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Neteando con Fernanda

Terror a la soledad

Fernanda de la Torre

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Sin duda, una buena compañía es invaluable y es difícil pensar que hay una mejor manera de pasar el tiempo que con alguien que queremos; sin embargo, no todos los momentos de nuestra vida podemos estar acompañados. Hay momentos (muchos) en los que estaremos solos y no es necesariamente malo. Al contrario, podemos aprovechar esos momentos para reflexionar sobre el rumbo que estamos tomando y ver si nos gusta, darnos un espacio para la creatividad o el descanso, pero lejos de entenderlo, la idea de estar solos no solo no nos gusta, sino que a veces hasta nos aterroriza.

Hay una escena en la película Jerry Maguire—protagonizada por Tom Cruise y Renée Zellweger— que ilustra el miedo a la soledad.

Dorothy: Exacto. Yo sé lo que necesitas en este momento. Estar a solas con tus pensamientos. Encontrar qué fue lo que falló, y resolverlo solo. Solo, solo, solo.

Jerry: ¿Quieres ir a cenar?

Dorothy: ¡Claro!

Dorothy logró que Jerry la invitara a salir, haciéndole darse cuenta de cuán solo estaba. Conocía perfectamente el terror que Jerry sentía a la soledad, así que lo usó para que la invitara a salir. ¿Quién no ha estado en los zapatos de Jerry o Dorothy? Supongo que todos en algún momento hemos tenido miedo a estar solos o nos hemos aprovechado del temor de alguien más.

En términos de aprender a entender y disfrutar la soledad, las redes sociales no son de gran ayuda.

Estamos acostumbrándonos a compartirlo todo en ellas y esperamos recibir una retroalimentación inmediata de lo que compartimos. Cuando esto no sucede, nos preocupamos, surge la frustración y una gran inseguridad sobre nosotros. ¿Por qué nadie responde a mi tuit o comparte mi frase en su muro? ¿Dónde están los “me gusta”? ¿Qué pasa conmigo? ¿A nadie le importa lo que digo? Terror. El mundo virtual proporciona una ilusión de compañía y amistad con un sinfín de personas, muchas de las cuales posiblemente no hayamos visto jamás e incluso puede que ni siquiera conozcamos sus verdaderos nombres.

La soledad es una realidad temida. ¡Cuántas tonterías hacemos porque no nos gusta estar solos! Hay quienes se enredan en relaciones desastrosas por no querer estar solos. De ahí el dichoso “peor es nada”, esa persona que elegimos aunque no es en realidad la persona que quisiéramos. Tristemente es con quien nos conformamos, porque creemos que la soledad es una realidad dolorosa. Cuando las cosas —obviamente— no funcionan con el “peor es nada”, buscamos a otro “peor es nada” inmediatamente. Lo que sea, menos estar solos.

Conozco a hombres y mujeres que si no tienen una pareja que los acompañe a un evento, prefieren no asistir, punto. Sienten que esa soledad los hace parecer como unos auténticos perdedores. Antes de criticarlos deberíamos ser honestos y recordar que muchas personas —llevadas por prejuicios— piensan que si alguien no tiene pareja se debe a que hay algo “raro”. Puede tener un defecto grave o un carácter terrible e insoportable, algo. Les es imposible explicar que no tengan a alguien a su lado por otra razón. Una mujer divorciada, mientras no vuelve a casarse, a los ojos de muchos, no ha podido “rehacer “su vida. ¿Acaso alguien divorciado y sin pareja significa que tiene su vida deshecha hasta que encuentre nuevamente a un compañero? Independientemente de que tenga una vida plena, con un trabajo satisfactorio, amigos entrañables, hijos adorables, esa parece ser la sentencia social…

Alguna vez escuché a un amigo sin trabajo que pensaba rentarse como acompañante de bodas. “Soy guapo, bailador y buen conversador, la persona ideal con quien ir a una boda. Hay tantas mujeres que detestan ir a eventos solas que no dudo que será un buen negocio”. Yo tampoco, y debo de confesar que hasta me sorprende que no exista todavía un negocio así.

Quizá una de las más difíciles lecciones que tenemos que aprender como adultos es a estar solos. Es necesario darnos cuenta de que hay quienes nos podrán acompañar, pero no sabemos si estarán siempre con nosotros. Ya sea porque la vida los lleva a otros destinos o porque la relación termina. Hay que aprender a acompañarnos, escucharnos y entender que no se acaba el mundo si estamos solos. A disfrutar nuestra propia compañía y definirnos por nosotros mismos, no por quien está a nuestro lado. Por supuesto que es muy saludable ampliar nuestro círculo de amigos o anhelar una pareja y hacer algo al respecto. Lo grave es cuando la decisión de estar en una relación no viene del gusto de estar con otra persona, sino del terrible miedo a estar solos.

fernanda@milenio.com

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