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Sábado , 22.09.2018 / 14:40 Hoy

Neteando con Fernanda

¿Palabra de honor o de horror?

Fernanda de la Torre

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La palabra tiene fuerza. Lo que decimos en congruencia con nuestras acciones nos define, nos guste o no. Si decimos que llegaremos a tal hora y no lo hacemos somos impuntuales. Si no hacemos lo que dijimos que haríamos, incumplidos. Si decimos algo contrario a lo que sucedió, mentirosos. Hubo una época en que la palabra empeñada era una cuestión de honor. Bastaba un apretón de manos para que el acuerdo al que se había llegado se considerara un trato vinculante. Si alguien decía "te doy mi palabra de honor", era inconcebible pensar que se estaba mintiendo. Tristemente (no sé bien cuándo) dejamos de darles valor a la palabra para pasar al "papelito habla" y las cuestiones de "honor" pasaron a ser relativas.

Esta semana viví un recordatorio de lo anterior. Les cuento: desde hace unos meses empecé a buscar un departamento. Nada lujoso, pero después de años logré juntar unos "ahorritos" que junto con un crédito bancario y el Infonavit me permitían comprarlo. Pasé muchos fines de semana buscándolo hasta que encontré el departamento perfecto. Fue amor a primera vista y así se lo hice saber a Edmond Tuachi, el agente de bienes raíces. Edmond pasó la oferta y me dijo que el propietario Marcos Mustri había aceptado. Estaba feliz. Mi amigo José Luis revisó el contrato de compraventa (que no estaba a nombre del señor Mustri sino de la empresa constructora ZKC Vivienda, para evitar tener que escriturar dos veces, me explicaron).

Un día antes de la firma del contrato, Edmond me llamó y me dijo que no había necesidad de firmar nada. Que Marcos me daba su palabra de honor de que me vendería el departamento; que lo considerara mío, pero debido a que otra compradora lo había demandado prefería que fuera así. Ofrecí darle un cheque como garantía. Me dijo que no había necesidad y que no me preocupara.

Durante un mes me pasé llenando formatos y consiguiendo todos los papeles que solicitan para el crédito. Cualquiera que haya pasado por estos trámites ya sabe cómo es. Dijeron que preferían el crédito con otro banco y comencé el papeleo de nuevo. El banco me autorizó el crédito en pocos días. Pagué el avalúo y cuando abrí la cuenta de cheques que te piden como requisito, pregunté cuánto tardarían en darme el dinero y el gerente me dijo: "Usted ya no tiene ningún problema para firmar, lo único que podría retrasar el crédito es que el inmueble tuviera problemas. Muy bien, ya solo faltaba la firma del contrato. Le escribí a Edmond para ponernos de acuerdo y no me respondió. Me pareció raro.

El viernes por la mañana tenía un correo de Marcos Mustri. Lo abrí pensando que era para ponernos de acuerdo sobre la firma del contrato. Resulta que no. En el correo decía que había vendido el departamento a un cliente que le pagó en efectivo. Que lo lamentaba mucho, pero que el desarrollo había tenido muchos problemas con los créditos debido a la norma 26 y los avalúos bajos y por ello él todavía no había podido escriturar los departamentos que había vendido hace seis meses. Casi me caigo de la silla. No podía creer lo que leía. Todo el tiempo, dinero y esfuerzo invertido en el proyecto habían sido en vano. La palabra que me había dado de que el departamento era mío fue una gran mentira. Lo primero que pensé fue: "Ya ves, debiste insistir en la firma del contrato".

Hablé inmediatamente al banco para ver si podía recuperar el dinero del pago del avalúo y la misma agente que me ayudó a gestionar el crédito no lo podía creer. Después de cientos de correos ella también estaba segura que firmaríamos. Edmond, muy apenado por la conducta de su cliente me envió las fotografías del chat, en donde él mismo le decía al dueño que no era una conducta aceptable. Finalmente él también trabajó en balde. Le comenté a un amigo que también anda en los mismos trámites y me comentó que a él se le habían caído ya dos ofertas cuando decía que pagaría con crédito, que se estaba volviendo una práctica común. Según me explicó, los vendedores prefieren efectivo al crédito porque así pueden escriturar a precio más bajo y pagar menos impuestos. No sé si sea el caso o la intención del señor Mustri, pero lo cierto es que un departamento no se vende en un día y podía haberme evitado perder mi tiempo. Si no quería que le pagaran con crédito lo hubiera dicho desde un principio. Hay mejores formas de deshacer un trato. Bien dicen que no debes tratar a los demás como no quisieras que te trataran y estoy segura de que al señor Marcos Mustri no le gustaría que lo traten así.

fernanda@milenio.com
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