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Trayectos

Terquedad y siembra de odio

Fátima Ibarrola

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Por primera vez en mi vida reciente, después de 45 años en los medios de comunicación, por salud mental decidí alejarme del celular, del teléfono fijo, de los periódicos, de las noticias en redes, radio y televisión. Pero no, no me fue posible, porque amigos y familiares empezaron a buscarme para comentarme del fatídico accidente del helicóptero donde viajaban la gobernadora de Puebla Martha Erika Alonso y su esposo el senador Rafael Moreno Valle.

A partir de ahí he tenido insomnios prologados porque sigo pensando que Andrés Manuel López Obrador nunca debió llegar a ser presidente, no lo insulto, pero no está capacitado para conducir a una nación tan disímbola como es la nuestra.

Esa “cuarta transformación” no me convence en nada, se lo he escrito en otras ocasiones. Si la primera fue Independencia de México ante el imperio español, todo fue sangre en los surcos de nuestra tierra; la Reforma lo mismo, aunque menos, y qué decir de la Revolución Mexicana.
Le digo esto a sus fanáticos: las cosas no van a ir bien, de hecho estamos ante un riesgo enorme de que la nación se nos siga dividiendo, entre “chairos” y “fifís”, ricos y pobres (que no es lo mismo) y una clase media que no sabe ni para dónde voltear.

Me han llamado muchas amigas y amigos, con enorme angustia preguntándome “si sé de un trabajo por ahí”, ya que fueron despedidos injustificadamente de sus puestos de trabajo dentro de la administración pública, que por supuesto no son parte de ninguna élite de gobierno, y esto se replica en toda la República Mexicana, donde Morena detenta el poder.

Coincido con el historiador y analista Federico Reyes Heroles, en que como “un niño maleducado, todo se le permitió y hoy padecemos las consecuencias…” “En semanas, con la espada desenvainada ha demostrado que en verdad cree que las instituciones deben irse al diablo…” Tal es el caso del Estado Mayor Presidencial al cual desapareció, lo mismo hará con el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación de la mano con la Reforma Educativa.

Ahorcará presupuestalmente al Instituto Nacional Electoral, así como al Instituto Nacional de Acceso a la Información y Protección de datos personales, sin cuya actuación sería imposible explicar la evolución política de nuestro país, “al diablo con las instituciones, el Estado soy yo”.
Ahora sí, definitivamente echa a atrás el aeropuerto de Texcoco, “la refinería, donde yo digo”, “el tren, porque me canso ganso”. Era asombroso, inaudito la cantidad de insultos y vejaciones contra la figura, la familia y todo el gabinete de Enrique Peña Nieto, ¡Ah, pero ahora!
Sin querer ser tocados ni por el pétalo de una rosa, con sus “troles y bots” pagados revientan cuentas en Twitter, Facebook, Instagram, etc. por el terrible discurso de odio en contra de AMLO. Yo siempre he dicho: como te ves, me vi; como me ves, te verás. Hay mucha terquedad y siembra de odio.

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