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Viernes , 20.07.2018 / 10:13 Hoy

Neteando con Fernanda

¿Y ahora qué?

Fernanda de la Torre

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"Vas a estar bien", le repetía a mi hermana después de que nos comunicó su separación. Ella, desde luego, veía todo negro y no creía que la felicidad fuera parte de su vida en el futuro.

Su proceso me hizo recordar el mío, lo sola que me sentía y la cantidad de errores que cometí, que tuvieron repercusiones en mi vida y —desafortunadamente— en la de mi hijo. La escuela no nos da cursos de cómo terminar una relación, así que cuando la vida nos pone la prueba muchas veces reprobamos.

Recuerdo que cuando le dije a mi hermana que estaba segura que de ese golpe saldrían muchas cosas positivas me miró como si hablara en sánscrito. Empecé a escribirle una carta pensado que quizá sería más fácil de leer y reeler y que le llegara el mensaje de que, a pesar del terrible dolor que estaba sintiendo, con el tiempo estaría mejor.

Una ruptura amorosa es algo que casi todos hemos vivido. Las estadísticas a escala mundial indican que el número de matrimonios va a la baja mientras que el de divorcios va al alza. Las probabilidades de que un matrimonio termine en divorcio son cerca de 43 por ciento en Estados Unidos y un poco menos en México.

Poner punto final a relación no es fácil. Después de todo, nadie se casa para divorciarse ni entra a una relación amorosa esperando que termine. Resulta doloroso constatar que esa relación, por la que apostamos, no tiene futuro; sin embargo, quedarse por años en una mala relación resulta mucho más doloroso. Muchos dicen que el divorcio es un fracaso. Creo que deberíamos quitarnos esa idea de la cabeza. El divorcio solo pone fin a una historia de amor. Y quizá es un buen momento para redefinir qué entendemos por "fracaso", ya que si pensamos que es un "éxito" quedarte durante años atrapada en una mala relación sin amor y con abusos, necesitamos ayuda profesional urgente.

Si bien no es un fracaso, una ruptura es un fuerte golpe. No importa quién haya tomado la decisión o por qué haya sucedido. Además de la pérdida de la pareja, se rompen todas nuestras expectativas. Adiós planes de vacaciones o de envejecer juntos. Tu vida cotidiana cambia, cosas que eran rutina —como comer los domingos juntos con los suegros o el martes con los cuates— se terminan. No importa si de alguna manera ya lo veíamos perfilarse en el horizonte o si fue una decisión repentina y unilateral, es algo que no deseamos que sucediera. Nos enfrentamos a una situación desconocida. Si dicen que no sabes bien con quién te casas, definitivamente tienes mucho menos idea de saber de quién te divorcias y qué tipo de reacciones, por el dolor de esta ruptura, van a despertar en ambos.

De acuerdo con especialistas, el divorcio se cuenta entre los más grandes dolores de la vida; sin embargo, a diferencia de otras dolorosas pérdidas, de una ruptura amorosa sí podemos obtener cosas positivas. Es un muy buen momento para evaluar si vamos a dónde deseamos ir, hacer cambios y valorar lo que queremos y lo que no de una relación. Sí, el dolor es grande, pero grandes son las cosas que podemos aprender de la experiencia.

Con el tiempo nos damos cuenta que el que haya terminado es lo mejor que pudo haberle sucedido a ambos y, si tienen hijos, a ellos también. Una ruptura amorosa —en muchos casos— no marca el fin de una relación, hay parejas que han logrado ser amigos y se apoyan mutuamente.

La carta para mi hermana, con la que traté de evitarle tropezones y errores que cometí, para decirle que con el tiempo estará bien y verá lo positivo del asunto, creció hasta convertirse en libro: ¿Y ahora qué? Guía para sobrevivir truenes y divorcios, publicado por Editorial Océano. Otra cosa positiva fruto de mi divorcio. El martes primero de diciembre a las 19:00 horas voy a presentarlo en el Salon Juan José Arreola, en la Feria Internacional del Libro (FIL) en Guadalajara, acompañada de tres queridos amigos: Mónica Garza, Gabriela Enríquez y Yuri Zatarain. Ojalá ustedes también puedan acompañarme. Entre los asistentes, por supuesto, estará mi hermana.

Entiendo que no es positivo querer tener la razón y lo terrible que es decir: "Te lo dijeeee", como aquel anuncio del entonces IFE hoy INE; sin embargo, en este caso me da mucho gusto poderle decir a mi hermana cuando la veo tan contenta y reinventándose: "¡Ahhh, ya ves, te lo dije".

fernanda@milenio.com
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