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Viernes , 25.05.2018 / 18:31 Hoy

Caleidoscopio

Destete

Federico Ramos

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La verdad ya no le entiendo a la economía del país. Puedo pecar de simplista, pero me da la impresión de que vivimos en dos mundos: por un lado el mundo del gobierno, para cuyos funcionarios todo está de maravilla y la economía del país corre sobre sólidas y aceitadas ruedas; y otro, el mundo de los mortales, donde me incluyo, que percibe que las cosas no van tan bien.

Tal vez la explicación a mis tribulaciones esté en que el país que geográficamente distinguimos en tres diferentes zonas, casi como diferentes países: norte, centro y sur, también lo sea en materia de comportamiento económico,pues la situación del país norte no es igual que la del país centro o la del país sur.

En una la bonanza es sobresaliente y así lo demuestran Estados como León,Aguascalientes y San Luis Potosí, que crecen al 7 u 8 % anual, en contraste con Chiapas, Oaxaca y Guerrero, cuyo estancamientoes grave. La zona norte, históricamente próspera, ahora ya no tan dinámica, pues no crece como antaño y solo brillan algunas áreas privilegiadas como el eje Monterrey- Saltillo o la costa del pacífico de Sinaloa. La frontera todavía no asimila el golpe de haber subido el IVA del 10 al 16%.

También resaltan las diferencias en la calidad de la producción y del empleo. La economía formal no crece mucho: solo 600 mil empleos al año, que son insuficientes para el crecimiento demográfico, pero sícrece al 3.9% la informal, que genera un millón doscientos mil puestos al pie de la calle, sin prestaciones y sin seguridad laboral. De la planta formal, destaca solo la de las empresas exportadoras o de tecnología, cuyos salarios son muy superiores al resto.

Somos dos o tres Méxicos diferentes y no crecemos parejo porque las políticas de desarrollo regional no existen, aunque recientemente se anuncio un nuevo impulso a los Estados del sureste.

Creo que lo que debemos estudiar a fondo es dar un giro de 180 grados y cambiar la manera de operar el país: abandonar el centralismo y adoptar el auténtico federalismo, pero sin simulaciones. Dotar a los Estados y municipios de verdaderas potestades fiscales, convirtiéndolos en dueños de su propia política recaudatoria y así de su propio destino, al dejar de estar pegado a la ubre federal. En pocas palabras: destetarnos.


federicoramos@prodigy.net.mx

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