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Lunes , 18.06.2018 / 16:56 Hoy

Juego de espejos

Los partidos, partidos

Federico Berrueto

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El saldo que deja este 2016 no fue bueno para los tres grandes partidos históricos. La crisis no es reciente, pero se ha agravado porque han actuado frente a las debilidades de origen: autoritarismo y distancia de la sociedad y del proyecto que dicen enarbolar. Por eso los partidos pequeños sobreviven y en ocasiones ganan. Por esa razón Morena es el partido con mayor crecimiento, una organización nueva que se planta como la opción de ganar en 2018 por su capacidad para canalizar el descontento y la insatisfacción con el sistema.

El PAN debiera estar más unido que siempre. Gana mucho de lo que el PRI pierde, puede recuperar el poder nacional en 2018. El poder en el gobierno le hizo perder dos grandes fortalezas: un piso de ética en la política y el servicio público e independencia del poder. Con Fox se perdió lo primero, con Calderón lo segundo. A pesar de su estrepitosa derrota electoral, el gobierno del PAN no fue objeto de escrutinio; Calderón culpó a la candidata presidencial del desenlace, pero las derrotas fueron mayúsculas en los estados donde gobernaba, como Morelos y Jalisco. El PAN perdió porque gobernó mal y generó un enorme desencanto. En perspectiva se puede tener un juicio más justo de la guerra de Calderón al crimen organizado. Ese legado es el que más complica el futuro de Margarita Zavala, además de una gestión en la que la corrupción y complicidades estuvieron presentes.

Fue negativo para el PAN la virtual amnistía del gobierno en turno. El partido no vivió la crisis que merecía y por ello no se tomaron las decisiones correctivas como recuperar la democracia interna y obligar a sus gobernantes a un ejercicio a la altura de los fundadores de Acción Nacional. En el PAN hay una rebatiña por la candidatura: un joven dirigente talentoso al que se le quiere negar el derecho a aspirar precisamente por quienes acabaron con la independencia del PAN del poder. Margarita Zavala, una mujer digna y con mérito sobrado, pero afectada por el protagonismo de su marido que no entiende que su tiempo pasó. Rafael Moreno Valle, buen gobernador, de discutible identidad panista, quien va creciendo con el involuntario apoyo del INE.

El PRD es el que está en peor condición. Su mejor prospecto de candidato, Miguel Ángel Mancera, no solo vacila para estar en la boleta en 2018, sino reitera su distancia del partido que podría postularlo. Un juego de elevado riesgo que lleva al PRD a contemplar en su horizonte la coalición con el PAN o someterse a López Obrador con todo lo que implica. En el primer caso se pierde al proyecto, en el segundo al partido y su actual mapa de poder.

Al PRI le entra agua por todas partes. Le sucede lo mismo que al PAN cuando gobernó: la dificultad de verse ratificado en el poder. La crisis significa que pierde más quien más gobierna. Sin embargo, el problema es más profundo que el de la elección de 2006, cuando Roberto Madrazo le llevó al tercer sitio. Es mucho más grave el riesgo ahora porque el PRI ha perdido territorio y ascendente. Una derrota en la actual situación lo llevaría, por primera vez, a perder presencia importante en el Congreso. Quienes allí mandan o deciden parecen no entender que la fuerza del PRI está en el territorio, en los millones de adherentes que padecen las dificultades de todos los ciudadanos: venalidad, inseguridad y economía popular deteriorada. No hay conexión entre el PRI y su base social.

Un error mayor del PRI, denunciado por Manlio Fabio Beltrones, fue delegar en los mandatarios locales su relevo sucesorio. Se perdió la fortaleza de origen del PRI, desde el PNR la sucesión fue una forma de renovar la política e integrar a las distintas fuerzas al interior. Coahuila es el mejor ejemplo del error: un gobernador impopular, con elevado rechazo, que encabeza al mismo grupo de hace 11 años, con denuncias públicas de corrupción a semejanza de Veracruz y con la complacencia del centro decide excluir al mejor candidato, Javier Guerrero, quien opta por ser independiente. Un mandatario decidido a utilizar el aparato de gobierno para abrir camino a su delfín, como si no hubiera legislación electoral, Tribunal Electoral, INE, Fepade o Unidad de Inteligencia Financiera (UIF). Aquí lo dijimos: el problema no será para el PRI nacional, sino para las autoridades; el INE deberá allí organizar las elecciones, la Fepade y la UIF actuar con prontitud para mostrar que la ley vale si es que se quiere cuidar la credibilidad con miras a 2018.

2016 fue un mal año para los tres partidos, 2017 puede ser peor.

fberruetop@gmail.com

Twitter: @berrueto

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