier, tenía el trabajo de recuperar la memoria, sacudirse la intensa presión de verse abajo en el marcador y buscar la portería contraria pero sin permitir un tanto del rival, que pondría la situación en un estado inalcanzable. Se confirma que es muy distinto jugar en un torneo local que en uno internacional, aunque el rival sea el mismo: el contexto lo es todo.

Casi saliendo del vestidor, Gabriel de Jesús prendió la luz de la expectativa, ampliada a casi toda la primera parte, en la que los locales fueron al frente generando llegadas de reluciente peligro, incluso consiguiendo el segundo tanto, anulado equivocadamente, si bien el primero no debió contar por falta previa. Éste sí era el City de Guardiola, reconocible por ser habitual dominador del campo, las oportunidades y las esperanzas. Pero los de rojo se quebraron, pero no se rompieron: para la segunda parte, ajustaron líneas y lograron contener los iniciales embates del rival, que fue disminuyendo en acechanza, mientras que el gol del egipcio Salah al 56’ sentenció el asunto, confirmado por el tanto del carioca Firmino al 77’: esta vez, el triunfo fue para los del puerto comandados por el efusivo Klopp.

Buena película, mal final

Con la liga prácticamente fuera de su alcance, el Real Madrid apuesta su capital triunfador en la Champions, ámbito en el cual ha recuperado los últimos años su predominancia, como lo confirmó en su visita a la casa de la Juventus, sacando una ventaja considerable que incluyó un gol que debiera valer por cien. Un gol inmediato de Mandžukić parecía funcionar como vitamina emocional para el desarrollo del partido. Unos cuantos minutos de desconcierto merengue pero poco a poco se empezaron a comunicar para volverse dominadores, si bien la visita, ahora de amarillo, se recogía en sus habitaciones y defendía con atingencia, apostando a la contra: si eran rebasados, ahí estaba el legendario Buffon.

Y la contra funcionó, otra vez culminada con la cabeza del croata para anotar el segundo cuando más dominada estaba la Vecchia Signora. Para la segunda parte, extraño cambio del local: ceder un poco la pelota y esperar a que los de adelante hicieran de las suyas. No sucedió así, sino al contrario, a pesar de los cambios mandados por Zidane. El tercero que significaba el empate global terminó por consumarse en una pelota que suelta Navas y atiende Matuid, en eterno duelo con Modric. El empate global anunciaba unos deliciosos tiempos extras pero cerca del final se marca un penal lleno de dudas: cobra Ronaldo, mejor persona fuera que dentro de la cancha, y se rompe el empate. Los nuevos aficionados del conjunto madrileño deliraban, los viejos, dudaban. Un muy mal final para una gran película, como les pasa a muchas en las pantallas de los grandes estudios.

Hielo alemán

El Bayern Munich, eterno campeón en su país, apuesta fuerte para quedarse con la orejona. Sacó el triunfo en la casa del Sevilla y se presentaba ahora de local para confirmar su previsible pase a la siguiente ronda. Pero el cuadro español se plantó con disposición y durante el primer tiempo, si bien recibió algunas embestidas del gigante alemán, logró mantener cierto equilibrio en el trámite aunque los dos goles necesarios se veían lejanos para el cuadro más modesto de los competidores y que por primera vez en su historia se encuentra en estas instancias.

Para el segundo tiempo, los sevillanos tuvieron sus diez minutos de gloria pero no les alcanzó para concretar. Provocaron un par de opciones de gol que se extraviaron en el destino, mientras los locales pensaban en cómo administrar los minutos restantes. Ahora resulta que el equipo alemán nos salió más calculador que los italianos, controlando espacios y movimientos para evitar cualquier accidente. El cuadro español se despide del certamen dejando una muy grata impresión de la que sus seguidores pueden sentirse orgullosos: no cualquier equipo le planta cara al Bayern en su propia casa y lo obliga a ser cauto.

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