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Lunes , 25.06.2018 / 02:30 Hoy

Caleidoscopio

LA  FAMILIA:  cargando  pilas  

Federico Ramos

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Hace una semana les comentaba que diciembre es el tiempo propicio para hacer un alto en el camino y reenchufarse al “contacto” que nos repone la energía perdida. Es el mes ideal para la celebración, pero también para la reflexión espiritual o de cualquier otro tipo: con ello repasamos los logros, también los errores y las faltas, y lo hacemos, por lo general, en familia, sí, en familia, donde sin duda alguna radica la fuente de nuestro ser, la conexión más clara con los que nos dieron la vida, pero también la conexión más solvente con aquellos a quienes nosotros trajimos a este mundo: nuestro hijos. Nada de ello es posible sin la participación de nuestra pareja, que en mi caso , mi esposa Patricia, ha decidido acompañarme en entera libertad, hasta el día de hoy, por 26 años cumplidos precisamente ayer, 17 de diciembre, fecha en que decidimos “unir nuestros destinos”, como magistralmente decía nuestro entrañable tío Nano, y como consecuencia del amor que nos tenemos, lanzamos al mundo a Gerardo, el menor de mis hijos. Antes, habían arribado a este mundo Maricela Margarita, hace 40 julios y Federico, hace 35 octubres, entrañables y queridos hijos que también me han acompañado a lo largo del recorrido de la vida, llena de misterios y acechanzas, no así ausente de gozo y benevolencia, cual debe ser el contenido del amor más preciado que siento por ellos. Volver al origen, hurgar en el cajón de los recuerdos, revolverse y “reburujarse” con las fechas y las efemérides que dan sentido al juego de la fortuna y la suerte de la ruleta de la vida, que al girar y girar acaba por detenerse ahora en un número, después en otro; y con ello quiero significar precisamente que el destino es quien pone las cartas, pero uno es el encargado de jugarlas, de una manera que nos rinda frutos, o nos cobre con creces los errores y las omisiones. Tan es así, que en el juego de la vida debemos de tener presente que hay que aplicarnos a ganar dicha y felicidad, a sembrar semillas mejoradas para cosechar frutos de excelencia. Ellos, esos frutos, son los que me acompañan, mi esposa y mis hijos, quienes portan la bomba portátil del combustible que yo necesito para caminar erguido y que me proveen sin reparar y sin medir su costo; me dan lo que necesito para recargar pilas, que, como les comentaba hace una semana, diciembre es tiempo propicio para ello. Aprovechemos el tiempo, como tantas veces nos señalaba don Heri, mi padre, al decirnos Carpe Díem. Feliz Navidad.


federicoramos@prodigy.net.mx

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