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Miércoles , 20.06.2018 / 09:13 Hoy

Neteando con Fernanda

Trump y sus anacrónicos certámenes

Fernanda de la Torre

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Los polémicos e infundados comentarios de Donald Trump han puesto varios temas a debate. En Estados Unidos hubo quien defendió la libertad de expresión del señor Trump, analistas políticos se preocuparon por sus aspiraciones presidenciales y, por supuesto, se debatió el tema de la migración y fronteras.

Los comentarios de Trump hicieron que varias empresas “pintaran su raya” y dejaran de tener tratos con el magnate, como NBCUniversal, Ora TV, Univisión, Macy’s y Televisa. Aplausos para ellas. Nuestra Belleza México anunció que NO participaría en el certamen de Miss Universo, lo que me parece un acierto. Dada la coyuntura, creo que es un momento ideal para repensar si es buena idea participar en ese tipo de concursos, que muchos consideran machistas, misóginos, sexistas, degradantes, etcétera.

En lo personal, además de coincidir con algunos de los calificativos anteriores, considero que el certamen es anacrónico. Mientras que en el mundo se discuten temas de equidad, cuotas de género, el efecto de la publicidad en la autoestima y aparecen campañas de belleza real, me cuesta trabajo entender que existan todavía concursos que califican a la mujer por su belleza. Lo siento pasado de moda, ajeno a la realidad y la problemática femenina del siglo XXI.

Desde luego que no hay nada de malo en tratar de vernos bien o sentirnos bellas, al contrario; sin embargo, calificar a una persona por su apariencia (aunque los organizadores digan que no, lo cierto es que las preguntas pesan mucho menos que el paseo en traje de baño) es algo que no está en concordancia con las tendencias actuales. La explicación es sencilla: Miss Universo vio la luz el sábado 28 de junio de 1952. Acudieron 30 representantes, resultando ganadora la finesa Armi Kuusela. Ahí está la clave. Con más de seis décadas a cuestas, hace tiempo que pasó su fecha de caducidad. ¿Qué tiene en común una mujer de 18 años hoy con otra de dos generaciones atrás? Los tiempos han cambiado.

Para darnos una idea de cómo era el mundo cuando la empresa Pacific Mills organizó su primer Miss Universo, recordemos que en EU la canción que estaba en primer lugar esa semana era “Here in My Heart”, de Al Martino. ¿Les suena? La rola que ponía a bailar a los ingleses era “Auf Wiederseh’n Sweetheart”, de Vera Lynn. Esta tampoco les suena, ¿verdad? El Premio Nobel de Medicina lo ganó Selman Abraham Waksman por su descubrimiento de la estreptomicina, el primer antibiótico efectivo en contra de la tuberculosis. El Oscar a la mejor película se lo llevó The Greatest Show on Earth, dirigida por Cecil B. DeMille, con Charlton Heston y Betty Hutton. En México la película en boca de todos era Dos tipos de cuidado. La portada de la revista Time de esa semana la engalanaba Commodore Harry Manning.

En ese año que coronaron a Armi Kuusela se televisó el funeral del Rey Jorge VI de Inglaterra, el Che Guevara iniciaba su viaje por América con Alberto Granado, Evita dio su último discurso y en México el ingeniero Guillermo González Camarena inaugura de forma oficial Canal 5 en un festival del Día de las Madres. Estamos hablando de cuando Adolfo Ruiz Cortines empezaba su presidencia, el Museo de Antropología no existía y los doctores anunciaban cigarros. Los temas de género y liberación femenina eran casi desconocidos, faltaba un año para que la mujer pudiera votar en México y no existía la píldora anticonceptiva.

Quizá el certamen organizado por Pacific Mills respondía al zeitgeist o al espíritu de la época, pero está claro que no tienen nada que ver con el de 2015. Desconozco si en 1952 la preocupación principal de las mujeres era ganar un certamen de belleza, pero seis décadas después estamos preocupadas por otros temas.

Hoy, más que un concurso, buscan terminar con los estereotipos y tener un concepto de belleza más amplio, que reconozca la que posee cada una. Las mujeres de hoy estudian, trabajan, son madres y se preocupan por su apariencia, pero también por su salud, corren, meditan, ligan, cuidan a sus hijos, trabajan y sí, se dan tiempo para estar guapas, pero no es lo que las define.

No es cuestión de satanizar, pero sí creo que debemos repensar —más allá de Trump— si lo que refleja este tipo de concursos es positivo, si fomenta la autoestima, si empodera y está de acuerdo con las inquietudes de las mujeres de hoy en día y valorar la conveniencia de participar en este tipo de certámenes.

Deberíamos pensar en un concurso que fomentara que hubiera más bellezas como Malala Yousafzai, Aung San Suu Kyi, Tawakel Karman, Marie Curie, Alice Munro, Jodie Williams, merecedoras un Nobel. Un concurso que, más que elegir a una mujer como “la más bonita”, haga sentir bellas a todas las demás.

fernanda@milenio.com

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