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Domingo , 24.06.2018 / 23:03 Hoy

Juego de espejos

El desafío de Ricardo Anaya

Federico Berrueto

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En este espacio se ha consignado que el nuevo dirigente del PAN es uno de los mejores valores que hay en la política. El PAN ha optado por quien puede darle la fuerza que requiere frente a los desafíos políticos y la circunstancia adversa por la que transita. Es la persona indicada en el momento adecuado. Su calidad política, talento y carácter lo acreditan, pero no será fácil. Su mensaje en la contienda muestra claridad política; sin embargo, los tiempos son difíciles para una sensibilidad fina y comedida. Su triunfo fue contundente y se acrecentó con el cuidado con el que siempre se dirigió a Javier Corral, a pesar de los desplantes provocadores de éste.

A la dirigencia del PRI llega uno de los políticos con mejor y mayor trayectoria política. También es el hombre adecuado para el momento que vive el PRI y el gobierno. Manlio Fabio Beltrones suma experiencia y ha podido despertar entusiasmo y espíritu de lucha del priismo, además de reconocimiento de observadores y hasta adversarios. Sin embargo, la fuerza de los partidos no está en sus dirigentes, sino en los votos y en los asientos legislativos. Hay necesidad de entendimiento; de la izquierda poco puede esperarse, precisamente por su fragmentación y porque el acuerdo se les ha vuelto anatema.

El buen destino del país requerirá de acuerdos legislativos. La polarización y el oportunismo electoral son los enemigos del sentido común y de la responsabilidad, exacerbados por el surgimiento de los candidatos independientes. Ante las dificultades de la economía y la necesidad de un nuevo piso para el consenso, necesariamente tendrá que revisarse el marco legal hacendario, una de las exigencias más persistentes de Acción Nacional. El PRI ha anticipado la conveniencia de modificar aspectos del régimen fiscal; sin embargo, esto deberá corresponderse con los retos que plantea el nuevo escenario económico. Obligadamente deberá plantearse un programa de austeridad no solo para el gobierno, también para el conjunto del sector público, incluyendo poderes y órganos desconcentrados.

Al igual que el PRI, los problemas del PAN no están en su interior, sino en la relación con la sociedad. A ambos los ha desgastado su estancia en el poder, el reto mayor es cómo dar cauce al anhelo de cambio frente a una sociedad crecientemente insatisfecha y desconfiada de sus políticos, legisladores y autoridades. Por estas consideraciones un programa de austeridad y un combate frontal a la corrupción se vuelven imprescindibles para ganar terreno al escepticismo y a las reservas de la sociedad sobre los políticos y sus instituciones.

Empero los partidos requieren ganar elecciones. La oportunidad que tiene el PAN para 2016 es mayor por el existente ánimo de alternancia. 2015 deja lecciones por entender. Por ejemplo, el relevo de gobierno en Nuevo León debió estar en el PAN. Un candidato independiente, de un claro, evidente y reciente pasado priista ganó de calle la elección cultivando la indignación e insatisfacción con el PRI y el PAN, y sus gobiernos. El PAN no lo advirtió y jugó a favor del independiente. Una severa lección para entender el juego y el reto que plantea el discurso antisistémico, sea de un candidato o de un partido.

Uno de los retos de Anaya es mantener la unidad del partido de cara a la selección de su candidato presidencial. Él mismo es una opción inobjetable, pero su condición de dirigente le inhibe servirse de ese espacio y, en todo caso, mantenerse como último recurso. Margarita Zavala ha planteado buscar la candidatura. En ella ha habido ambigüedad al insinuar que con o sin el PAN buscaría estar en la boleta, lo que bien puede interpretarse como chantaje al partido. Lo que debe hacer el PAN es garantizar oportunidad a todos para contender y para ello será menester depurar el padrón de miembros activos y adherentes y así realizar una elección primaria ejemplar que ofrezca el piso de legitimidad democrática que seguramente sus adversarios no tendrán.

Hay mucho capital entorno a Ricardo Anaya. Josefina Vázquez Mota, Santiago Creel, Gustavo Madero y muchos más. Fue un acierto designar a Marko Cortés como coordinador parlamentario de los diputados, aunque eso haya significado un fuerte golpe para Madero. El mensaje es claro: privilegiar a la institución sobre el interés particular o de grupo, a la vez que eso le da autoridad al nuevo dirigente frente a sus malquerientes dentro y fuera del partido.

El PAN ha tenido costosas fallas en el ejercicio del gobierno. Aun así, sus dos fortalezas históricas persisten: buenos gobiernos municipales y una eficaz acción legislativa. Atributos de Anaya son su claridad política y discursiva, aspectos fundamentales para definir con acierto los términos de su relación con el gobierno, emprender la reconciliación interna y acercar al partido a la sociedad que asume representar.

fberruetop@gmail.com

Twitter: @berrueto

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