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Domingo , 22.07.2018 / 02:25 Hoy

Neteando con Fernanda

'La puerta del Infierno'

Fernanda de la Torre

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En unos instantes la tela que la cubría cayó al suelo y quedamos boquiabiertos al ver la obra que ni siquiera su autor pudo ver terminada en vida. Ante nuestros ojos, con sus seis metros de altura y 6 mil 700 kilos de peso, estaba La puerta del Infierno, obra maestra de Auguste Rodin, referente en la escultura del siglo XX, con una historia tan fascinante como ella misma.

La historia comienza en 1880, cuando Edmond Turquet, ministro de Bellas Artes de Francia, encomienda a Rodin —entonces de 40 años— la creación de una puerta monumental para el Museo de las Artes Decorativas. El proyecto del museo fue cancelado, lo cual fue un duro golpe para el escultor, quien continuó trabajando en La puerta del Infierno durante el resto de su vida.

La escultura está inspirada por La Divina Comedia, de Dante Alighieri. Quizá el primer misterio de la puerta es que no puede abrirse ya que las figuras se mezclan entre sí y no tiene un mecanismo de apertura. Lo que me llevó a pensar si están así porque el infierno es un lugar sin salida o si el mensaje de Rodin es más bien de esperanza, y por ello no puede abrirse la puerta que nos llevaría al sufrimiento eterno.

La imagen general es de caos. Los personajes no están solos, se funden con la puerta misma. Desde el centro del tímpano, El pensador impasible mira a las almas cayendo al infierno. Las figuras con unas poses de sufrimiento interminable —inspiradas en buena medida por El juicio final, de Miguel Ángel— transmiten una gran fuerza independientemente de que algunas están perfectamente terminadas y otras solo son un esbozo.

Durante el tiempo que realizó los bocetos iniciales de la puerta y las primeras esculturas, Rodin llevaba una copia de La Divina Comedia y releía sus pasajes favoritos. Con el tiempo, la visión de Dante fue solo un pretexto para dar paso a la visión del genial escultor francés. La puerta contiene más de 200 esculturas. Algunas de ellas se convirtieron en trabajos individuales como: El beso, Las tres sombras o El pensador, que en un inicio era el propio Dante, pero poco a poco Rodin la despojó de alusiones al escritor italiano para dar paso a una figura universal. En el marco de la Exposición Universal de 1900, Rodin decide organizar una muestra personal en la plaza del Alma. Ahí presento una versión en yeso de La puerta del Infierno, esta sería la única vez que la obra fue expuesta en vida del autor.

Rodin llegó a una negociación con el Estado francés para ceder su obra y bienes a cambio de la creación de un Museo Rodin. El primer curador del museo, Léonce Bénédite, convenció a Rodin de permitirle reconstruir su obra maestra para fundirla en bronce. Él accedió, pero murió ese mismo año sin poder ver el resultado. Todavía habrían de pasar 10 años más para que la fundición llegara a realizarse. Desde entonces se han realizado siete más, siendo la octava la que se encuentra en nuestro país.

La historia de la llegada de La puerta del Infierno a nuestro país es tan interesante como la de su creación, y si bien no tomó tantos años, es también una historia llena de complejidades.

Si la creación de La puerta del Infierno estuvo marcada por la obsesión, el que esté en nuestro país, está marcada por un acto de generosidad. En 2012 iniciaron las pláticas entre la Fundación Carlos Slim, el Museo Rodin de París, el Ministerio de Cultura de Francia y la Casa Fundidora Coubertin. Como sucede en esto casos se requirió de innumerables llamadas, correos, traducciones, papeleo legal, a fin de que comenzara la fundición un año después. La Puerta del Infierno fue terminada en los últimos meses de 2015. El traslado de una obra de ese tamaño es muy complejo. Primero hubo que trasladarla de la capital de Francia al puerto de Le Havre, en abril de 2016, de donde viajó al Puerto de Veracruz a bordo de un barco noruego. Después de casi un mes, la creación de Rodin llegó a su destino, donde una grúa la depositó en el tractor especial que la llevaría a su hogar definitivo. Despacio, avanzando entre lluvia y neblina, finalmente llegó a Museo Soumaya de Plaza Carso, en donde fue recibida por un grupo de expertos. Horas de maniobras para colocarla en su sitio coronaron este gran esfuerzo.

Develar la obra maestra de Rodin tomó unos pocos segundos. Muchas veces la brevedad nos hace pensar que todo es sencillo y perdemos de vista todo el trabajo que hay detrás de tantas cosas que nos rodean, como un platillo, una construcción o un vestido. En este caso esos breves instantes resumen 37 años de la vida de un hombre, la gran generosidad de otro y el esfuerzo muchos.

La puerta del Infierno estará en el Museo Soumaya para siempre, la exposición que la acompaña, no. Corran a verla.

fernanda@milenio.com
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