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Martes , 16.10.2018 / 09:39 Hoy

Caleidoscopio

Cárceles y otros eufemismos

Federico Ramos

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Ya ha quedado muy claro, desde hace años, que a los mexicanos nos gustan los eufemismos (manifestación suave de ideas cuya recta expresión sería dura o malsonante) y por eso les llamamos Ceresos a las cárceles o prisiones que hay en el país, pues suena más bonito llamarlos así: "Centros de Readaptación Social". ¡Faltaba más!

Y la pregunta obligada, para quien no sabe de la dura verdad, es ¿cómo le hace el Estado para llevar a cabo dicha labor de readaptación? cuando la estadística oficial señala que de cada 10 reos, 5 o 6 vuelven a cometer delitos, pues las cárceles son escuelas del vicio y del crimen, universidades refinadas para enseñar a delinquir, en donde se adquiere un doctorado en unos cuantos años de "readaptación"

Eufemismo igual a engaño. El Estado aspira, o dice aspirar, a reícersar en la sociedad a un delincuente, una vez purgada su condena, a cuyo término la autoridad cree que ya es nuevamente un ciudadano útil. Pero Ohh, sorpresa: no lo es. Y la causa de tal desatino es que las cárceles no son administradas ni menos controladas por el Estado, sino que han sido privatizadas en favor de los grupos delincuenciales que las habitan, convirtiéndolas en un gran negocio cuyos beneficios son extraordinarios.

De igual manera, a los parques, calles y banquetas de nuestras ciudades les llamamos "Espacios Públicos", queriendo el Estado decirnos que son de todos, de la comunidad, de los ciudadanos, pero que en realidad a su conveniencia, del Estado y de sus funcionarios corruptos, por supuesto, privatiza a favor de algunos pocos ( casi siempre grupos clientelares de algún partido político ) a cambio de recibir un dinero por permitir a algunos pocos su usufructo, o en el mejor de los casos, a cambio de votos, que al final se traduce en ganar elecciones, cuyo principal atractivo es explotar el presupuesto público, en beneficio privado.

Otros eufemismos más sofisticados son: Federación, Soberanía, Seguridad Social y tantos otros cuyo significado real no es la recta expresión dura y malsonante, sino la suave manifestación de una idea que no corresponde a la realidad. Por eso la gente se pregunta: ¿En cuál Federación estaremos pensando cuando los estados y municipios no son independientes económicamente y a veces ni siquiera políticamente, pues "El Centro" decide por ellos. ¿En qué Soberanía estaremos pensando cuando estamos culturalmente invadidos por el vecino y nuestros valores precolombinos existen solo en el discurso de los políticos? ¿A qué Seguridad Social nos estaremos refiriendo, cuando la mitad de la población vive en pobreza de algún tipo?

No cabe duda, cuesta mucho trabajo llamarle a las cosas por su nombre. Propongo que eliminemos la palabreja cereso y cefereso y les llámanos cárceles, tal cual.


federicoramos@prodigy.net.mx

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