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Caleidoscopio

El carácter de un Guerrero

Federico Ramos

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Yo comprendo que en este país se proteja primero a los oligopolios por encima de la ciudadanía, pues parece que la misión del gobierno es cuidar otros intereses, antes de los que debería, como se muestra muy lamentablemente en las transmisiones de televisión de los partidos de fútbol que privilegian la venta de anuncios, interrumpiendo cada minuto, si, cada minuto, la transmisión del juego, que se ve mermada en la pantalla por la invasión de un anuncio de publicidad de una marca de pan o de una cerveza o de un aceite, como si el espectador quisiera ver tales bodrios, antes que el juego.

Pero que le vamos a hacer, querido lector, si la autoridad no interviene en favor del espectador como sucede en otros países, donde el ciudadano aficionado ve en la televisión el partido de su preferencia, sin anuncios de ningún tipo durante el desarrollo del juego.

Bueno, estos sinsabores se mitigan cuando nuestro equipo demuestra, una vez más, ser grande, aunque los locutores de la tele chilanga no lo vean así, pues para ellos son “grandes” solo America, Guadalajara, Unam y Cruz Azul; este último, hágame usted el favor, equipillo con más de 25 años sin ganar nada, pero, eso sí, sigue siendo “grande” a los ojos de los comentaristas de Televisa y de TV Azteca, por quien sabe $$$ que obscuras razones. Nosotros, los laguneros, solo tenemos un equipo “chico”, de provincia, sin penetración con el “gran público” que obvio, es el público del otrora DF y de su periferia, incluida la ciudad de Toluca, a quien muchos citadinos de la CDMX ven con cierto desprecio.

Tenemos, para su desgracia, que no la nuestra, un equipo que no cuadra con los fines mercantilistas de los que dominan el balonpie, pues estiman que la venta de publicidad cae por los suelos cuando disputa un campeonato un equipo como el Santos.

Por eso, haber ganado el partido de ayer supo a gloria, a reivindicación, reafirmación de que siendo grandes, sin comillas, nos retrata a los que vivimos en esta tierra desértica y árida como lo que somos: guerreros de corazón.

Ganar o perder en la Final será un nuevo acertijo, que habrá irremediablemente que develar el próximo domingo. Pero, lo que sí es seguro es que viajaremos al infierno con el antídoto muy bien puesto en la cabeza: la corona que lleva todo santo en su peregrinar.


federicoramos@prodigy.net.mx

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