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Viernes , 19.10.2018 / 19:20 Hoy

Trayectos

Es cuestión de intenciones

Fátima Ibarrola

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Por desgracia la muerte del menor Edward Luna Trujillo, en noviembre de 2017, mientras era operado por el ortopedista Luis Alberto Pérez Méndez ha sido el causal de una de las mayores movilizaciones médicas en nuestro país; esto como consecuencia de que el médico fue declarado por un juez de Oaxaca como responsable de "homicidio doloso".

Es sabido ya que del suceso devino una manifestación masiva de los cuerpos médicos (galenos, enfermeras y personal hospitalario) en todo el país hasta que se logró la excarcelación del ortopedista.

Los familiares del niño fallecido, tanto como muchos mexicanos que hemos vivido en carne propia las circunstancias de las negligencias médicas, así como la propia fiscalía del estado de Oaxaca, encabezada por Rubén Vasconcelos presentamos, por ahora, una sensación de incumplimiento de la justicia.

No sé si es su caso, pero de manera personal he vivido los abusos, la negligencia y sobre todo, la prepotencia que, en muchas ocasiones, ejercen los cuerpos médicos sin distinción de instituciones; es apabullante cómo algunos médicos se comportan fríos y poco sensibles ante el dolor de los familiares cuando terminan en situación de aceptar un duelo familiar.

Sin embargo, la ambivalencia nos tiene en una polémica ética, pues el derecho de presunción de inocencia asiste también al médico acusado, pues tal como cientos de pancartas escritas por los médicos manifestantes a lo largo de la semana pasada lo dictaban: "los médicos no somos dioses, somos humanos, no salimos deseosos de matar a nuestros pacientes, sino de restituirles la salud".

Si a usted o a mí en nuestra labor diaria se nos va un error las consecuencias serán fuertes, pero ciertamente, más allá de hacernos merecedores a un despido (lo más grave), las consecuencias de nuestros actos no darán en realidad secuelas de tanto peso como el que cargan en sus manos, en sus acciones y en su toma de decisiones los cirujanos, los anestesiólogos o bien el personal de enfermería y los paramédicos, quienes literalmente, tienen en sus manos nuestras vidas.

El evento conocido como "¡Todos somos Luis, no a la criminalización de los actos médicos!" sin duda ha fijado ya un precedente en México respecto a cómo deben tipificarse jurídicamente las incidencias médicas. Es claro que a diferencia de un infractor, asesino o agresor la intensión de un galeno jamás parte del principio de provocar un daño voluntario o premeditado al paciente, pero también es cierto que existen médicos que de acuerdo a como es el cobro de sus honorarios es la atención y servicio que te brindan.

Hay empresas hospitalarias que cobran hasta por entrar ¡de que los hay, los hay, es cuestión de intenciones!

Tanto el personal de salud como la sociedad en su conjunto merecemos darle su lugar a quienes dan su vida por regresarnos la salud, pero también asegurar las condiciones para que, en caso de un error catastrófico, los afectados obtengan justicia, y no nos quedemos con la clásica frase:

"¡Si se curó fue gracias a Dios, si se murió fue culpa del estúpido médico!".

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