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Martes , 20.11.2018 / 21:14 Hoy

Trayectos

El futuro ya es historia

Fátima Ibarrola

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No sé si en la historia reciente de nuestro país haya habido un buen presidente, ni siquiera sé qué significa eso. Todo se reduce finalmente a tiempo y circunstancia. Lo que si me queda claro es que la sociedad en este momento, y en su conjunto no es de lo mejor de nuestra historia. 

¿A dónde fueron a dar los valores de respeto a los mayores, el amor al prójimo? 

¿En qué nos convertimos? 

En una masa de ignorantes, irrespetuosos de todos y de todo. Se mata por nada, se vive sin propósito, se cree que vendrá un mesías trasnochado, mentiroso y retrograda a salvarnos… Ja, ja, ja 

Cuando ganó Donald Trump, dije que cada pueblo tenía el mandatario que merecía, y de acuerdo con las encuestas y todos los comentarios en la prensa, en la televisión y en la radio, Andrés Manuel López Obrador será el futuro presidente de México… ¿y luego qué?

Ante un mar de información tanto interna como externa, no me queda más que hablar de lo que me duele. Es momento de reflexión, es tiempo de introspección; es tiempo de pensar quiénes somos como sociedad, es tiempo de hacer una autoevaluación acerca de qué tipo de pueblo somos; criticamos mucho a la clase política, sin caer en cuenta que ellos son un reflejo de nosotros mismos. 

Nos convertimos en una masa de intolerantes, deshumanizados; olvidamos los términos bondad, solidaridad, y sólo aplicamos el mal dicho: “el que no transa no avanza”, para fallar a todo y a todos, para arrasar con nuestra tierra, con nuestros mares, pero sobretodo con nuestros congéneres, al asesinar, al violar, al escupir hacia arriba nos cae en la cara; al ignorar a nuestros coterráneos hemos generado un grave adeudo social para todos los desposeídos, a quienes, como nación, debemos pedirles perdón.

Nos merecemos todo lo que nos viene sucediendo, más lo que nos va a suceder. Hemos dejado todo para mañana, no hemos respetado a la autoridad, porque la autoridad es como nosotros mismos, y quizá ese respeto a la autoridad nunca lo tuvimos, pues este mestizaje nos resultó tan aberrante que decidimos odiarnos. ¡Así no, así no! Así no llegaremos nunca a nada ni a nadie.

Las cosas están mal, pero siempre pueden estar peor. Y me duele, me duele tanto, me lacera: 130 millones de mexicanos,la mayoría con hambre, sin agua, sin futuro, sin educación sin futuro. 

Ningún gobierno se atrevió a disponer de políticas demográficas que, entre otras cosas, diera a hombres y mujeres los instrumentos para ejercer el dominio sobre su mismo cuerpo, afín de que no hubiera un sólo niño no deseado. 

Tuvieron miedo de las jerarquías católicas; de las buenas conciencias. Las oficinas de derechos humanos se volvieron ministerios públicos, y los ministerios públicos se diluyeron entre la indolencia y la corrupción. 

No juzguemos lo que nosotros mismos somos, y es que dejamos de creer en nosotros y ¿creemos qué un hombre va a resolverlo todo? 

Seguimos esperando a Quetzalcóatl. ¡Acaben de una vez con las instituciones!, total sólo nos va en ello nuestro futuro; total no sólo tenemos enemigos internos, total no tenemos como vecino a una potencia cuyo presidente y sus seguidores nos odian, tal vez aún más que nosotros mismos.

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