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Miércoles , 12.12.2018 / 08:54 Hoy

Juego de espejos

La consulta

Federico Berrueto

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De manera por demás prematura, la respuesta a la saturación del aeropuerto de Ciudad de México se ha vuelto para el Presidente electo la madre de todas las batallas. Este viernes, ante medios de comunicación, informó que una consulta pública informal resolverá qué opción definir: la que fue sugerida a lo largo de su campaña, esto es, que operen de manera concurrente el actual aeropuerto con el militar de Santa Lucía o si se prosigue con el proyecto actual del nuevo aeropuerto en Texcoco.

El presidente electo ha gozado de un generoso beneplácito al que se incorporan muchos sectores de relevancia, medios y personajes prominentes. La población está con él. Los empresarios han sido generosos y algo desmedidos en sus juicios, incluso los afectados, como el sector turístico nacional por la idea de utilizar los recursos de promoción para financiar un proyecto discutible y financieramente inviable como el Tren Maya. Miedo, respeto o simplemente buenos deseos es lo que hay para quien hasta hace unos meses era severamente cuestionado.

La decisión de someter a consulta un tema sumamente complejo da espacio para que el Presidente electo dé lecciones de democracia. Tiene la convicción de que la sociedad debe decidir temas de tal naturaleza. Fustiga y desprecia a quien piensa diferentemente. Para el presidente en ciernes el pueblo es sabio y la mejor prueba es que llevó al poder a él y a su coalición con sólida mayoría. Aunque en su campaña se pronunciara contra el proyecto en curso, ahora asume una postura neutral, aunque dice que “nuestros técnicos y un grupo de técnicos chilenos” afirman que sí es viable la concurrencia de los dos aeropuertos, pero que aclaran que para una conclusión firme es necesario un estudio de mayor profundidad.

Quien no tiene duda sobre la incompatibilidad de los dos aeropuertos es la organización Mitre, una entidad estadunidense sin fines de lucro con más de medio siglo de experiencia en control aéreo, la instancia con mayor prestigio en el mundo, la cual ha dictaminado la inviabilidad de la concurrencia de los aeródromos.

Algo malo hay en la argumentación central: es inviable la concurrencia como dice la agencia Mitre o sería viable, pero se requeriría un estudio a mayor detalle como dicen “nuestros técnicos y un grupo de técnicos chilenos”.

¿Para qué someter a consulta lo que es inviable? Si es viable la opción de AMLO candidato, entonces que se pruebe y se haga el estudio. De lo que se está hablando no es de costos, suelos o sustentabilidad, sino de algo elemental: es o no es posible. Si es posible la concurrencia, entonces que se pruebe de manera concluyente, aunque se requieran tres o cuatro meses y 160 millones de pesos para estar ciertos de que sí es posible la concurrencia de los dos aeropuertos.

Es irresponsable que el pueblo o quien sea decida sin tener la certeza de que la opción por la que se pronunció quien ganó campaña es cuestionada en su viabilidad. Si el pueblo decide y resulta que no es viable, la consulta será un engaño. Por cierto, es necesario que los técnicos nacionales, chilenos, chinos o lo que sean que dicen que sí es posible den la cara, que firmen, prueben y afirmen. Si en su momento resultara que hay un accidente o incidente aéreo, por las razones que Mitre expone, que asuman responsabilidad, así como las autoridades que convalidaron la decisión. Con la seguridad no se juega. Por cierto, un aeropuerto no confiable no sería certificado por las autoridades internacionales y por lo mismo sería inoperable. El estándar de seguridad es global, no está en el ámbito decisorio de un gobierno, ni de un referendo, o de expertos no reconocidos.

La consulta popular es una figura regulada en la Constitución. Es muy rígida, pero ofrece certeza. Dice cómo realizarla, en qué tiempo, la autoridad responsable de organizarla y requisitos para que las decisiones tengan valor obligatorio. López Obrador ofrece un mecanismo impreciso, que no garantiza certeza ni confianza. Además lo tendría que promover desde la penumbra de la presidencia electa. La encuesta no es confiable, es un indicio, nada más, pero no reemplaza la voluntad popular que él dice invocar.

Andrés Manuel afirma que el pueblo tiene capacidad para decidir y como prueba refiere el resultado que lo hizo presidente. En la misma lógica, que sea él quien decida, el pueblo confía en él. Que corresponda con honestidad a tal confianza y si quiere consulta que pregunte a Felipe González qué hizo para deshacer el entuerto de la salida de la OTAN cuando ganó el gobierno español.

fberruetop@gmail.com



Twitter: @berrueto





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