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Martes , 17.07.2018 / 18:13 Hoy

No es un tema de puritanismo Catherine, sino de violencia

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Hace unas semanas escribí una columna titulada “¿Se puede separar el arte de su creador?” (http://www.milenio.com/firmas/fernanda_de_la_torre/acoso_sexual-kevin_spacey-arte-picasso-caravaggio- transgresion_18_1086671334.html) en donde me cuestionaba si es posible admirar una obra de arte sin tomar en cuenta los pecados de su creador. Supongo que por ello me preguntaron vía Twitter mi opinión sobre el manifiesto de 100 artistas e intelectuales francesas en contra del “puritanismo sexual” que fue publicado por el diario francés Le Monde (se puede leer la traducción del comunicado aquí: https://www.infobae.com/america/mundo/2018/01/09/el-manifiesto-completo-de-las-intelectuales-francesas-contra-el-metoo/) el lunes pasado, un día después de que el movimiento de protesta #MeToo en contra del abuso sexual hubiera teñido de negro la entrega de los Golden Globe Awards. Las mujeres que forman el colectivo francés aceptan que la violación es un crimen, pero el coqueteo insistente o torpe no lo es, ni la galantería es una agresión machista. Respondí a la pregunta de Baltazar con la brevedad que permiten 280 caracteres; sin embargo, quiero utilizar este espacio para profundizar más sobre el tema.

El “manifiesto” está equivocado desde el primer párrafo al equiparar el acoso sexual que denuncia la campaña #MeToo con la seducción, por torpe que sea. El acoso no tiene NADA que ver con sexo o seducción (que se relacionan con respeto y placer) sino con el poder, violencia, agresión o sometimiento. Si bien las firmantes defienden la indispensable libertad de ofender e importunar, el que una mujer tenga que soportar las caricias de su jefe para no perder su puesto no tiene nada que ver con dicha libertad. Tampoco es una seducción torpe o burda o un flirteo insistente, es violencia. En palabras de la doctora en psiconálisis Alexis Schreck, “hay una gran diferencia entre seducir y acosar. Puedo distinguir perfectamente entre un intento de seducción torpe y el acoso.” Coincido con ella. Quien lo ha vivido entiende —y muy bien— la diferencia.

Contradictoriamente, el manifiesto comienza aceptando que la violación es un crimen; sin embargo, critica las manifestaciones contra una retrospectiva dedicada a la obra Roman Polanski en París. El señor (sic) Polanski fue encontrado culpable de drogar, violar y sodomizar a una menor y recientemente fue acusado por otra mujer por el mismo delito. ¿Por qué no habrían de manifestarse? Es absolutamente lógico y válido. ¿Por ser “artistas” merecen que se les perdone todo? ¿Están por encima de la ley?

Antes de morir en 2011 la actriz francesa María Schneider, en una entrevista para el Daily Mail, narró como Marlon Brando y Bernardo Bertolucci se pusieron de acuerdo durante la filmación de El último tango en París y le ocultaron los pormenores de la explícita secuencia en la que Brando la sodomiza con la ayuda de mantequilla como lubricante. El director quería que no fingiera la humillación, sino que la sintiera (http://www.dailymail.co.uk/tvshowbiz/article-469646/I-felt-raped-Brando.html). Bertolucci confirmó la historia en 2013 y tiempo después se desdijo y comentó que Schneider siempre estuvo al tanto de todo. Quizá nunca sabremos la verdad, pero es un gran ejemplo de la confusión de las firmantes del manifiesto. Puritanismo sería prohibir que se hagan películas como El último tango en París. Lo que pretende el movimiento #MeToo no es prohibir la creación artística, sino evitar que mujeres vivan una agresión como la de Schneider. Sí, como expresan en el manifiesto, un artista tiene la libertad de incomodar, ofender o perturbar al público con su obra, pero nunca de agredir a otro ser humano para realizarla. Cabe mencionar que este evento marcó la vida de Schneider, ya que la violencia destruye, máxime si es silenciada. Deshace por dentro. Poder contestar, actuar, nombrar, denunciar es sacar la agresión para que ya no te mortifique.

El contenido del manifiesto —que ha sido ampliamente criticado— resulta muy peligroso al minimizar las agresiones sexuales, como expresó Marlene Schiappa, secretaria para lgualdad en Francia. Lo único rescatable —en mi opinión— del manifiesto es señalar la importancia de no caer en extremos. Las redes sociales nos llevan a actuar sin pensar y lo que menos queremos es una “cacería de brujas” donde se ataque a individuos a los que no se deja la posibilidad de responder o defenderse. El tratar como acoso a los torpes o burdos intentos de seducción es igual de peligroso que no denunciar una agresión.

fernanda@milenio.com

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