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Domingo , 19.08.2018 / 13:00 Hoy

Juego de espejos

Nuño: corporativismo, clientelismo y chantaje

Federico Berrueto

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El secretario Aurelio Nuño afirmó que el gobierno de Felipe Calderón entregó la educación a la ex líder del SNTE, Elba Esther Gordillo. También señaló que la lucha de la CNTE no es por asuntos pedagógicos, sino por el control del dinero y del poder político. La dirigencia del PAN rechazó que los gobiernos de Fox y Calderón hayan sido los responsables del conflicto magisterial y que “fue el PRI el que estableció compromisos con líderes sindicales verdaderamente impresentables” y que el PAN en el poder tuvo que lidiar con muchos de esos monstruos que creó y alimentó el PRI.

Lo señalado por el secretario Nuño es irrefutable: efectivamente, Felipe Calderón entregó el proyecto educativo a la profesora Gordillo. Ocurrió así por razones electorales, incluso se puede decir que el pacto promovido por Calderón definió su triunfo. La profesora pretendió por conducto de Manuel Camacho negociar con AMLO, éste prefirió perder a pactar. Calderón ganó y le cumplió: el yerno de la profesora fue subsecretario de Educación, posición estratégica para la política educativa.

De igual manera tiene razón el PAN en el sentido de que el PRI desde el gobierno local de Oaxaca fue quien dio espacio y fuerza a la organización que ahora pone en jaque la tranquilidad y la normalidad social en el sur del país. Esto no invalida, sino convalida lo dicho por el secretario de Educación: la CNTE no tiene proyecto educativo, sino político. Para el extremismo radical es lo mismo y sí, pretenden recuperar el control de los dineros y el manejo de la política educativa.

Lo ocurrido en los dos gobiernos del PAN no guarda paralelo y es una página muy penosa, indefendible desde cualquier punto de vista. Al menos Calderón designó como secretaria a Josefina Vázquez Mota, quien hizo lo que pudo para recuperar a la institución a pesar del respaldo de la Presidencia a la profesora y su yerno. Los acuerdos económicos y políticos de los presidentes panistas con la entonces líder del SNTE quedarán en el registro de la renuncia del Estado mexicano a sus responsabilidades, el primero por frivolidad, el segundo por vil clientelismo, favores a cambio de votos como dijera el PAN de origen a los gobiernos del PRI en relación a la política agraria.

Se puede decir que la transición democrática fue precedida por el corporativismo en la relación del Estado con las organizaciones obreras y campesinas. Vista a la distancia, aunque no ejemplar, sí fue una forma eficaz para mantener la armonía social y un razonable compromiso básico del Estado en política social. Como ocurre en todo el mundo sindical, los líderes se beneficiaron de su condición y los acuerdos no favorecieron a los obreros. Sin embargo, casos como los de La Quina del sindicato petrolero o la profesora Gordillo del SNTE solo son comparables a su precedente, Luis N. Morones de la época remota de Álvaro Obregón y a quien Calles nombrara secretario de Industria, Comercio y Trabajo.

Si algo queda claro del cardenismo en delante es que el arreglo corporativista funcionaba porque el Estado se servía pero no declinaba su autoridad frente al poder gremial, por eso se hablaba de bonapartismo, una manera de aludir al dominio del gobierno. El arreglo corporativista negó la democracia sindical (¿en algún sindicato disidente existe?), pero fue crucial para la estabilidad. No daba votos como quedó claro en la elección de 1988, pero sí ofrecía condiciones para gobernar.

El PAN en el poder no alteró las premisas del entendimiento del Estado con el movimiento obrero. Desde el inicio les quedó claro lo ventajoso del esquema para el gobierno y la economía. Donde sí hubo un cambio y el PAN debe asumir su responsabilidad es respecto al gremio magisterial y la renuncia del Estado a la rectoría de la política educativa, explicable por la postura regresiva de la derecha mexicana a la educación pública.

Hoy se vive una crisis por la resistencia del grupo radical a perder sus privilegios. La explicable resistencia de los mentores a la evaluación educativa, la utilizan para provocar y confrontar a las autoridades y así recuperar los privilegios que han perdido en el pasado reciente. Ven en el relevo del gobierno local una oportunidad y su objetivo es debilitar y dividir al gobierno central. Su conducta es un claro chantaje al que no deben ceder las autoridades.

El problema no es menor y el desencuentro adquiere expresiones muy preocupantes. Frente al problema lo más relevante es que el sector político no utilice el tema para beneficiarse de la crisis y de su desenlace. López Obrador ha intentado capitalizar la situación, pero al advertir la gravedad se ha ido moderando. No es aceptable que el PAN, partido que desde el poder nacional menos ha hecho por la educación pública básica, intente sacar provecho.

fberruetop@gmail.com

Twitter: @berrueto

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