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Jueves , 21.06.2018 / 15:28 Hoy

Estado de Derecho

Mentiras

Fabián Pulido

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En aquella fatídica Feria Internacional del Libro, el candidato Enrique Peña Nieto hablaba de un libro que había leído y que trataba "sobre las mentiras de ese (otro) libro" (Nunca se supo qué quiso decir).

El caso es que la mentira más grande de su campaña fue el pretender que el señor leía o que alguna vez leyó; además de decir que enfrentaría directamente a la corrupción: Mentiras. Y no es que los demás no mientan, pero el que está en este momento en el escenario principal es un gobierno encabezado por el PRI que en nada ha cumplido: Ni en la reforma energética, ni en la educativa (fue más bien una reforma laboral) ni en la reforma fiscal y mucho menos en la lucha contra la mentada corrupción.

¿Quién lo iba a decir? El primero en caer en el bache de la incertidumbre y de la suspicacia fue él, su mujer (por accidente o por imposición) y su secretario de Hacienda. El descubrimiento de un claro conflicto de intereses que fue maquillado y disculpado por su empleado y amigo, responsable de la Secretaría de la Función Pública, les valió a los periodistas autores de dicho descubrimiento el Premio Nacional de Periodismo 2014 y al gobierno federal el descrédito total.

Y parecía que todo podía "enderezarse" para el equipo de Atlacomulco hasta que apareció el reporte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que echó por tierra la "verdad histórica" sobre los estudiantes del caso Ayotzinapa: ¿Más mentiras?

Lo penoso es que la ciudadanía, yo, usted, creemos sin dudar en el reporte de la CIDH y dudamos por completo de la palabra del gobierno. ¿Por qué? Porque no sólo el gobierno, sino la clase política se lo ha ganado a pulso. La falta de credibilidad en las instituciones es el segundo cáncer después de la corrupción: esta segunda provocada por la primera. Y sin importar qué tan profunda o no haya sido la investigación de la CIDH, simple y sencillamente dejamos de creer en todo aquello que el gobierno dice. ¿De qué manera podemos confiar de cifras económicas, expectativas de cambio, estadísticas sobre inseguridad y resultados electorales si los gobiernos no tienen "palabra". Bueno, sí la tienen, sólo que la tergiversan.

Combatir la corrupción no es la única batalla. La verdadera empresa está en volver a reconstruir la confianza con los mandatarios, legisladores y demás instituciones para entonces direccionar con rumbo cívico el camino de este país pero, ¿Para cuándo? ¿Quién empieza?

Twitter: @FApulido

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