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Martes , 19.06.2018 / 13:23 Hoy

Juego de espejos

¿Cómo parar a López Obrador?

Federico Berrueto

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Las primeras horas después de concluidos los comicios del domingo, el dirigente nacional del PAN no sabía lo que había ganado; al igual que el PRI, también fue víctima de las malas encuestas. Tuvo que ser el PREP el que mostrara que el PAN había sido el vencedor de los cargos en juego. La euforia llegó a destiempo y en el impulso prevaleció el triunfalismo, Anaya —político más inteligente que calculador— debió dejar claro que las victorias eran compromiso y mandato para gobernar bien, mejor y, sobre todo, al margen de la corrupción. En su lugar se solazó en la victoria y abrió el juego sucesorio al 2018.

El PAN debe entender, como también le sucedió al PRI en tiempos de opositor, que los resultados favorecen porque el que gobierna ha caído en desgracia. Es evidente, como le pasó al PAN en 2012, que el protagonista de la elección fue el voto de castigo. Esto significa que el apoyo es precario; que las elecciones se ganan con una expectativa de cambio de forma y fondo y que de no actuar con acierto desde el primer minuto de la victoria, se puede perder lo obtenido.

Tiene razón Ricardo Anaya al destacar el resultado como un triunfo sin precedente y más que eso, se rompe la maldición por la cadena de derrotas que siguieron a la elección presidencial de 2006. De entonces nada había en el PAN para presumir, aunque pudo haber ganado Michoacán en 2011 de no haber interferido el grupo criminal dominante contra el eventual triunfo de Luisa María Calderón. También fue éxito mediano ganar Baja California Sur en 2011, mantener Baja California en 2013 y quitar al PRI Querétaro en 2015. Las derrotas fueron mayores y dolorosas como las de Jalisco y Morelos, donde el PAN fue echado del gobierno y enviado al tercer sitio.

El buen momento del PAN se explica por la difícil situación de los gobiernos del PRI y la descomposición del PRD. En perspectiva, el adversario a vencer no será el tricolor, sino López Obrador. Es una disputa difícil por la credibilidad del tabasqueño a partir de la consistencia y de la crítica frontal al PRI, al gobierno y su sombra: Carlos Salinas. La competencia PAN versus López Obrador hasta ahora solo se puede sostener si Margarita Zavala es su candidata. Ricardo Anaya con el triunfo se ha vuelto más de lo mismo y ha perdido la magia de la novedad. Su ganador en Veracruz tiene como origen Carlos Salinas.

El PRD necesita al PAN para transitar al futuro. También requiere que López Obrador sea derrotado, sin él Morena tiene otro significado, porque no es un partido, sino un movimiento en torno a la pretensión presidencial de su líder. El PAN también necesita al PRD, pero no está de por medio su supervivencia; en el peor de los casos —si AMLO ganara la Presidencia— el PAN se perfilaría como la oposición más consistente. La salida de Basave del PRD abre paso al acuerdo y si quiere ver derrotado a AMLO, Margarita debe ser la candidata. Debe ser una alianza para ganar, no para competir. En tales circunstancias si ganara López Obrador, el PRD desaparecería.

El PAN requiere a Margarita; debe superar la diferencia de su dirigencia con el calderonismo. Para ello el mismo Felipe Calderón debe mantenerse al margen. También lo debe hacer para no trasladarle a Margarita su rechazo y para acreditarla en sus propios méritos, los que ha tenido siempre. Por temperamento y personalidad es difícil que el ex presidente lo entienda, pero lo debe hacer por su partido y por quien le ha acompañado en su proyecto, siempre apoyándole. Llegó el momento de corresponderle.

Las buenas perspectivas del PAN resultan del aturdimiento del PRI y del gobierno después de la derrora, también engañados por los malos y corruptos encuestadores. Se ha dejado pasar la respuesta. Seguramente la habrá, pero los resultados se diluyen con el tiempo. No advierten que lo acontecido no fue una mala noche, sino el desenlace de un largo proceso de descrédito del que todavía hay mucho por ver y que remite a Carlos Salinas. Por no actuar a tiempo el desastre que se avecina puede ser considerablemente mayor. Girar en torno a sus dos barajas es lo peor que puede sucederles.

El PAN no debe ignorar el crecimiento sustantivo que tuvo Morena. En 2015 en los 12 estados sumó 637 mil votos, en 2016, un millón 114 mil votos, un crecimiento de 175 por ciento. Andrés Manuel es el adversario y el riesgo vendrá de los mandatarios del PAN. Fortaleza y debilidad. Algo bueno deben aprender del PRI: cuando se gobierna lo que se hace bien da pocos votos; lo que se hace mal quita casi todos, al menos los necesarios para ganar.

fberruetop@gmail.com

Twitter: @berrueto

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