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Martes , 25.09.2018 / 05:10 Hoy

La fiesta

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Me tocó vivir la época de la oposición. Cuando la política te daba bombazos de adrenalina, pasión, optimismo, mientras "soñabas" con un México posible. Con un México sin los "carros completos" del PRI, sin su desvergonzado acarreo y sin el uso de la fuerza pública para robarse las urnas de contenido incierto para el "partido oficial".

Me tocó vivir ese país donde la lucha de los contrarios se daba en las reuniones secretas pero sobre todo en las calles, con volantes naíf, pésimamente diseñados, casa por casa, recorriendo con una voz esperanzadora los rincones más jodidos de la República: "Vamos a ayudarnos, podemos ganar, podemos sacar al PRI". Los más olvidados no querían saber de democracia. Ni qué era, ni para qué servía. Buscaban acaso la ayuda inmediata, la despensa, las hojas de lámina para sus techos y lejos, como una petición utópica, agua. Agua potable. No se puede culpar a quienes han sido víctimas de la corrupción desde hace más de 80 años. A quienes han vivido en un país con la luz apagada. A obscuras.

Me tocó vivir la hermandad de los mítines políticos. Todos unidos en un solo grito. Todos unidos con un sólo objetivo. Todos tan llenos de indignación volcada en fiesta. Genuino.

Los medios nacionales, estatales y locales bailando al son del intimidante gobierno. Informando lo que podían so pena de perder sus concesiones. Comunicadores aguerridos, algunos, que dejaban su vida en la pluma en defensa franca de sus valores, de su dignidad. Otros, reservados por la represión o prudentes por la natural autocensura que da el romance con el Poder.

Me tocó vivir esa sociedad indignada con causa que podía argumentar con hechos, anécdotas o textos periodísticos serios el porqué de un cambio de partido, un cambio de sistema, el inicio de una transformación o la guerra por el valor de la palabra.

Me tocó vivir la oposición. No esta mierda promiscua que nos avientan en la cara con campañas imbéciles llenas de nada. Paridas por estrategas del miedo. Diseñadas para distraer. ¿Por quién votar? Algunos ciudadanos valiosos, probados, hacen el esfuerzo bajo la bandera independiente quedándose en el camino gracias a reglas hechas para no pasar. Hechas para no llegar.

Desde la base municipal hasta los cargos más altos de la federación, pasando por los poderes legislativo y judicial, todos "se cooperan", todos se ayudan. Todos se dan. Sólo hay que ponerle precio al beneficio. Hoy es un político caído en desgracia que suma a su barco a otros para dar la lucha con dignidad; mañana, el mismo político termina sometido y justo donde sus enemigos lo querían tener (y lo tuvieron siempre). ¿Qué ideales?

Me tocó vivir la oposición. Sé lo que es, cómo habla y a qué sabe la verdadera victoria en las urnas. Nada de esto se percibe hoy en los medios, en las charlas de café, mucho menos en la agenda pública.

Me tocó vivir la oposición. La verdadera fiesta de la democracia. Si esto es evolución, estamos tocando fondo pero, ¿hasta cuándo?

Twitter: @FApulido

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