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Martes , 11.12.2018 / 08:10 Hoy

Neteando con Fernanda

Ser zurdo en el siglo XXI

Fernanda de la Torre

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Soy zurda, pertenezco a ese 10 por ciento de seres humanos que utilizan su mano izquierda para escribir. Puedo decirlo sin avergonzarme y sin temer a las consecuencias. Eso sí, reconozco que cuesta trabajo adaptarse a un mundo al revés. Dado que la mayoría de las personas son diestras, los inventos prácticos están, lógicamente, diseñados para ellos. Las cerraduras son un problema; atornillar y desatornillar, otro, y ni para qué hablar de los abrelatas. Me adapté a tijeras, pupitres y cuadernos para diestros, ver las barajas al revés y a un sinfín de cosas que a un diestro jamás le preocuparían. Afortunadamente no manejo sierras eléctricas o armas, ya que también están diseñadas para los diestros. Fuera de estos menesteres, debo confesar que me gusta ser zurda y me emociona encontrar a otros que utilizan la mano izquierda igual que yo.

Desafortunadamente no siempre ha sido así. De haber nacido en la España de Franco o en el México prerrevolucionario me hubieran atado la mano izquierda a la silla para que no usara mi mano izquierda para escribir. Así le sucedió a mi abuelo Francisco, zurdo de nacimiento, quien a base de reglazos y regaños aprendió a escribir con la mano derecha y fue ambidiestro hasta el fin de sus días. En las culturas árabes me considerarían “sucia”. Los inuits hubieran asegurado que por usar la mano izquierda era una hechicera o chamán. Mientras que si hubiese vivido en el pasado en Japón, y mi marido hubiese descubierto que era zurda (condición que había que esconder) tendría las bases para divorciarse de mí. Por injusto que eso parezca, hubiese sido mucho peor haber nacido en la Edad Media, ya que hubiera vivido con el pendiente de que me acusaran de brujería y tener la marca del diablo por el simple hecho de mi lateralidad. Recordemos que la palabra “siniestro” es la forma culta de decir izquierdo (a diestra y siniestra) pero también la palabra que se usa para definir lo sombrío y aciago; por ello, desde hace siglos se ha relacionado lo izquierdo con lo negativo. Recordemos que los “justos se sientan a la derecha del padre; si te levantas con el pie izquierdo te augura un mal día. No es un cumplido tener dos pies izquierdos a la hora de bailar. Algunos llaman hijos “de la mano izquierda” a los nacidos fuera del matrimonio.

Las cosas han cambiado mucho para nosotros. Desde los años 70, ser zurdo no se considera un defecto, sino una condición. A pesar de que todavía quedan muchas dudas de cómo y por qué se nace zurdo, hay grandes ejemplos de inteligencia o destreza prodigiosa como la de Einstein, Da Vinci, McCartney, Bowie o Messi, como para preocuparse por tener hijos zurdos. Al contrario, para muchos puede ser algo deseable. De hecho cuatro de los seis últimos ocupantes de la Casa Blanca han sido zurdos (George W. Bush y Trump son diestros).

Podemos decir que somos un ejemplo de cómo una minoría puede ser aceptada perfectamente a la sociedad. Hay productos para nosotros, nadie te ve como bicho raro o pretende limitar tus oportunidades escolares, laborales o matrimoniales por escribir con la mano izquierda. ¿Qué sucedió? Creo que principalmente la ciencia aportó la evidencia suficiente para que nadie pensara que ser zurdo era diabólico. Desafortunadamente no sucede lo mismo con otras minorías. Todavía hoy, en pleno siglo XXI, hay quienes siguen siendo abusados, menospreciados o discriminados por el color de su piel, género, creencia u orientación sexual. Conductas que no deben tener cabida en nuestra vida. Es indispensable que todas las minorías puedan estar orgullosas de serlo y apreciemos la diversidad. Finalmente son características, no defectos, la sal y pimienta de la vida.

fernanda@milenio.com

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