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Domingo , 27.05.2018 / 10:35 Hoy

Neteando con Fernanda

Un ejemplo como Shakespeare para dejar huella

Fernanda de la Torre

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En noviembre de 1611 se estrenó en el Palacio de Whitehall una obra de teatro. Al evento acudieron el monarca Jaime I, miembros de la corte y personajes importantes del momento. La obra fue profusamente aplaudida por la selecta concurrencia. El autor agradeció inclinándose ante ellos. En ese momento nadie podía imaginar que entre todos aquellos poderosos y acaudalados asistentes estaba quien sería recordado en casi todos los países del mundo cinco siglos después y que no serían ellos, sino el autor de la obra: William Shakespeare.

Hay billones de seres en este planeta. Pocos son conocidos al grado de que su nombre ya no requiere más explicación, como Aristóteles, Dante o Leonardo. ¿Qué es lo que nos hacer ser recordados por los demás? El poder y el éxito —que nos parecen tan importantes— no son indispensables. La mayoría de los asistentes a esa función en Whitehall eran más ricos y poderosos que El Bardo y probablemente la única razón por la que los conocemos hoy es por haber estado en ese evento. Varios de los títulos nobiliarios que en ese momento eran tan importantes hoy han desaparecido; sin embargo, la obra de Shakespeare se sigue representando, leyendo, comentando y estudiando en el siglo XXI. Sus historias no han perdido vigencia: sentimos celos, como Otelo; avaricia, como Shylock y tenemos amores desafortunados, aunque no tan trágicos, como Romeo y Julieta. Para cualquier actor que se respete, representar a los personajes de El Bardo es un honor. La lectura de sus obras se considera indispensable y en la fecha de su muerte (que se supone es la misma que la de Cervantes), se conmemora el Día del Libro.

Si bien no todos llegaremos al estatus de celebridad, sí seremos recordados por quienes nos conocen y no necesariamente tenemos que estar muertos para ello. Cuando alguien nos conoce en un mal momento (que todos tenemos) nos recordarán como una persona insoportable, o si hubiera una cámara de video cerca podemos pasar tristemente a la celebridad como el lord de no sé donde o la lady tal o cual. Quienes nos conozcan en un buen momento (afortunados ellos) recordarán de nosotros gratos instantes de solidaridad o bondad. Probablemente, muchos nos recuerden de una forma que no nos parece cercana a lo que pensamos que somos.

Shakespeare es un ejemplo claro de que el talento puede perdurar por siglos, mucho más que el poder y el dinero. La búsqueda de la seguridad económica y el éxito, poder o fama son importantes. Pasamos mucho tiempo tratando de asegurarnos un patrimonio y hacer las cosas "como se debe" en vez de preguntarnos qué es lo que nos gusta hacer, qué es lo que amamos.

Quizá debemos preocuparnos más por encontrar qué es lo que nos gusta hacer y para qué tenemos habilidad, y esforzarnos en ello. Primero por nosotros, porque cada uno escribe su propia historia, y después porque lo que hacemos tiene un impacto en los demás, y aunque nuestra esfera de influencia no sea tan grande como la de Aristóteles, Darwin o Sócrates, nuestro trabajo puede hacer una diferencia en la vida de los demás. Ya sea quien cocina delicioso o se esmera en que cuando estés en su casa te sientas bien, quienes están siempre dispuestos a escucharnos o son generosos.

Existen defectos que opacan cualquier cualidad (digamos que nadie quiere contratar a alguien que sea muy capaz, pero deshonesto) y hay cualidades que borran, en nuestros ojos, cualquier defecto como ese apoyo que recibimos cuando nos sentíamos en un callejón sin salida. Pocos nos conocerán como realmente somos: un diamante con múltiples facetas, unas mejores que otras. Solemos etiquetar a otros y quizá a nosotros mismos por una de esas facetas: "el avaro", "el celoso", etcétera, cuando en realidad somos mucho más que eso.

¿Qué queremos dejar a esas personas que nos conocen durante unos minutos? No se trata de un recuerdo para cuando ya no estemos aquí, sino a nuestros compañeros de trabajo, familiares, amigos o amantes. De alguna forma u otra vamos a "pasar a la historia", pero depende de cada uno cómo se escribe esa historia y para quiénes. Por ello, es buen momento de pensar si nuestras prioridades están claras y si estamos dejando en los demás la huella que queremos. No sabemos quién nos va a recordar ni por qué, así que ojalá que el recuerdo que dejemos sea bueno.

Posdata: para quienes leyeron mi artículo de la semana pasada, les comento que el lunes me habló Marcos Mustri para disculparse y, a fin de resarcir el daño causado, se ofreció a conseguirme otro departamento. Estamos en ello.

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