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Sábado , 15.12.2018 / 02:04 Hoy

Trayectos

La amapola, una oportuna respuesta

Fátima Ibarrola

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Las crisis suelen ser oportunidades, México cruza por una, podemos sucumbir o remontarla con audacia, voluntad, ingenio y talento. Uno de los puntos más candentes en todo sentido de nuestra geografía es el estado de Guerrero y especialmente la llamada “tierra caliente”, donde como en otros puntos de la República Mexicana la economía de algunos campesinos se sustenta en la siembra de la amapola, con los concebidos problemas que esto conlleva. Los embates nacionales y extranjeros a nuestra economía hacen necesario replantear un tema: la legalización del cultivo de esta flor. Con la reciente decisión de Trump de gravar el acero y el aluminio y dañar así la posibilidad de un nuevo Tratado de Libre Comercio en América del Norte debiera sacudirnos en temas como el arriba señalado ante las voces expertas que lo han llevado a diversos foros internacionales. Como ejemplo, en abril pasado durante el simposio “Aliviando el abismo de acceso a los cuidados paliativos y alivio del dolor”, llevado a cabo en Miami, Florida, se afirmó que más de 61 millones de personas en todo el mundo, la mayor parte en países pobres, padecen de agudos sufrimientos físicos cada año por la falta de morfina y cuidados paliativos. Aquí un poco de contexto, México forma parte del Sistema Internacional de Control de Drogas desde 1967, que ciñe a los firmantes a su política afín de limitar la producción, fabricación, importación, distribución, comercio, uso y posesión de estupefacientes exclusivamente con fines médicos y científicos. Si bien esto nos limita para tomar decisiones nacionales, existe también una grieta y es tener un aspecto medular que la Convención Única abre la posibilidad de que cada Estado decida si la prohibición de cultivar ciertas plantas es la medida idónea para proteger la salud pública y evitar el tráfico ilícito. Esto significa que, en principio, sí es posible que un Estado cultive en su territorio amapola, siempre que tenga fines terapéuticos. La razón de hacer esto es muy simple, el precio de un tratamiento promedio mensual de morfina debiera estar entre 1.80 y 5.40 dólares, no obstante en países en vías de desarrollo, como el nuestro, llega a oscilar entre los 60 y 180 dólares. Son millones de personas en nuestro país con padecimientos crónicos, cuyos dolores van de medios a fuertes, según los expertos. Así las cosas hay que decir que Estados Unidos consume más de la mitad de la producción mundial de las sustancias derivadas de la amapola, de ahí la importancia de tomar decisiones tajantes afín de arrebatarle al crimen organizado la tranquilidad de los campesinos de dicha flor y darle alivio a tanta gente que sufre cotidianamente por diversas dolencias y enfermedades. Son tiempos de exportar y diversificar nuestra economía en la medicina legal, si ellos, los gringos, rompen tratados, nosotros ¿por qué no?

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