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Lunes , 16.07.2018 / 00:52 Hoy

Neteando con Fernanda

De piñatas y catilinaria

Fernanda de la Torre

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Soy la primera admiradora del ingenio mexicano. No deja de sorprenderme la capacidad que tenemos para ver el lado cómico de una situación complicada; buen ejemplo de ello: las piñatas de Donald Trump. Me parece una gran idea que alguien cansado de su maltrato y comentarios negativos hacia nuestro país haya decidido convertirlo en un objeto diseñado para recibir golpes. De hecho, ante la conmoción que causaron los resultados de las elecciones en Estados Unidos, comenté en El Numerazo, programa que conduce mi querido Jairo Calixto Albarrán, que si estaban de muy mal humor por los resultados electorales me parecía de gran utilidad pegarle a una piñata de Donald Trump, practicar nuestros mejores ganchos al estilo de Mohamed Alí y desquitarnos con la piñata en vez de con el prójimo.

Que alguien en su fiesta de cumpleaños o a manera de terapia le dé unos buenos golpes a una piñata con la forma de Donald Trump no tiene nada de particular.

Estos hechos no han pasado de “una puntada”. Lo que me parece increíble es que un grupo de senadores del PRD haya tenido la “grandiosa” idea de llevar una piñata del presidente electo de Estados Unidos en su posada y, de pilón, propinarle el grito futbolero que tantos dolores de cabeza le ha causado a la FIFA y el Conaperd.

Si bien es cierto que es necesario un debate serio de la división entre la vida pública y privada de los servidores públicos, es una falta de sentido común que siendo tribunos tengan a bien romper una piñata de con la efigie un futuro primer mandatario (caray, con lo bonitas que son las tradicionales piñatas en forma de estrella) y cambiar el acostumbrado canto de “Dale, dale, dale, no pierdas el tino” por el grito de “puto”.

Me parece increíble que no se hayan detenido a pensar qué pasaría si los senadores de Ecuador, Canadá, Alemania o Estados Unidos rompen una piñata con la efigie de nuestro presidente. O bien, que apoyaran con camisetas a uno de nuestros candidatos. Honestamente, no creo que sería un gesto que nos gustara. Si los comentarios de los integrantes de Top Gear sobre nuestro país y su embajador causaron ámpula, senadores extranjeros rompiendo piñatas de nuestro presidente en su fiesta decembrina o apoyando a uno de nuestros candidatos nos harían enojar al grado de parecer una deidad iracunda tibetana.

Todos deberíamos tener tatuada en la mente la frase del Benemérito de las Américas: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. En el caso de los senadores no es una sugerencia, sino una obligación.

En las clases de derecho romano que impartía Jaime del Arenal, nos hablaba de la importancia del Senado y sus integrantes en la antigua Roma. Leíamos historias acerca de Tiberio y Cayo Graco, o los discursos que Cicerón dirigió a su adversario Lucio Sergio Catilina, luego de un intento de golpe de Estado. Estaba claro que ser senador era un cargo de enorme responsabilidad. En la antigua Roma el Senado y el circo estaban separados. Hoy las cosas han cambiado, en el México moderno, lamentablemente, parece que son una sola institución. Como menciona el sitio web del diario El País: “El saludo a Donald, es más propio de una cantina que de uno de los funcionarios mejor pagados del país” (http://internacional.elpais.com/internacional/2016/12/08/mexico/1481161635_696424.html).

Termino con las sabias palabras de Marco Tulio Cicerón en su primera Catilinaria, mismas que espero lean los senadores:

¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?

¿Hasta cuándo esta locura tuya seguirá riéndose de nosotros?

¿Cuándo acabará esta desenfrenada audacia tuya?

fernanda@milenio.com

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Twitter http://twitter.com/FernandaT

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