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Sábado , 18.08.2018 / 00:31 Hoy

Juego de espejos

AMLO en el espejo de Podemos

Federico Berrueto

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En México, el "sí se puede" lo popularizó Roberto Madrazo, no fue el movimiento de los indignados, sino el lema de un político convencional que buscó la candidatura presidencial. Falló ante Francisco Labastida, a quien dejó severamente lastimado en su imagen, y seis años después la logró a la mala, en 2006, para llevar al PRI al tercer lugar de las intenciones de voto. Aún así, todavía se escucha por allí el "sí se puede", aunque desprovisto de su mala y triste historia inicial.

En España, la historia es distinta. Podemos, ahora partido político, nace de la inconformidad con el estado de cosas. Su origen es de izquierdas y su referente es el manifiesto Mover ficha: convertir la indignación en cambio político, publicado en enero de 2014 y suscrito por personalidades del periodismo y academia. A diferencia de lo que sucede en México, no son los líderes el referente, sino la propuesta de corte anticapitalista y con demandas concretas frente al desempleo y el deterioro de la economía popular por las políticas correctivas del gobierno. Podemos se volvió partido, hace un año encabezaba las intenciones de voto y se hizo de un líder muy articulado en el hablar y hacer, Pablo Iglesias, profesor de Ciencia Política y analista de televisión.

AMLO ha creado un partido político a modo. Ya no tiene que lidiar con los intereses, grupos y dinámicas propias de toda organización política. AMLO usufructuó al PRD, Movimiento Ciudadano y PT, pero también éstos se sirvieron con creces de él, no solo a través de las prerrogativas obtenidas por las altas votaciones de AMLO, además de que no les disputaba los espacios partidistas, candidaturas ni posiciones legislativas. Ahora Morena es su partido, a él pertenece, él es el programa y el proyecto. No hay engaño, se trata de ganar la Presidencia, sin alianzas ni componendas. Que se le hiciera dirigente por aclamación y sin mediar competencia alguna era destino. Lo demás hubiera sido simulación. Morena es López Obrador. Hasta hoy.

Su camino reciente hacia la Presidencia ha sido accidentado, aunque menos que el de Jaime Rodríguez. Le han servido las encuestas de intención de voto que por ahora solo tienen como sustento el nivel de conocimiento. Margarita Zavala, Jaime Rodríguez y López Obrador son los personajes del momento y así es por el conocimiento que hay de ellos. Pero López Obrador tiene mucho más que aquellos, porque cuenta con una plataforma partidista incondicional y totalmente sometida a su proyecto personal. Morena no está mal en las encuestas y en casi todos los estados supera al PRD, incluso en el Distrito Federal, Estado de México y Oaxaca, estratégicos para la izquierda.

En España, Podemos ha bajado de simpatía. Las razones son múltiples; a diferencia de ayer, los tiempos de ahora propician al conservadurismo. La crisis de Grecia ilustra lo iluso de las propuestas anticapitalistas y antieuropeas que animan a la izquierda radical europea. También impactan el independentismo catalán y más recientemente el resurgimiento del terrorismo yihadista, que en España cobró 191 vidas en un bombazo ferroviario en 2004. Podemos ha sido superado por Ciudadanos, una vertiente centrista de los indignados, como quedó claro en las elecciones pasadas en Cataluña y en los estudios recientes de intención de voto. Podemos se va al cuarto sitio y sin posibilidades de incidir en el equilibrio de poder. La elección del 20 de diciembre será de tres opciones, la nota será la debacle de Podemos.

A pesar de sus significativas diferencias, López Obrador deberá verse en el espejo de Podemos. Ciertamente, cuenta con un segmento numeroso y decidido de seguidores y es por ahora el político más conocido, con un singular sentido de persistencia. El reto mayor es administrar la indignación y no verse expuesto al rechazo o al ridículo. Conecta bien con el electorado porque el mexicano es más emocional que racional, particularmente en el centro del país y en las clases medias con instrucción superior. Eso le da blindaje frente a posturas muy discutibles como es su contrapropuesta para el aeropuerto de la Ciudad de México o su convocatoria para que el magisterio radical en Oaxaca se sume a su proyecto electoral.

López Obrador no va solo. Es vulnerable. Las candidaturas independientes le restarán el monopolio que pretende para arroparse con la indignación, por eso desde ahora ha sido frontal contra Jaime Rodríguez El Bronco, a quien califica como más de lo mismo. Ha ofendido al PRD y si allí hay un poco de dignidad, caro le cobrarán la afrenta. Cierto es que el deseo de cambio es mayoritario, el orden político está en su momento más bajo de credibilidad, pero el reto es construir esperanza. La persistencia no basta, la superioridad moral es terreno resbaladizo al igual que apostar al agravio o a la victimización.


fberruetop@gmail.com
Twitter: @berrueto

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