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Miércoles , 19.09.2018 / 11:03 Hoy

Estado de Derecho

Que el cínico del grupo dé un paso al frente

Fabián Pulido

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No estoy de acuerdo, repetía una y otra vez en la redacción de Tribuna Noticias durante la formación del noticiario de las dos de la tarde.

Pues no, "no estoy de acuerdo en que Javier Duarte tuvo valor al enfrentar a las cámaras y a un intenso Loret de Mola, no".

Una cosa es tener valor, tener la dignidad de dar la cara y con argumentos limpiar tu nombre y otra muy distinta actuar bajo el velo protector del cinismo. Así como la capa invisible de Potter, ¿recuerda? Que al colocársela desaparecía, se hacía completamente invisible. Así, Javier Duarte se presentó el pasado miércoles, cobijado en el grueso manto de la desvergüenza (palabra clave, ver más adelante).

Y no se confunda. No es ésta una columna ofensiva ni trato de desahogar aquí alguna fobia contra el casi exgobernador de Veracruz. No. Sólo me estoy apegando a los significados. Trato de entender que lo que mostró Javier Duarte en televisión nacional no fue valor, fue cinismo.

La semiología nos permite estudiar y entender signos y códigos. Las palabras tienen una asignación clara para el objeto, acción, ente o hecho en sí. Tienen una razón precisa de aquello que describen. Y esta posibilidad que las palabras nos dan ayuda y mucho al tratado de las cosas.

Por ello, como cadena, pretendo relacionar aquí todo aquello que pueda desprenderse a partir de la palabra "cinismo", que es para mí la causa real por la que un Javier Duarte se vio entero y aguerrido en el momento en el que decidió mostrar las narices a nivel nacional. Aquí va (con base en la RAE).

Cinismo: desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables. Impudencia, obscenidad descarada. Desvergüenza: falta (ojo) de vergüenza, insolencia, descarada ostentación de faltas y vicios. Vergüenza: turbación del ánimo ocasionada por la conciencia de alguna falta cometida o por alguna acción deshonrosa y humillante. ¡Eureka!

Para mí, para Fabián Pulido, lo que demostró Javier Duarte aquella mañana con Loret no fue entereza ni tiene ningún mérito. Dar la cara allí fue el resultado de un mandato presidencial, resultado de una presión de todos los sectores de la sociedad, primero.

Después, ese temple y frialdad que algunos confunden con "valor" no es sino esta falta de "turbación del ánimo ocasionada por la conciencia de alguna falta cometida o por alguna acción deshonrosa y humillante".

Lo de Duarte no es valor, es falta de "conciencia". Y no lo demostró con Loret, ¡por dios! Lo demostró durante todo su mandato.

Twitter: @FApulido

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