• Regístrate
Estás leyendo: Euforia por los independientes
Comparte esta noticia
Lunes , 25.06.2018 / 06:34 Hoy

Juego de espejos

Euforia por los independientes

Federico Berrueto

Publicidad
Publicidad

La simpatía por candidatos independientes es del tamaño del desencanto con los partidos existentes, esto es, llega a los límites de euforia. No solo ocurre con observadores de los temas públicos, también está en la población, en los medios, incluso en consultores electorales como fue evidente en el congreso de Puebla organizado por la revista Campaigns and Elections, donde el personaje del momento fue el candidato independiente más exitoso, Jaime Rodríguez.

El tema debe verse como una oportunidad. La cuestión es diferenciar objetivos para que el cambio sea virtuoso. Falta realismo en los entusiastas promotores de abrir la puerta grande a los candidatos independientes. Hacerlo con ligereza puede ser contraproducente a lo que se pretende; también puede llevar a la involución del sistema de representación y minar las bases sobre las que se ha construido la democracia mexicana fundada en partidos.

Son tres los problemas a resolver: garantizar el derecho a ser votado; mejorar la representatividad de los partidos y órganos legislativos; empoderar al ciudadano mediante el voto. La virtud de ampliar la presencia de los candidatos independientes es que en apariencia resuelve los tres objetivos, como en su momento se pensó de la reelección consecutiva.

El derecho al voto es casi del mismo tamaño al derecho de ser votado. Las restricciones solo son aceptables cuando se desprenden del sentido común: mayoría de edad, residencia, no estar sujeto a proceso penal y otras semejantes. La cuestión es que si tal derecho necesariamente requiere de la postulación de un partido y si éstos, como ocurre en México, no tienen mecanismos para que los ciudadanos accedan y a través de procedimientos internos puedan llegar a ser postulados, se hace nugatorio el derecho a ser votado. La partidocracia es realidad, acentuada con la democratización del poder. Con la competencia electoral los partidos son más fuertes que siempre, pero se han cerrado a la sociedad. Más aún, se ha complicado la creación de nuevos partidos, ya que solo ocurre cada seis años y los requisitos son complicados, lo que compromete el derecho de asociación.

La formación de partidos se ha obstruido y esto ha hecho que el monopolio de los partidos se vuelva también monopolio de los partidos existentes, con el agravante de que la salida (3% de los votos) es más grande que la entrada. PRI, PAN y PRD han actuado para cerrar la puerta a nuevas fuerzas políticas. El derecho a existir y a competir no debe vincularse al derecho a las prerrogativas y al acceso a la representación proporcional. Muchos partidos en la boleta electoral es preferible y que sean los votos los que determinen la suerte de cada cual. Esta cerrazón es la que ha dado legitimidad a la exigencia por candidatos independientes como fórmula para romper con el monopolio partidista y el monopolio de los partidos existentes.

La cuestión es que la democracia requiere de partidos; esto es así porque son articuladores o mediaciones que dan racionalidad al debate, la oferta y el voto. Un partido de derecha o de izquierda tiene candidatos consecuentes a su programa y objetivo. Las siglas sirven para saber a lo que se atiene el elector. Un candidato independiente se mueve en la incertidumbre; casi siempre sus propuestas son obvias: lucha contra los corruptos, rechazo a los partidos, bajar el costo del gobierno, "ciudadanizar" desempeño y decisiones, etcétera. Los temas fundamentales son eludidos o escondidos, como fue la simpatía de Jaime Rodríguez por las autodefensas. Un candidato independiente puede ser un cheque en blanco, además de los problemas implícitos al no contar con partido para el debate y acción legislativa. Hacer de la persona el proyecto y no el programa es predemocrático y en ocasiones autoritario.

Los partidos no solo resuelven un tema de representación política, también lo son para efectos de regulación y transparencia. El sistema de control de las finanzas de campaña se funda en partidos, sujetos de obligaciones, responsabilidades y derechos. Para que los candidatos independientes no se vuelvan fichas libres en la fiscalización deben establecerse normas equivalentes. No hacerlo es inequitativo y presenta riesgos como el financiamiento de fuentes ilegales o incluso del crimen organizado. Los mismos que exigen abrir la puerta grande a las candidaturas independientes debieran pensar en piso parejo en materia de control financiero.

Nada asegura que los candidatos independientes sirvan para mejorar al sistema de partidos. La fascinación por ellos puede volverlos medio para que un partido fragmente al adversario. También puede servir para romper la cohesión de los partidos al propiciar candidaturas de desafectos o derrotados de procesos democráticos. Por ahora los independientes no son una puerta ciudadana (excepción Pedro Kumamoto en Zapopan), sino de políticos convencionales que buscan el poder. Hoy por hoy para mejorar la calidad del gobierno y de la democracia el objetivo es democratizar y modernizar a los partidos existentes.


fberruetop@gmail.com
Twitter: @berrueto

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.