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Domingo , 23.09.2018 / 02:44 Hoy

Juego de espejos

¿Lo sabrá el PRI?

Federico Berrueto

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La peor crisis es la que se ignora. Tan humano como natural resistirse a las malas noticias. Los partidos gobernantes suelen consumirse en la inercia del poder, lo que les resta contacto con la realidad. En el PRI las dificultades son de vieja factura por la resistencia a transformarse y la dejadez de que el tiempo haga lo que a ellos corresponde. El hecho es que en el largo trayecto de su estancia en el poder, los gobiernos del PRI han podido cambiar mucho, menos al partido que los llevó al poder.

La resistencia al cambio es común a todo partido fuerte y con historia; de alguna manera la oligarquía de la organización partidaria frena todo intento de redefinir el mapa de poder a su interior a pesar del riesgo electoral por su distancia con la sociedad que asume representar y por los nuevos términos de la competencia política. El PRI ha ido perdiendo fortaleza territorial, aspecto que le permitió sobrevivir en la oposición y, en su momento, regresar al poder.

El estudio de GCE próximo a publicarse muestra que el PRI tiene los mejores y los peores gobernadores, pero también que en el imaginario popular tiende a prevalecer una percepción muy negativa. En el régimen del presidencialismo exacerbado mantuvo control de los gobernadores y esto sirvió de contención para el abuso. El temor a la represalia del centro contuvo los excesos que ahora son más recurrentes y no solo en gobiernos del tricolor. El cambio político dio más fuerza a los gobiernos locales, lo que propició en muchos casos la venalidad sin freno y el despotismo local. México es más corrupto que antes. Una realidad que no admite regateo ni excluye a fuerza o personaje con experiencia de gobierno.

Los números suelen ser engañosos. Los resultados de la elección intermedia pasada no fueron favorables para el tricolor, a pesar de la mayoría absoluta. Nuevo León no fue excepción, fue anticipo de lo que vendría. Las encuestas amañadas o deficientes propiciaron el autoengaño del PRI. Los pronósticos en gobierno y partido carecían de veracidad. Lo mismo le sucedió al PAN en 2003 y 2009. Una vista a la opinión del PRI, de sus candidatos y de sus gobiernos anticipaba un mal resultado.

El problema no solo es la seriedad de lo acontecido, sino la incapacidad de aprender de la adversidad y, especialmente, entender las razones del fracaso. Cada estado tiene su propia historia y dinámica política, pero no se puede ignorar la baja de votos del PRI en cada elección, incluso cuando se gana. Tampoco es un problema temporal, es estructural y tiene que ver con la incapacidad para representar a la nueva sociedad mexicana. Hoy es el partido con mayor rechazo y, ante la competitividad de Morena y del PAN, si las elecciones fueran en este momento al PRI le ocurriría lo mismo que al PAN en 2012, transitar de partido gobernante a la condición de tercera fuerza política.

El PRI no solo ha disminuido en población gobernada en la escala local, también se ha debilitado su cohesión, especialmente entre el centro y el territorio. Al PRI le afecta la negativa percepción de sus gobiernos, pero no es la única razón de la adversidad, el PRI por sí mismo no ha cambiado y esto lo vuelve muy vulnerable frente a una opinión pública hostil a todo partido gobernante. Lo mismo ocurrió al PAN, pero allí no fue resistencia al cambio el problema, sino la involución una vez que estuvo en el poder.

El PRI no se ha dado tiempo para definir una identidad política e ideológica diferenciada. El pragmatismo es lo suyo, pero en tiempos de polarización deben existir referentes que le den sentido de proyecto propio. Invocar experiencia en gobierno y capacidad para concretar reformas, a pesar de su relevancia, en la actual circunstancia no da para mucho. ¿Cuál es la propuesta del PRI para combatir la corrupción, para abatir la desigualdad o la violencia? El PAN es vulnerable por su historia reciente en el poder, pero muchos lo ven como la mejor respuesta para contener a López Obrador y eso le da fortaleza y puede significar que el PRI pierda todavía más al advertírsele fuera de la competencia.

El grupo en el gobierno ha retomado control del partido. El problema no está en la competencia interna, sino en la debilidad para ganar credibilidad política y confianza pública y de esta forma sumar votos. Para ello la elección en el Estado de México se vuelve crítica. El PRI está próximo a una Asamblea Nacional, no hay tiempo y ahora más que cambios profundos lo que le urge es acreditar que está en la competencia y que a pesar de la adversidad está en condiciones de mantenerse en el poder.

fberruetop@gmail.com

Twitter: @berrueto

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