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Neteando con Fernanda

Una década o Khety tenía razón

Fernanda de la Torre

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En la Tjel, ciudad del antiguo Egipto, durante el Reino Medio, un hombre llamado Dwa-Khety describe a su hijo Pepy las bondades de elegir la profesión de escribano, exagerando lo negativo de otras profesiones, en lo que se conoce como instrucción o Sátira de los oficios. Aquí unos fragmentos:

“...He visto golpes y más golpes: es en las escrituras donde debes poner tu corazón.

He observado que se pueden evitar las fatigas: ¡Mira, no hay nada mejor que escribir!

Es como una barca sobre el agua.

(...) Haré que ames los libros más que a tu propia madre, haré que sus bellezas penetren en ti.

Es el mayor de todos los oficios, no hay otro igual sobre la tierra.

(...) ¡Mira! No existe un oficio sin un jefe, excepto el de escriba, porque es él el jefe. Si sabes escribir, te irá mejor que en cualquiera de los oficios que te he presentado.”

Puedo imaginar a Khety hablando con pasión a su hijo del oficio de escribano, tratando de que el joven, quien quizá preferiría ser herrero o escultor, comprendiera la belleza de poner una letra detrás de otra —jeroglíficos en su caso— para contar algo. 4 mil 500 años después me siento cercana a ese hombre que vivió en el Delta del Nilo. Si tuviera hoy que aconsejar a Pepy, a mi hijo o a quien me preguntara, le diría que Dwa-Khety no exagera: no hay nada mejor que escribir y si alguien cree que ahí está su corazón, debe seguir sin dudar ese camino.

Recuerdo las palabras de Khety hoy, porque hace una década empecé a escribir “Neteando con Fernanda” en este diario y ha sido una experiencia profundamente enriquecedora en mi vida. Además de cumplir una década escribiendo para MILENIO, cumplo un lustro de escribir para Contenido y trabajar en UnoTV.

El 31 de octubre de 2004 MILENIO publicó mi primera columna titulada “El Houdinazo”, que hablaba de los hombres que no tienen valor para terminar una relación y prefieren escapar, cual el ilusionista Houdini. Los astros se alinearon y desde entonces he escrito todos los domingos interrumpidamente. No hay palabras para expresar mi gratitud para Román Revueltas, quien envió mi columna a MILENIO; a Horacio Salazar, quien la recibió y se solidarizó con mis ideas y, desde luego, a Carlos Marín y Francisco González por la oportunidad. También a Néstor, Rafael, Ángela y Gabriel, quienes han editado mis palabras en ésta década. Como he comentado en otras ocasiones, esta columna me cayó del cielo. Había escrito el artículo para una revista y la editora ni lo miró. Se lo comenté a Román, y él lo mandó a MILENIO. Horacio lo editó y días después lo publicó. No me enteré de que me habían publicado hasta un día después. De un rechazo surgió una de las oportunidades más importantes en mi vida.

Hace tiempo Román Revueltas comentó que cuando tiene un día difícil encoge los hombros y piensa: “No importa. Soy director de una orquesta”. Desde ese feliz 31 de octubre, hace 10 años, a mí me sucede algo similar. Cuando algo no funciona y no sé ni para donde voy, tal como Khety lo describió a su hijo, pienso en este espacio como una barca sobre el agua, un refugio. Encojo los hombros y repito para mis adentros: “No importa, tengo mi columna”.

Plasmar nuestros pensamientos en un papel es maravilloso, pero para mí la verdadera magia está en compartirlos. Finalmente esa es la razón por la que publicamos en blogs, libros o columnas, y no dejamos nuestras ideas en nuestro diario o en un folder escondido en la computadora. Por eso estoy tan agradecida por tener este espacio. Adoro tener posibilidad de compartir mis reflexiones y enriquecerme con los comentarios de quienes me leen. Durante estos 10 años sus opiniones y críticas han sido de gran valor para mí. Gracias.

Esta columna me ha abierto las puertas para otras oportunidades como escribir para la revista Contenido, mi trabajo en UnoTV, compartir los micrófonos con la gente maravillosa de RMX, dos libros publicados y otro que verá la luz pronto. Además de trabajar con gente excepcional, he tenido la fortuna de escuchar y entrevistar para este espacio a escritores, periodistas, directores, maestros espirituales, científicos, médicos, gente extraordinaria como el beisbolista Hank Aaron, un ejemplo de humildad y sencillez.

Quizá a Khety le faltó hablar de ese terror de estar frente a una hoja en blanco sin que las musas respondan aunque les grites con desesperación, mientras se acerca la hora de entregar la columna. Este oficio, como bien dicen los que saben, es 90 por ciento sudor y 10 por ciento inspiración. Cuando finalmente logras plasmar lo que quieres decir en un papel, hay que leer y corregir una y otra vez. No importa. Vale la pena. Dwa-Khety tiene razón: no hay nada mejor que este oficio. Gracias, de verdad, por leerme y por permitirme contar con estos espacios.

fernanda@milenio.com

http://www.milenio.com/blog/fernanda

Twitter http://twitter.com/FernandaT

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